Los hindúes de la isla tienen un Ganges propio

Es el lago sagrado del Parque Nacional Black River Gorges
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27 de octubre de 2000  

BLACK RIVER, Mauricio.- Imaginar la isla sin el misticismo de los hindúes mauricianos sería como despojarla de uno de sus mayores encantos. Es común encontrarlos a un costado de la carretera venerando a sus dioses, en un verde bosque, junto al mar, o en los templos erigidos en pueblitos y pequeñas ciudades. Pero el sitio que ningún visitante debe dejar de conocer es el Ganges de Mauricio, situado en el Parque Nacional Black River Gorges, cuyas 6574 hectáreas a 700 metros de altura conforman el hogar de pájaros y plantas exóticas. En este caso no se trata de un río, sino un lago, lo que restringe ciertas prácticas religiosas como el derrame de las cenizas de los muertos.

Más allá de esta prohibición, los rituales son tan importantes como en su homónimo. Uno de ellos es el Maha Shivaratree, que se celebra anualmente, en febrero, en honor del dios supremo Shiva. Todos los devotos de la isla llegan en procesión a pie para elevar sus plegarias. Durante la peregrinación, que dura tres días -incluye una noche de vigilia-, las mujeres desfilan vestidas de blanco y juntos llevan arcos de madera revestidos con flores. Dejan en ofrendas frutos, como nueces, cocos, bananas y aceites, y llevan a sus hogares agua del lago sagrado.

Imágenes de la India

El Ganges mauriciano está rodeado por algunos templos. Uno de ellos, es el Hindú Dharma Saiv Shacti Parivar Mandir Sabha, que está sobre un volcán extinguido. Las imágenes veneradas no sólo se pueden contemplar en sus interiores, sino también en la intemperie. Desde allí, a pocos pasos se desciende hasta el lago, donde el olor a incienso y aceites invade la frescura de las alturas. El escenario del santuario es cautivante. Hay rampas que sostienen varias figuras sagradas sobre el agua, sobre un fondo de templos y colinas. Una de las imágenes es el Mono Hanuman, cuya bandeja con vegetales simboliza una colina con hierbas medicinales. A él le piden salud y protección contra las cosas negativas. En otra de las rampas está la diosa Ganga -que significa Ganges en hindi-, que puede reconocerse por sus dos pares de brazos. A sus pies bautizan a los niños.

Afuera también hay una escultura tallada en piedra de Shiva, bajo los cuellos de las serpientes. Los hindúes creen que su dios supremo tiene en su garganta más veneno que las serpientes y que lo tragó para salvar a la humanidad del mal. Dicen que, si lo escupe, todo volverá a la nada.

Entre otras figuras sagradas está Durga, la diosa de las novias y del matrimonio, vestida en rojo y dorado, y la vaca sagrada, que es considerada una segunda madre porque alimenta con su leche. Por eso no se la come y le entregan ofrendas.

Para ver los rituales es necesario tener paciencia y esperar, porque es un lugar distante, pero siempre se encuentran los frutos que los fieles entregan a los dioses, si es que los baboons (monos) de la reserva no se lo roban todo en un rápido y efectivo asalto, como sucede a menudo. Es recomendable hacer la visita acompañado de un guía, y si es hindú el paseo será mucho más enriquecedor.

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