Luján atesora un rosario de historias

Además de la basílica, merecen una visita las viejas casonas de Ameghino y Estrada
Además de la basílica, merecen una visita las viejas casonas de Ameghino y Estrada
(0)
24 de agosto de 2001  

No hay estadísticas precisas sobre el número de peregrinos y turistas que acuden a Luján - a 77 kilómetros de Buenos Aires-, la mayoría atraídos por la pequeña virgen morena. Pero la Comisión de Promoción Turística de la ciudad (Coprotur) estima en 6.000.000 los visitantes que llegan por año, y así lo consigna la gaceta de la entidad.

Las multitudes que peregrinan hasta la basílica neogótica para hacer promesas o cumplirlas por ya satisfechas, invaden luego las parrillas y restaurantes aledaños, desempacan sus propias vituallas en los campings vecinos, trepan a una aerosilla que accede a un parque de diversiones, pasean en catamarán, visitan las cuatro áreas del Complejo Museológico Udaondo, aceptan que las gitanas indaguen el porvenir leído en las manos o simplemente descansan en el parque Ameghino que diseñó Carlos Thays.

Otros marchan hasta Las Heras al 400 -a cuatro cuadras de la basílica-, donde está la casa que albergó la infancia del sabio Florentino Ameghino (1853-1911), que la semana última se cumplieron los 90 años de su muerte. Pero estos otros peregrinos se detienen antes de llegar a la casa y hasta ignoran que tal reliquia existe porque su meca es un amplio y lujoso edificio de bingo.

Los que pretendan evocar al sabio argentino pueden iniciar un recorrido histórico y fotográfico diferente si primero visitan la esquina de las calles 9 de Julio y 25 de Mayo, que mira al Norte. Allí vivió José Manuel Estrada (1842-1894) historiador y orador católico de fuste que conoció y ayudó a Ameghino en sus indagaciones: consiguió que se lo nombrara preceptor en la Escuela Elemental Nº 2 de Mercedes, en 1870. La casona de Estrada, que finalmente pasó a ser sede del Círculo de Obreros Católicos, mantiene en sobrerrelieve la antigua numeración (51) de la calle 9 de Julio. Si se camina por 9 de Julio hacia el Oeste hasta Las Heras -cuatro cuadras- y se gira hacia el Sur, a tres cuadras y media, y sobre la vereda este, se da con la casa que fue de la infancia de Ameghino y compró su padre Antonio, en 1855, de oficio zapatero.

El edificio sobrevive, pero no se lo puede recorrer los fines de semana. Un cartel anuncia que se lo puede visitar los lunes, miércoles y viernes, de 10 a 13. No funciona como museo.

Más importante es la propiedad a la que su mudó la familia Ameghino, en la esquina oeste de Colón y Muñiz, a dos cuadras y media de la anterior. Sobrevive menos una parte que daba sobre la calle Colón y está habitada por dos familias.

La tradición oral y también la semblanza lujanense de Dorronzoro Pago, Villa y ciudad de Luján , dicen que simultáneamente con los Ameghino funcionó una escuela.

Esos datos también sostienen que el sabio Florentino salía de allí con un pico y una pala prestada por un vecino de Muñiz y Moreno rumbo al río, donde procedía a las exhumaciones con las que elaboró su fama mundial.

Ultimos habitantes

Teresa Arabolaza de Egoscué -maestra de la escuela que funcionó en el lugar- contó alguna vez al recopilador José María Scarnato, autor de Rememorando , un suceso macabro: el zapatero Antonio Ameghino enloqueció por la fuerte impresión que le causó ver a una asistente de la directora colgada de uno de los tirantes del techo.

La última propietaria familiar fue Ascensión M. C. Merello de Ameghino, viuda de Carlos Ciriaco E., hermano menor del sabio y el que más lo ayudó. Pero hoy la casa no tiene dueños ni nunca fue expropiada porque jamás prosperaron los proyectos del ex diputado nacional Federico F. Mojardin.

De cerrar el circuito con un almuerzo acorde con el tono del recorrido hay que recurrir a la esquina de Rivadavia y Brown, a tres cuadras de la casa de Estrada.

Allí, en una muy vetusta casona que tuvo varios destinos -fue a principios del siglo XIX una especie de burdel y hasta se escondieron prisioneros- sirven los sabrosos platos del restaurante 1800.

Cómo llegar al altar

Luján es una de la ciudades bonaerenses mejor surtidas de medios de transporte público que la unen con Buenos Aires y otras ciudades de la provincia. Se puede llegar por ómnibus, tren y también existen numerosos servicios charteados.

Los automovilistas deben usar la autopista Acceso Oeste con dos peajes de 1,50 peso y seguir después del segundo peaje hasta el peaje que indica el desvío hacia la basílica.

Quienes viven en la periferia norte pueden optar por el Camino del Buen Ayre, con el agregado de su peaje a 2 pesos.

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.