Los ritos más curiosos de Semana Santa

Jarrones que vuelan por las ventanas, cacerías de Judas o chicos que se disfrazan de brujas son algunas de las variadas y dispares costumbres que vuelven a cobrar vida por esta época
Jarrones que vuelan por las ventanas, cacerías de Judas o chicos que se disfrazan de brujas son algunas de las variadas y dispares costumbres que vuelven a cobrar vida por esta época
Teresa Bausili
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20 de marzo de 2016  

Taxco, México

En el estado de Guerrero, unos 100 km al sudoeste del D.F., esta ciudad minera se hizo famosa por su extraordinaria orfebrería de plata. En Semana Santa, sin embargo, toda la atención se la lleva una de las procesiones más dramáticas de la región, cuando cientos de penitentes –hombres y mujeres– recorren las calles encapuchados, descalzos o arrastrando cadenas que llevan sujetas a sus tobillos. Algunos de ellos, los encruzados, cargan pesadísimos rollos de espinas en sus hombros, mientras los llamados flagelantes se azotan la espalda con látigos rematados con clavos, hasta dejarla en carne viva. Ni un gemido, ni una queja. Al término de la procesión, los flagelantes tienen dos enormes llagas sangrantes en las espaldas, una postal más propia de The Walking Dead que de la pasión de Cristo.

El Salvador

En el Salvador, más exactamente en pueblos como Texistepeque y Chalchuapa, el Lunes Santo es el día de los talcigüines, una curiosa tradición que refeleja el mestizaje entre indígenas y españoles, con elementos propios de cada cultura. Se trata de una representación teatral en la que los diablos o talcigüines –una veintena de encapuchados vestidos de rojo– toman las calles y se lanzan a azotar con látigos verdaderos a cualquiera que se cruce en su camino. Se dice que, por cada latigazo que se recibe, un pecado menos, por lo que son muchos los que se dejan azotar para no arder en las llamas del infierno. Al final, los endemoniados terminan postrándose ante la presencia de Jesús, quien pasa de cuclillas por encima de ellos. Final feliz.

Los talcigüines o diablos de El Salvador se rinden ante Jesús
Los talcigüines o diablos de El Salvador se rinden ante Jesús Crédito: La Prensa Gráfica/GDA

España

Por esta época, no hay casi pueblo ni ciudad en el país que no cuente con celebraciones cargadas de fervor y devoción, en una verdadera explosión de religiosidad.

–Una de las más famosas es la de Sevilla, donde más de 60 cofradías con sus miembros de tradicional capirote o capuchón (similar a los del Ku-Klux-Klan, aunque son anteriores y no tienen nada que ver) recorren las calles de la capital andaluza mientras desde los balcones suena el canto religioso de las saetas. La noche más esperada es la Madrugá, entre el jueves y el viernes santo, en la que desfilan desde la Hermandad del Silencio hasta la de los Gitanos.

–También la Semana Santa de Málaga es todo un acontecimiento, y no necesariamente porque a la cita anual acude con religiosa puntualidad el actor malagueño Antonio Banderas, devoto de la cofradía de María Santísima de Lágrimas y Favores. También, porque se trata de una celebración con curiosos tintes militares, en la que la legión española es la encargada de escoltar la estatua del Cristo de la Buena Muerte por las calles de la ciudad. El momento cumbre es cuando los castrenses entonan El Novio de la Muerte, un himno militar que recuerda a los legionarios caídos en la guerra de Marruecos (primer cuarto del siglo XX).

–De todos modos, la celebración más curiosa, irrevrente y atípica de España es la de León. Se trata más bien de una satírica procesión –que llega a cruzarse incluso con algunas comitivas religiosas– por los bares y calles del casco antiguo. El objetivo es celebrar el entierro de Gerarnín, un borrachín de los años 20, aficionado a los burdeles y al alcohol de orujo, que fue atropellado en una noche de Jueves Santo por el primer camión de basura de la ciudad.

