Las Memorias de Africa se escribieron con pluma etérea

Isak Dinesen contó en ese libro los años que pasó en las tierras altas de Kenya
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27 de octubre de 2000  

"Yo tenía una granja en Africa, al pie de las colinas de Ngong", comienza escribiendo Isak Dinesen en su libro de memorias titulado en el original Out of Africa ( Fuera de Africa , en la traducción del inglés, aunque también hay ediciones en que aparece como Lejos de Africa o Memorias de Africa ).

Allí describe su vida cotidiana durante los casi dieciocho años, de 1914 a 1931, que vivió cerca de Nairobi, la capital de Kenya, por ese entonces una colonia británica llamada Africa Oriental.

Veintiocho años tenía Dinesen cuando pisó por primera vez Mombasa, el puerto más importante de ese territorio a orillas del océano Indico, justo debajo de donde termina el Cuerno de Africa, y a unos 1500 kilómetros al noroeste de la isla de Madagascar.

En Rungstedlund, finca natal en Dinamarca, quedaba una vida casi opulenta, aunque no exenta de tristes premoniciones.

Su padre -ex soldado, aventurero, escritor y político- se había suicidado cuando ella tenía 10 años. Existe la fuerte sospecha de que, sabiéndose víctima de sífilis, mal muy común hasta la aparición, en este siglo, de los antibióticos, y ante el temor de caer en el estado de locura que aparece en la última etapa de la enfermedad, tomó esa decisión. Ese mal atormentó a Isak apenas llegó a Africa.

Por el lado materno, heredó un estilo piadoso y recto, de carácter burgués, y tal vez por eso mismo con gran apertura y liberalidad respecto de la cultura y el arte.

Otra vida

Con aquella historia familiar empezó su otra vida.

Ya conocía las grandes capitales europeas, ya se había iniciado en la pintura cuando conoció el amor, no muy lejos de su ámbito hogareño.

Y fue ese episodio, sentimental aunque no romántico, el que la terminó por decidir en su viaje a Africa: llegaba allí para casarse con su primo segundo, el barón Bror von Blixen-Finecke.

En realidad, se había enamorado cinco años antes del hermano mellizo de Bror, Hans, pero él nunca correspondió ese sentimiento. Así, Isak, en adelante la baronesa Karen Blixen, había realizado un extraño pase de magia: no obtuvo el original, pero la copia era más que verosímil.

Junto a su flamante marido, hombre más afecto a las mieles del buen vivir que experto en números y esfuerzos, se hizo cargo de aquella granja al pie de las colinas de Ngong, cuya principal actividad era la plantación y cosecha de café.

Ese destino africano no parecía lo más conveniente para una mujer europea de cierto refinamiento.

Tampoco fue muy refinado Bror cuando la contagió del mal que él tenía: sífilis, precisamente.

No obstante, toda esa experiencia en tierras agrestes significó para ella una bisagra esencial en su vida. No sólo por la adquisición de hábitos y aspectos en su personalidad nunca explorados hasta entonces, sino porque allí empezó a madurar su condición de escritora -aunque había publicado tres relatos en sus años de juventud-, que sólo se revelaría con toda potencia al regresar de Africa.

En 1934 publicó Siete cuentos góticos , cuyo verdadero suceso ocurrió en Estados Unidos (Dinesen escribía en danés y en inglés), poco después publicaría Out of Africa .

En 1954 y 1957 estuvo a punto de ser nominada para el Premio Nobel de Literatura.

Tan lejos, tan cerca

"Al recordar una estancia en las tierras altas africanas te impresiona el sentimiento de haber vivido durante un tiempo en el aire. A mediodía el aire estaba vivo sobre la tierra, como una llama; centelleaba, se ondulaba y brillaba como agua fluyendo, reflejaba y duplicaba todos los objetos, creando una gran Fata Morgana.

"Allí arriba respirabas a gusto y absorbías seguridad vital y ligereza de corazón. En las tierras altas te despertabas por la mañana y pensabas: ¡Estoy donde debo estar!", confiesa en un párrafo paradigmático del libro.

Allí, la baronesa Blixen utilizó su etérea pluma, pletórica de descripciones coloridas y profundas reflexiones, para contar su día a día y también de los que la rodean, tanto sus sirvientes como pintorescos personajes, hasta su relación con la abundante fauna local.

Así, de los nativos explicó que conservan "un conocimiento que para nosotros se ha perdido con nuestros primeros padres; entre todos los continentes es Africa el que nos lo puede enseñar: que Dios y el diablo son una unidad".

Una cita al fin del mundo

En lo que respecta a los animales, habla, por ejemplo, de una manada de elefantes "que caminaban pausadamente como si tuvieran una cita al fin del mundo", o del "paso de las jirafas con su curiosa e inimitable gracia vegetal".

Curiosamente, en ese volumen sólo aparece citado tangencialmente el que fuera su amor de esas tierras, el aventurero cazador y guía de safaris Denys Finch Hatton, relación que es eje de la película del mismo nombre que protagonizaron, en 1985, Meryl Streep y Robert Redford.

La continuación de sus memorias puede ser seguida en otro volumen, éste de 1960, Sombras sobre la hierba .

Truman Capote, que gustaba de su arte, la describió luego de un encuentro -ya en el ocaso de su larga vida: murió en 1962, a los 77 años- "liviana como una pluma y frágil cual puñado de conchas marinas"; Isak Dinesen, en esa reunión, le regaló un ejemplar de Out of Africa con esta dedicatoria: Je responderai, "yo respondo -justificará-, un hermoso lema.

"Me gusta porque creo que todos tenemos una respuesta dentro nuestro".

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