Las increíbles aventuras del Capitán Frío

En la nieve de Tierra del Fuego y Neuquén, pero sin esquíes, motos, camiones, trineos y caminatas con raqueta para espíritus inquietos
Daniela Dini
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21 de julio de 2013  

USHUAIA.-Se puede volver una y otra vez a Ushuaia, pero hay algo que siempre se repite. Quizá suene trillado, pero definitivamente la sensación de estar en el fin del mundo envuelve a esta ciudad fueguina con un aura mística.

Hay algo flotando en el horizonte, párrafo confusopárrafo confusoque más allá de los imponentes picos nevados que la custodian hace al espíritu del lugar, recala en su esencia, por momentos melancólica. Una belleza solitaria, agreste y enigmática. Los mismos picos que hoy deslumbran, hace un siglo nomás, se convertían en una muralla infranqueable, una cárcel natural que, por sus condiciones geográficas extremas, fue el infierno en la tierra de delincuentes y presos políticos.

Fundada a principios del siglo XX, Ushuaia fue la piedra en bruto de sus pioneros, que lucharon por domar a estas tierras salvajes e inhóspitas, olvidadas en el sur más sur, por darles una identidad y hacerlas propias. Fue también, sin elección, el destino final de muchos. Quizá sea algo de eso lo que todavía se siente al caminar la ciudad, como si aquellos presos aún vagaran por las calles, hoy llenas de gente que va y viene, de nacidos, criados y emigrados, de una generación joven –y cada vez mayor– de nacidos y quedados, de locales por adopción, de extranjeros deportistas que encuentran en los picos nevados las pistas donde entrenar en contratemporada. También, claro, de turistas enfundados en equipos de esquí y botas pesadas que se usan una vez al año.

Todo eso se ve por estos días en Ushuaia, la ciudad más austral del mundo, que hipnotiza, congela, encandila. Como susurrando que ahí donde el mundo termina algo importante comienza.

Ahora que el invierno viste de blanco al horizonte, cada detalle de su geografía parece poder vivirse en todo su esplendor. Así que la propuesta es experimentarla en cada faceta: navegando las aguas calmas del canal de Beagle, sobrevolando los picos eternos de sus cerros e internándose en sus bosques, como tapizados por una alfombra perfecta de nieve blanca.

Panorámica del Fin del Mundo en un vuelo en helicóptero
Panorámica del Fin del Mundo en un vuelo en helicóptero

Desde el agua: navegar por el Beagle

Cae la tarde y el horizonte se funde sobre un manto de aguas gélidas que con los últimos rayos de sol irradian un indescriptible halo color neón. Lo que desde arriba del crucero parece un inmenso lago, es, en verdad, el punto de encuentro entre los océanos Pacífico y Atlántico. El canal de Beagle ya tiene mucho de mítico por su particularidad geográfica y navegarlo es toda una experiencia. Pero en las casi tres horas de travesía, se viven muchas emociones. El aire helado no amedrenta, y si lo hace de tanto en tanto, siempre se puede dejar, por unos minutos al menos, el imponente paisaje de cubierta por un chocolate caliente en la confitería del catamarán y contemplar detrás del vidrio.

Cada tramo del recorrido tiene su particularidad: se zarpa desde el muelle turístico de la ciudad, se recorre la bahía de Ushuaia hasta alcanzar el canal de Beagle, a través del Paso Chico.

En lo que se conoce como el archipiélago Bridges, esperan dos islas. El barco ancla en la Isla de los Pájaros, donde se puede observar desde cerca y en todo su esplendor a la avifauna local: skúas, albatros de ceja negra, patos vapor, gaviotas cocineras, cauquenes. Más adelante espera otra isla con otros habitantes que sólo se dejan ver de lejos: la Isla de los Lobos es un micromundo plagado de cormoranes y lobos marinos, amos y señores de ese pedazo de roca gigante que se erige entre las aguas heladas.

A lo lejos se divisa la postal más conocida de Ushuaia. El agua, a medida que atardece, brilla en tonalidades de plata y le da una luz diferente al famoso faro Les Eclaireurs, que ilumina la bahía de la entrada a Ushuaia. Erróneamente conocido como el Faro del Fin del Mundo, no es el más austral –el verdadero se encuentra en la Isla de los Estados. Alguna vez testigo del naufragio del Titanic argentino, el buque Monte Cervantes encalló en los islotes cercanos que llevan el mismo nombre del faro, allá por 1930. Gracias a eso, se salvaron todos los pasajeros y tripulantes, excepto el capitán, Teodoro Dreyer, cuyo cuerpo nunca se encontró. Quedó el enigma de si murió en el barco o se fugó, como se rumoreaba en aquel entonces.

