Las Fallas de Valencia, un acierto

Cintia Ana Morrow
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10 de abril de 2011  

Hace años que oigo hablar de las Fallas, sin terminar de enterarme bien qué son. Así que cuando unos amigos organizaron una escapada a Valencia para ver las Fallas, allá fui a descubrir de qué se trataba.

Valencia es una ciudad preciosa junto al Mediterráneo, en la costa este de España, sólo a 350 km de Madrid. Las Fallas se celebran todos los años del 15 al 19 de marzo y constituyen una especie de carnaval en Valencia. Tanto de día como de noche se respira ambiente festivo en la ciudad.

La celebración nació de la sencilla actividad de quemar los desechos de la carpintería, que con la imaginación y creatividad de los valencianos tomaban las más increíbles formas. Hoy existe en cada barrio una comisión fallera que se encarga de hacer la falla, una especie de monumento con múltiples estatuas coloridas de papel y corcho, llamadas ninots, que forman una escena con sus personajes.

La noche anterior al 19 se celebra lo que ellos llaman la nit del foc, un gran espectáculo de fuegos artificiales que se tiran desde la Alameda. Se juntan miles de personas en las calles de alrededor esperando la 1 de la mañana, cuando se tiran tres petardos de aviso y se apagan todas las luces urbanas. Comienzan los fuegos artificiales, como una lluvia de colores.

El día de San José, temprano, por la mañana, los falleros despiertan al resto de los vecinos tirando petardos, que continuarán sonado durante todo el día. Por la ciudad es un mundo de gente. En la intersección de las calles, nos chocamos con las fallas, que parecen dibujos animados. Lo primero que impresiona son los colores, tan vivos y brillantes que asemejan una fantasía. Son estructuras muy altas, a veces tan altas como los edificios que las rodean, de cinco o seis pisos.

Cada una de las fallas representa algo, muchas veces el significado es evidente. La ganadora hacía referencia a los personajes de cuentos infantiles. La segunda era una representación de Eva, de una bella indígena y de un gran inca sosteniendo el calendario azteca. Hasta Cristina tenía su propio ninot.

El paseo del día consiste en caminar por la ciudad y descubrir las fallas a cada paso. Tras ver las fallas principales (este año había más de 300), fuimos a recorrer la calle de La Paz, declarada Patrimonio de la Humanidad por su exquisita arquitectura.

Después del mediodía, nos sumergimos en un mar de gente apretujada, lo más cerca posible de la plaza del Ayuntamiento. Y otra vez los tres petardos anunciaron el espectáculo de la mascletá y empezaron a sonar cientos de miles de petardos que explotaban desde la plaza, creando un estruendo ensordecedor, impresionante e insoportable a la vez. Cuando pensamos que nos estallaban los tímpanos, terminó todo y sólo dejó una gran cortina de humo, un pitido en el oído y una inmensa multitud de gente que empezaba a movilizarse.

Las fallas, durante la noche de San José, son prendidas fuego y quemadas en la fiesta de la Cremà, un espectáculo asombroso, y así culmina la celebración de las Fallas Valencianas.

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