La ley de la selva

Explorarla es más difícil de lo que se cree, pero con un poco de audacia alcanza
Andrea Ventura
(0)
11 de mayo de 2003  

Calor intenso, ambiente húmedo y pegajoso; una vegetación tan exuberante que parece una gran alfombra verde, casi impenetrable. Y ahí, entre la espesura, asoman los protagonistas. Algunos animales e insectos están al acecho, otros ocultos, agazapados como los yaguaretés o esperando un descuido, como las serpientes venenosas. Miles de aves entonan una cálida sinfonía. Fluyen ríos y arroyos, con un suave rumor. En la selva, la naturaleza muestra todo su esplendor.

Si dan ganas de sentirse Tarzán por unas horas y probar el verdadero sabor del turismo aventura no es necesario ir hasta el Congo, donde se filmó la famosa serie. En la Argentina hay dos grandes selvas subtropicales, con lianas y todo, poco exploradas que concentran la mayor biodiversidad del país. Por ejemplo, sólo en el Parque Nacional Iguazú revolotean 450 especies de aves, el 45 por ciento de las que existen en nuestro país.

La más conocida y visitada es justamente la selva que rodea a las Cataratas, pero esta zona es sólo un botón que sirve como muestra. Misiones, sin exagerar, se podría decir que está pintada de verde. La selva misionera o paranaense cubre más de un tercio de su territorio. La otra selva argentina es la llamada de yungas o nuboselva. Baja desde Bolivia y se extiende en forma de manchones por Salta, Jujuy, Catamarca y Tucumán.

Del piso al techo

¿Por qué son selvas? Porque, en contraste con los bosques, tienen múltiples estratos de vegetación, que ocupan prácticamente todo el espacio entre el suelo y la copa de los árboles más altos y, además, altos niveles de lluvia.

Los que se animen a penetrar en estos mundos colmados de vida deben saber que las selvas argentinas tienen poca infraestructura para recibir turistas. Para los que buscan desafíos, ésta puede ser una buena noticia. Eso sí, a no olvidarse de las botas de goma gruesa, sombrero y repelente de insectos. Según Juan Carlos Chebez, asesor de la presidencia de Parques Nacionales, lo mejor es adentrarse en la selva por una picada, a la mañana, cuando hay más movimientos de pájaros. Hay que ir siempre en forma sigilosa, sin gritar, hablando lo menos posible y evitando quebrar ramas y arrastrar los pies.

Para ser un buen explorador es necesario aprender a agudizar la mirada, distinguir entre la espesura a los animales ocultos y reconocer huellas y sonidos.

Estos ecosistemas muestran otra Argentina, menos conocida, pero cautivante, que necesita ser cuidada para que no se extinga. El llamado de la selva es fuerte.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.