Latidos en territorio tico

Beatriz Reynoso
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15 de mayo de 2011  

Decidí visitar Costa Rica porque mi vuelo a Cuba hacía escala en San José y me llevé una verdadera sorpresa. En los último tiempos, éste es uno de los países más promocionados de América Central. Su famosa expresión pura vida, que los costarricenses traducen como buena onda, intenta hacer sentir a todos los turistas como en casa.

Ya desde el aire es impactante ver el verde, como una alfombra, con sus montañas y volcanes. Para empezar recorrí las callecitas de San José, pequeña urbe con características típicas latinoamericanas; es colorida, vivaz, con vendedores ambulantes por doquier y frutas que asoman desde los negocios invitando a saborearlas. También hay muchas personas mayores vendiendo billetes de lotería. Son calles donde la vida se siente a cada paso.

Las plazas tienen árboles altos y frondosos que, gracias a la brisa, dan una sensación de frescura placentera que invita a quedarse. Los habitantes se dan cita allí, desde los estudiantes hasta los abuelos. Diría, simplemente, un lugar de encuentro. Las plazas tienen la típica estructura colonial, con huellas hispánicas bien asentadas.

Los mercados me fascinan, con sus coloridas mercaderías, sobre todo el de Alajuela, pequeño pero surtido. Esta ciudad data del siglo XVIII. También descubrí un nuevo oficio, maquilladora de niños. Los pequeños esperan para transformar sus caras con brillitos y colores, para seguir jugando...

Ahí nomás, frente a la plaza, la catedral de la ciudad se asoma por encima de los árboles. Decorada en estilo barroco, muy impactante. Es dorado el altar mayor y están abiertas sus puertas, como invitando a visitar la casa de Dios.

El taxista que me llevó hizo una pequeña introducción sobre Costa Rica: son casi 4,5 millones; a sus habitantes se los nomina ticos, y la moneda es el colón, en honor al explorador genovés, que llegó a sus costas en el cuarto viaje.

El turismo es de gran importancia para su economía. Además, tienen un excelente café. La madera, que abunda, es una gran materia prima que les permite hacer muebles de todo tipo.

En la provincia de Alajuela se encuentra el volcán Arenal, uno de los tantos volcanes activos de Costa Rica. Comenzó a rugir en 1968. Está en la cordillera volcánica de Guanacaste. Pasé un día fantástico, disfrutando de las aguas naturales termales, riquísimas en distintos minerales. En un escenario verde, con plantas del lugar y otras exóticas, donde cada tanto las cascadas aparecen de improviso. Concluimos tan increíble día compartiendo el atardecer en una especie de paisaje semicircular. De un lado, el volcán Arenal; del otro, el lago, y completando la visión, la caída del sol, pintando luces y sombras en el cielo.

Me despedí del lugar tomando un juguito con sabores caribeños: frutilla, ananá y mango. Para el próximo viaje, me prometí conocer sus costas, tanto del Caribe como del Pacífico.

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