Las Colas alargan la vida de campo en Gualeguay

Una estancia centenaria para cabalgar y comer a gusto
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14 de diciembre de 2001  

Un casco impecable y suntuoso, un parque de lujuria vegetal diseñado por el paisajista Benito Carrasco -el director de Paseos Públicos de Buenos Aires de 1914 a 1918-, aljibe y fuente artísticos, además del injerto deportivo de piscina y cancha de tenis. También el rescate del pasado por recorrer, en su museo valioso y, sobre todo, los servicios: buena cocina asistida de vino de excelencia, noble carruaje y mejores caballos, un conjunto que aglutina las virtudes de Las Colas, pero no las únicas. Es que está disponible a sólo 240 kilómetros de Buenos Aires -de ellos 170 por autopista- a sólo 10 minutos de Gualeguay y con tranquera sobre el asfalto de la ruta provincial 11. Es también plácida, para quienes valoran la calidad y fineza de las puntuales atenciones, e inolvidable, según lo estampan los hospedados, mayoritariamente extranjeros. Lo rubrican en el libro de visitas puesto a disposición por Farming Salentein Argentina, la empresa rural propietaria de varias estancias, además de una finca y bodega mendocina de buena cepa.

Donde durmió Alvear

El casco de dos plantas, inicialmente más modesto cuando se erigió en 1900, fue engalanado con reformas en la segunda década del siglo con una terraza sostenida por columnas, lo que cobijó un espaciosa galería donde se extasió el ex presidente Marcelo Torcuato de Alvear durante la visita protocolar verificada cuando el entonces dueño de casa, Ramón Mihura, era gobernador radical de Entre Ríos. No hay memoria en cuál de las seis espaciosas habitaciones dobles se hospedó Alvear con su esposa (la soprano portuguesa Regina Pacini), pero todas se conservan -además de una familiar o grupal- con cuidado mantenimiento. Aún lucen amplias, confortables, sobrias y con elegante decoración. Desde la amplia terraza se obtiene una gran vista del parque decorado con robles, casuarinas, jacarandaes, palmeras, plátanos, álamos, araucarias, tipas y perfumadas magnolias. Se desciende por una escalera de roble y en la gran sala de lectura (también con Direct-tv) aguardan los aperitivos y la picada previa a cada comida. Para la cena se pasa a un suntuoso comedor.

La anfitriona es Marta, experta en la atención y en dirigir el menú, a no ser que sea día de asado. En ese caso es su esposo Mario -también quien acompaña las cabalgatas o conduce el carruaje- el que enfrenta el fuego que dora el vacío al asador (su especialidad), además de empeñarse en hacer crepitar lechones, corderos, costillares y pollos, dignos del Malbec Roble Salentein para paladear. Marta es la experta en todo tipo de pastas caseras y carnes al horno. Su especialidad es matambre a la pizza. Como los entremeses, fríe buenas empanadas y gratifica con ponderables tortas fritas para la merienda. Pan, manteca y dulces caseros sustentan los desayunos preludiados de naranja mesopotámica. Se reserva por el 4776-622 o al e-mail info@salenteintourism, además de hurgar mayor información en la página www.salenteintourism.com . La tarifa es de 120 pesos por día por persona -base doble- con todas la comidas, desayunos, meriendas, copetines antes de las comidas, vinos, cervezas y gaseosas, paseos y actividades, además de incluir IVA.

Tiempo de piscina

De los paseos al trote -a caballo o en carruaje- y aunque sea al paso, disponen de espacio inacabable (2500 hectáreas) y hasta la opción de recorrer Estancia Nueva, otro campo de la misma empresa, pero más salvaje e inundable de 8 mil hectáreas, que puede visitarse sobre la ruta nacional 12, próximo a Médanos, pero basta lo que está a mano. Mucho más ahora, que es tiempo de piscina y hasta de tenis, si refresca. También hay que saber gozar de los gorjeos crepusculares, las caminatas, el consumo del silencio y hasta el reencuentro con el pasado que aguarda en el amplio y luminoso museo -con salas para convenciones- y donde conviven desde un lustroso Ford A, un viejo Chevrolet, añosa maquinaria agrícola, sillón peluquero del novecientos, artefactos de pulpería, maquinarias del agro primitivo, colecciones de rifles de tiempos de la Revolución del 90 y panoplias de armas cortas de fuego.

La estancia Las Colas parece haber sido pertenencia de una extensión mayor con fracciones llamadas La Cabeza o la sobreviviente El Hocico, también de la Farming Salentein. El primer Mihura -vasco- propietario fue Juan Bautista, al que sucedieron cinco generaciones. Pero se le atribuye una anterior propiedad al obviamente vasco Pedro Marcó, primo hermano de Celestino Marcó que fue también gobernador de Entre Ríos. Un bisnieto de Pedro -el paranense Ricardo Marcó Muñoz- aclaró años atrás que el bisabuelo era natural de Saint Peé, Laburdi, del país vasco francés y llegó en 1858, llamado por su tío Juan Marcó residente en Gualeguay desde fines de la década del 30. Emparentado con los terratenientes Laurencena, sin embargo, Pedro no fue dueño de Las Colas sino su arrendatario por 12 años durante la más brillante época ganadera.

Cómo se llega

Un aeroclub frente a Las Colas permite el viaje en avioneta o aerotaxi. Y hay buena frecuencia de ómnibus desde Retiro hasta Gualeguay (más 10 minutos de remisse). En automóvil por Panamericana -peaje 1,70 peso- ramal a Zárate, se cruza el complejo ferrovial Zárate Brazo Largo -peaje de 4,20 pesos- y se sigue por la autopista hasta Ceibas. Allí se toma el desvío sobreelevado de la ruta nacional 12 hasta Gualeguay. La ruta flanquea la ciudad hasta la rotonda con desvío por ruta 11 hacia Victoria y Paraná, pero sólo por unos kilómetros hasta pasar el mojón 215. A la derecha aparece la tranquera de Las Colas.

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