Navegación por el Beagle, con el frío en la cara, hacia el faro Les Eclaireurs
Navegación por el Beagle, con el frío en la cara, hacia el faro Les Eclaireurs

Desde el aire: vuelo en helicóptero

Si hay una experiencia que depende mucho más del factor climático que otras, definitivamente es esta. Las condiciones se chequean hora a hora, y lo que por la mañana puede representar excelentes condiciones, al rato puede cambiar rotundamente y hacer cancelar los vuelos del resto del día. Por eso la esperanza es lo último que se pierde al decidirse a descubrir Ushuaia desde el aire.

Si la suerte y los designios de la naturaleza acompañan, sobrevolar los picos nevados en helicóptero no solo sube la adrenalina, sino que también emociona. Imposible no conmoverse con tanta belleza a varios cientos metros de altura. "Es la primera vez que vuelan, ¿no? La mía también", pregunta y se responde Daniel Moreira, el piloto, justo cuando ya está despegando, como para que la broma no haga arrepentirse a los tripulantes de turno. No hay tiempo siquiera de vértigo: desde la nave totalmente vidriada, la visión es completa y maravillosa. Los picos se ven más imponentes y todo cambia de dimensión: se achican los bosques, manchando el paisaje blanco, y las pistas de esquí de Cerro Castor parecen dibujadas a mano alzada.

El despegue es desde el valle Tierra Mayor, sobrevolando la zona cubierta bajo un manto de nieve perfecto. El helicóptero se zarandea un poco, y detrás del vidrio, las ráfagas de viento aumentan, pero no afectan la visibilidad ni el vuelo. El rumbo es fijo hacia el pico que hoy la naturaleza decidió permitir conocer: cerca del Valle del Olum, de cara norte a la cordillera. Si el clima es otro, el descenso es al sur, sobre el Cerro Le Cloché, la campana, como su nombre en francés y su forma, indican. La nave desciende sobre una plataforma natural de nieve blanca, llana, virgen. Tan clara y perfecta que quema los ojos. A 1100 metros de altura, el aire helado congela lo poco que queda al descubierto: una mínima parte de la cara y los dedos que, desesperados, buscan gatillar la cámara de fotos, como para inmortalizar ese momento. El sol de la mañana se deja ver entre las montañas de enfrente, regalando un poco de calor y luz al paisaje.

Los minutos parecen siglos en ese silencio helado de nieves eternas, hasta que Daniel vuelve a anunciar el despegue. Apasionado del vuelo, es piloto de avión desde 1990 y de helicóptero desde 1991. "Arranqué con el avión y un verano me llevaron a hacer un rescate y no me bajé más", asegura. Si bien los vuelos turísticos son el fuerte de su labor, también trabaja como rescatista cuando es necesario y combina su otra pasión, la de la vocación de servicio: "El espíritu de rescate lo tengo por aire y también por tierra, hace 31 años que soy bombero". Nacido y criado en Ushuaia, no cambia su trabajo ni su lugar en el mundo por nada. Basta ver desde su oficina en el aire cómo se transforma el paisaje, para entender por qué.

Desde la nieve I: de perros y trineos

No hay que ir a Alaska para andar en trineo. En el Sur más sur también hay perros siberianos y alaskanos, que tiran ansiosos y deslizan los trineos con pasajeros por los valles nevados de Ushuaia. Tierra Mayor es el nombre de uno de ellos, a 21 kilómetros de la ciudad, y así también fue bautizado el centro de esquí de la familia Giró, al mando de María –ex biathlonista y competidora olímpica- y su hermano Gustavo, que dirige el criadero de 60 perros que tienen en el predio. Entre las múltiples actividades que se pueden hacer allí, las travesías en trineo son uno de los destacados.

Darío Guzmán y Emiliano Castro, son los mushers que guían a los perros y conducen los trineos. Basta con sentarse en la tabla que oficia de asiento y estirar las piernas, para escuchar sus voces gritando, siempre con el mismo tono e ímpetu, "sigue, sigue, sigue, sigueeee", y los perros salen a correr con todo el entusiasmo. En general son equipos de ocho por trineo –elegidos por afinidad-, y dos lideran. "De cada camada de cachorros, un 20% puede ser líder y eso se ve desde chiquitos", explica Gustavo Giró. La característica: tienen que ser inteligentes pero especialmente dóciles, o se pelearán instantáneamente con el resto de los perros a la hora de empezar a tirar.

El vínculo con el musher es fundamental, pero algunos de esos secretos pueden aprenderse en una clase especial: la Experiencia Husky incluye instrucción para poder manejar el propio trineo. Es imposible que no suba la adrenalina al deslizarse por el valle nevado, a toda velocidad y al trote de perros de montaña desbocados.

