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Los Cantos de Recanati

Un visita a esta ciudad depara la posibilidad de admirar el palacio que recuerda al célebre autor Giacomo Leopardi
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31 de marzo de 2000  

Muy cerca de la basílica de Loreto, en lo alto de una colina, se eleva Recanati. Se trata de una de las pequeñas ciudades de provincia más visitadas de la región de Le Marche, en el centro de Italia, a pocos kilómetros del mar Adriático. Los viajeros que recorren las calles del centro histórico cumplen, en general, con un peregrinaje literario y musical, porque en Recanati nacieron dos celebridades: Giacomo Leopardi, el gran autor italiano del sigloXIX, y Beniamino Gigli, el aplaudido tenor de mediados del siglo XX.

Giacomo Leopardi, el gran escritor romántico, uno de los mayores poetas de la literatura europea, nació en el palacio recanatense de su familia. Era hijo de los condes Leopardi. Su padre, Monaldo, era un erudito que había reunido en la casa señorial, del sigloXVIII, una magnífica biblioteca. Precisamente la biblioteca se convirtió en el lugar preferido de encuentro del padre con el hijo. El conde Monaldo era un ferviente católico y, cuando las fuerzas francesas ocuparon Recanati, en 1798 (año del nacimiento de Giacomo), el orgulloso señor se rehusó a ver a Napoleón, que recorrió la ciudad marcheggiana a caballo.

Hoy el palacio Leopardi se ha convertido parcialmente en un museo que honra la memoria del autor de los Cantos . Una imponente escalera permite el acceso al primer piso, donde se pueden visitar los numerosos salones que albergan el importante conjunto de libros consultados por el conde Monaldo y su hijo.

En uno de esos amplios espacios, se ve la silla en la que se sentaba Giacomo a leer y a escribir, así como la manta con la que se cubría las piernas los días de frío. Los salones eran difíciles de calentar en el duro invierno recanatense. Giacomo era débil de salud y, según parece, jorobado o casi jorobado. Ese defecto físico es una de las primeras informaciones que las maestras les transmiten a sus alumnos italianos de la escuela primaria. De modo que la figura de Leopardi está ligada para la mayoría de los italianos a sentimientos lacrimógenos y a los amores imposibles.

Amor, amor

Desde una de las ventanas, según la tradición, Giacomo espiaba a la joven que le inspiró la poesía Silvia , uno de los textos que los estudiantes peninsulares se saben de memoria. Silvia es un poema de amor. Se dice que la Silvia literaria era en la realidad Teresa Fattorini, hija del cochero de la familia Leopardi. Teresa y Giacomo estaban separados no sólo por la diferencia de clase, también por la salud y la apariencia física, según los relatos. Teresa era hermosa y Giacomo no.

El peregrinaje leopardiano no termina con el recorrido de su casa natal, sino que se continúa en el Parque de los Recuerdos. Allí está la famosa colina "del infinito". Quizá los versos de "la colina del infinito" sean los más populares de Leopardi. Surgieron de la contemplación del paisaje que el poeta hacía desde una elevación cercana a su hogar. A menudo iba a pasear por ese lugar, entonces despoblado, probablemente un páramo, y se perdía en la visión de los valles que se extendían hasta el horizonte. Hoy cuando se camina por las calles de Recanati, se pueden leer poesías enteras o fragmentos de Leopardi, escritos en rectángulos de mármol, en las paredes de las casas que limitan las plazas.

Otro de los sitios leopardianos es el campanario de la iglesia del convento de San Agustín, citado por el escritor en la poesía El pájaro solitario , donde se refiere a "la torre antigua". La construcción se remonta a la Edad Media, de estilo gótico, y fue levantada de acuerdo con los planos de Giuliano da Maiano.

La impresión que tienen los turistas es que toda la ciudad se ha convertido en una conmemoración del poeta. Curiosamente, Leopardi tuvo una relación difícil, conflictiva, con los recanatenses. Su obra se basa en gran medida en los recuerdos de la infancia y la adolescencia transcurridas en su ciudad natal, a la que, por un lado, canta con afecto, dolor y melancolía, mientras que, por otra parte, critica duramente a los seres provincianos, prejuiciosos que miraban con desconfianza al maltrecho descendiente del conde Monaldo.

En la actualidad, frente al palacio de los Leopardi (hay descendientes del escritor que todavía conservan el apellido ilustre), hay una tienda que vende souvenirs para los admiradores del desdichado autor, que falleció en Nápoles en 1837.

El interés de Recanati no se limita a Leopardi. En el palacio de la Municipalidad, al lado de la Torre del Borgo, hay una pinacoteca que contiene algunas obras de arte notables como el Políptico , La transfiguración de Cristo y la maravillosa Anunciación de la Virgen , de Lorenzo Lotto. Este trabajó en Recanati en la iglesia de San Domingo, del siglo XIV. Allí pintó un fresco notable que representa la Gloria de San Vincenzo Ferreri. Una de las salas del museo de la Municipalidad está reservada a Beniamino Gigli, conocido tenor de los años 30 y 40, que cantó varias veces en el Teatro Colón de Buenos Aires. La casa del cantante se encuentra más bien en las afueras de la ciudad y también se puede visitar.

Si los viajeros deciden gozar de la vista del mar y quizá de una zambullida en las aguas del Adriático pueden descender hasta el cercano Porto Recanati, a los pies de la ciudad leopardiana, donde hay una serie de restaurantes especializados en platos típicos a base de pescados.

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