Las esculturas juegan en el parque

Casi 200 obras de Vigeland al aire libre
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31 de agosto de 2001  

OSLO.- La visita de la capital noruega debe seguir un poco fuera del centro. Uno de los lugares más famosos, casi simbólicos de Oslo, es el Parque de Esculturas de Gustav Vigeland, que reúne la mayor colección de esculturas del mundo realizadas por una sola persona. Sobre los 320.000 metros cuadrados del parque están colocadas las 192 figuras modeladas por Vigeland, todas en torno del ser humano, visto en las diversas etapas que van desde el nacimiento hasta la muerte.

En el centro, decenas de hombres y mujeres entrelazados forman la escultura conocida como El monolito , síntesis de las angustias, expectativas y logros de la vida humana en la forma de una columna que busca el cielo.

Barcos en tierra firme

No puede menos que contrastar con esta inmersión en el arte del siglo XX la visita a Vigd¿y, la península cercana a Oslo donde se encuentran algunos de los lugares que por ningún motivo hay que dejar de ver durante una visita. Primero, el Museo de los Barcos Vikingos, donde se conservan tres embarcaciones recuperadas en la región del fiordo de Oslo. Con sus serpientes y dragones tallados en madera, y una extensión de 21 metros que requería la fuerza de 30 personas en los remos, sobresale el estilizado drakkar de Oseberg.

Muy cerca está el museo dedicado a la balsa Kon Tiki, con la que Thor Heyerdahl atravesó 8000 kilómetros de océano en 101 días, navegando desde Perú hasta la Polinesia. No hace falta más para probar que los noruegos son un pueblo de navegantes, pero por si quedaba alguna duda hay que cruzar hasta el Museo del Fram, el barco que llevó al explorador Fridtjof Nansen por las aguas del Artico.

El tiempo que reste hay que dedicárselo a otro museo, esta vez al aire libre: es el Museo del Pueblo Noruego, que contiene la reconstrucción de más de 170 edificios de los siglos XVII y XVIII. Traídos de distintas regiones del país, permiten pasearse así por la réplica completa de una antigua ciudad nórdica, en torno a la más sorprendente manifestación de su pasado: la iglesia de madera de Gol, levantada en torno al 1200 y colocada en Bygdøy a fines del siglo XIX.

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