La duda de rigor está. Se los ve motivados, pero ¿sufren? La respuesta de Gustavo es contundente: "El perro tira por instinto, lo traen innato. La mejor prueba es salir con un trineo y soltar un perro al lado: ¡corren a la par del equipo! Se manejan solo por órdenes, nunca a la fuerza. Y si un animal no quiere correr, no hay forma de moverlo".

Cuando cae la noche, caminata con raquetas por el bosque de lengas
Cuando cae la noche, caminata con raquetas por el bosque de lengas

Desde la nieve II:

Experiencia nocturna

Cuando la noche llega, otro espectáculo comienza. El cielo más austral del mundo, es quizá, uno de los más bellos. Picos nevados, silencio absoluto, aire helado y las estrellas, impactantes y protagonistas. No hay duda: aquí se sienten más cerca. Dicen que el oxígeno puro es lo que sobra por estas latitudes y que eso puede dar sueño permanente. Quizá, el letargo sume para transportarse en el tiempo durante la aventura nocturna por los bosques fueguinos.

Nieve espesa tapiza el suelo, oscuridad total, y como única luz, un cielo estrellado e infinito. La noche, es en blanco y negro. La excursión comienza en motos, que llevan al punto de partida, allí donde los árboles, lengas centenarias, cierran el paso y sólo se puede caminar con la ayuda de raquetas. La temperatura está por debajo del cero grado y el trekking hace entrar en calor, pero más la idea de llegar al punto final del recorrido: la cabaña donde espera el guiso de lentejas y vino caliente especiado. En el mientras tanto, la historia hace llevadero lo hostil del clima: el guía relata la vida de Ernesto Krund, uno de los primeros fueguinos, que hace más de un siglo, desandaba esos mismos senderos, a caballo o a pie, con raquetas o esquíes que él mismo fabricaba, uniendo caminos imposibles para llevar la correspondencia de un punto a otro, oficiando de único medio de comunicación entre estos paisajes inhóspitos.

Fue Krund, el inspirador de este recorrido –minúsculo, para los 110 kilómetros que podía sumar en sus travesías-, titulado como Noche de pioneros, y hasta el refugio final de la excursión es una réplica de uno de los puestos originales que él construyó para reponerse y seguir andando. Aunque el frío parece congelar el cuerpo, la leyenda de Krund, la noche profunda y el silencio estrellado, templan el alma.

Datos útiles

  • Cómo llegar

    Aerolíneas Argentinas: ofrece vuelos desde $ 1643 www.aerolineas.com.ar
  • Dónde dormir

    Hotel Albatros. En pleno centro de la ciudad y a pasos del puerto, ofrece gimnasio, spa con sauna y sala de masajes y Wi-Wi gratis. Desde $ 977 la habitación doble. Maipú 505. www.albatroshotel.com.ar
  • Qué hacer

    Navegación por el Beagle. En invierno hay dos salidas diarias, a las 10 y a las 15.30, sujetas a condiciones climáticas. La excursión con descenso dura alrededor de tres horas y cuesta $ 300 (menores, 50% de descuento). www.catamaranescanoero.com.ar
  • Ushuaia desde el aire. Heliushuaia ofrece múltiples excursiones para sobrevolar la ciudad y la montaña en helicóptero. Un vuelo corto sobre la ciudad cuesta $590 por persona, y el de media hora, aterrizando en el Cerro Le Cloché, $ 1920. www.heliushuaia.com.ar
  • En trineo. El complejo Tierra Mayor ofrece paseos en trineo con perros siberian husky. El de 2 km cuesta $ 250 por persona. La Experiencia Husky, en la que se instruye en el manejo del trineo y los turistas conducen 9 km, para finalizar el recorrido en el refugio, con chocolate caliente y torta $ 650. www.antartur.com.ar
  • Travesía nocturna . Ushuaia Blanca ofrece, entre otras excursiones, la Noche de pioneros. Recorrido en motos de nieve, caminata con raquetas y cena en una cabaña en el bosque. Precio por persona, $ 500; menores $ 300. www.ushuaiablanca.com.ar
  • Para aventureros. Los amantes del trekking pueden cambiar las zapatillas por los grampones, y en invierno hacer un trekk por el glaciar Martial. Apto también para principiantes, el premio después de dos horas y media de ascenso es la caminata sobre el glaciar y la vista imponente del Canal de Beagle, la cordillera sur y la ciudad, desde el hielo. Cuesta $ 500 e incluye equipos, almuerzo, traslados y guía de montaña. www.gdspatagonia.com.ar
  • Chocolate caliente y otras delicias. Para recuperar el calor, Laguna Negra es el clásico de la ciudad en dulzuras. Ofrece meriendas, chocolate por peso, dulces y tortas en San Martín 513. www.lagunanegra.com.ar
  • Más información

    www.tierradelfuego.org.ar

    www.cerrocastor.com
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