La legión española es la que carga el Jesucristo en Málaga
La legión española es la que carga el Jesucristo en Málaga Crédito: Reuters

Florencia, Italia

Cuenta la leyenda que un florentino conocido como Pazzino de Pazzi fue el primero en trepar la muralla de Jerusalén en tiempos de la primera cruzada, llevada a cabo para liberar el Santo Sepulcro de las manos infieles. Como recompensa por este acto de valentía, su comandante le dio tres piedras de la Iglesia del Santo Sepulcro, que Pazzi llevó a Florencia y usó para encender el Cirio Pascual del Sábado Santo.

La tradición de encender un fuego santo que recorriera la ciudad se transformó en una concurridísima fiesta popular cargada de pirotecnia. En ella, un gran carro adornodo con flores y escoltado por 150 soldados y músicos vestidos a la vieja usanza, es tirado por dos bueyes blancos desde la Plazoleta del Prado hasta la Iglesia de los Santísimos Apóstoles. Una "paloma" (representada en realidad por un cohete ), enciende los fuegos artificiales contenidos en la carroza, dando lugar al scoppio o explosión.

La tradición dice que si el encendido resulta perfecto y la "paloma" vuelve hasta el altar sin dificultad, a Florencia le espera un año próspero (de hecho, la fiesta ha atraído desde siempre un gran número de campesinos que esperan los auspicios de buenas cosechas). La última vez que la vuelta de la paloma no llegó a buen fin fue en 1996, precisamente el año de la inundación.

Nicaragua

A una hora de Managua, en la ciudad de Masatepe se celebra una peculiar ceremonia conocida como Los Judíos de Masatepe. Los judíos son representados por cientos de jóvenes vestidos con ropas coloridas, máscars y gorros que, cadenas en mano, salen a las calles para encontrar y castigar a personas disfrazadas de Judas, arrastrándolas por las principales arterias de la ciudad.

Paralelamente,las aguas del lago Cocibolca son invadidas por más de 40 botes adornados con flores y frutas tropicales, listos para participar del popular vía crucis acuático, donde cada islote visitado representa una estación.

En el Vía Crucis acuático del lago Cocibolca, en Nicaragua, cada islote representa una estación
En el Vía Crucis acuático del lago Cocibolca, en Nicaragua, cada islote representa una estación Crédito: Reuters

Suecia

La Semana Santa en este rincón escandinavo se parece más al Halloween estadounidense que a una celebración de carácter religioso. Es que las raíces de esta festividad en la que los chicos se disfrazan de brujas (El påskkärringar) deben buscarse en las costumbres paganas de la región, en las que estas fechas son asociadas a la estación de brujas. Según el folclore popular, todos los espíritus malignos del mundo quedaron liberados en el momento en que Judas traicionó a Jesús. Incluso se creía que durante la Pascua, las brujas iban a visitar al diablo a Blåkulla (una isla sueca del mar Báltico), volando en alegre montón sobre sus escobas.

Hoy día, con los cachetes pintados de rojo, los brujitos tocan las puertas de los vecinos para llenar sus bolsas de caramelos y chocolates. Demás está decir que Halloween no tiene razón de ser en este país.

Grecia

Nada de romper platitos. Una de las costumbres más teatrales de la isla de Corfú durante la Pascua ortodoxa (ojo que no siempre coincide con la católica) es la de tirar jarrones de cerámica por las ventanas o balcones. Justo a las 11 de la mañana, cuando repican las campanas anunciando la resurrección de Cristo, se desata la ruidosa tradición.

De origen pagano, se cree que el estruendo despierta a Perséfone, la diosa de la primavera, acelerando su llegada y la de la nueva cosecha. Miles de personas se congregan en las calles para presenciar el espectáculo... a pridente distancia de los cacharros que vuelan por los aires.

Noruega

Si disfrazarse de bruja para Semana Santa puede sonar extraño, más aún es dedicar la fecha a resolver crímenes y leer novelas negras. Aunque no tiene nada que ver con la religión, los noruegos tienden a celebrar una suerte de "semana del detective" por esta época (la Påskekrim). La prensa prepara casos a descifrar, en la televisión se transmiten películas policiales y en las calles, en lugar de huevos de chocolate, abundan los sombreros y pipas de Sherlock Holmes.

Se dice que la tradición se inició gracias a una publicidad de la editorial Gyldendal promocionando una novela policial. Ésta se vendió tan bien que, durante los años siguientes y por esta época, las demás editoriales también enfocaron sus publicaciones en el género.

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