La emoción del riesgo se vive en el Atuel, con coraje y chaleco salvavidas

Una alternativa divertida en la que corre tanta agua como adrenalina
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28 de diciembre de 2001  

En lengua aborigen, Atuel significa lamento. Pero, paradójicamente, los que se embarcan por su lecho de piedras para un rafting en vez de lamentarse, no paran de reirse.

Los guías especializados en esta destreza lo llaman río escuela, porque está clasificado como grado 2 y 3 de dificultad (cuanto más alto es el número, mayor es la dificultad). El río Diamante, otro río que baña San Rafael, corresponde a un grado 5. Allí es normal que los gomones se den vuelta. Pero en el Atuel no. Por eso es ideal para los que quieran aprender y tener una buena dosis de emoción, sabiendo que todo está bajo control.

Como el agua no es muy fría, no es necesario usar equipos de neoprene. Sólo ropa liviana -que seguramente habrá después que escurrirla-, los chalecos salvavidas y el casco, que son obligatorios.

En este descenso, dos guías fueron los que acompañaron. En su rutina diaria no sólo se ocupan de dirigir el gomón, sino también hacer bromitas de río. Entre ellos se dicen que no les hace falta usar casco. Que en realidad lo usan para no quebrar las piedras con la cabeza. Y cosas así por el estilo. Cuanta más confianza reciban a lo largo de la travesía los guías pueden llevarlo bajo las ramas de un sauce para tener "mayor contacto con la naturaleza", o bien hacerlos remar con todas las fuerzas para rebotar contra una piedra, sin previo aviso. La diversión siempre acompaña a los rápidos.

Experiencia efervescente

Grupos de jóvenes, y no tanto, que parten en filas de gomones, salen exaltados, adelantándose al efecto efervescente del río. Apenas largan, en una parte de flotada, se los instruye para remar hacia adelante y hacia atrás y estar listos para empezar a cabalgar. Sí, a cabalgar, porque a pesar de que lo denominen río escuela, el Atuel da unos saltos que hacen necesario mantener equilibrio, especialmente en el famoso Salto de la Virgen. Allí el gomón cae un metro y recibe de inmediato unas seguidilla de olas bravas. Sólo hay que remar y remar, en tanto no sorprenda un ataque de nervios o de risa, que es lo más probable. Si bien el río no es peligroso, hay que respetarlo, salir con guías y cumplir con los recaudos necesarios y de ningún modo aventurarse solo con cámaras u otro tipo de flotadores, que muchos suelen llevar a los ríos.

Las tarifas del rafting son económicas, y si se trata de grupos grandes los precios se hacen todavía más accesibles. Para tener una idea, por 10 pesos es posible hacer una bajada de una hora. Por lo tanto, los que se instalen en el Cañón del Atuel tendrán más de una oportunidad para conocer esta disciplina y prepararse para desafíos mayores, como el río Diamante. Pero para eso, habrá que remar.

Escalas con sobresaltos

  • Para los que desconocen el rafting, se trata de un deporte que consiste en descender a remo por un río, a bordo de una balsa inflable con 6 u 8 tripulantes. Cada río está clasificado según su nivel de dificultad, dentro de una escala de 1 a 5, de acuerdo con varios factores que son: la velocidad, profundidad y ancho de un río, curvas, largo de las zonas de los rápidos, obstáculos, turbulencias, tamaño de las olas. De los niveles 1 a 3 es para principiantes e intermedios. Para los expertos, 4 y 5. Entre estas clases también hay subclases. Para empezar es ideal un nivel 2, ya que ofrecen rápidos simples, con rocas y olas fáciles de ser sorteadas. Las emociones estarán garantizadas y no hay riesgos.
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