Más vale ir solas que dejar de ir

Turistas solitarias, sin prejuicios, pero con algunas precauciones
(0)
25 de septiembre de 2005  

"Una vez viajé tres horas en ferry de Algeciras, España, a Tánger, Marruecos, para conocer la playa. Llegué, cambié dinero en un banco y noté que todo el mundo me comía con los ojos. Le pregunté a un policía qué pasaba y me recomendó regresar al puerto por la calle más larga, porque corría peligro. Entonces volví al banco, cambié otra vez el dinero y me fui", cuenta Dolores de Olazábal, viuda y turista solitaria desde 2002.

Ella es una de las viajeras que no hacen caso al chiste machista que dice: ¿Qué hace una mujer fuera de la cocina? ¡Turismo!, y que cuando deciden emprender solas un viaje deben sobreponerse a varios prejuicios ajenos y algunos temores propios.

Especialmente cuando se trata de excursiones a destinos exóticos. Porque cualquiera sobrevive sin mayores sobresaltos en las grandes metrópolis europeas. Y nadie se preocupa demasiado ni mucho menos se escandaliza al ver a una turista esperar el colectivo en una calle oscura de Nueva York.

Sin embargo, en sitios tan visitados como El Cairo, por ejemplo, la cultura, las tradiciones, los códigos diferentes, se deben considerar antes de la partida para cuestiones como seleccionar la ropa y prever el itinerario.

Basta de pavadas

Algunas eligen viajar solas porque así se sienten más tranquilas. "Me gusta la soledad, la disfruto. Siento libertad absoluta, decido por mí. No me molesta comer sola. Al contrario, porque no quiero hablar de pavadas con cualquiera. Por eso no miro a nadie y la gente se da cuenta de que estoy en la mía y nadie se acerca a la mesa", cuenta Delfina Espinosa, farmacéutica y también viajera solitaria y frecuente.

Tranquilidad no es precisamente lo primero en que pensó María José Iglesia, doctora en bioquímica, cuando se dio cuenta de que quería comenzar a vivir experiencias fuertes y... se fue a recorrer los parques naturales de Kenya y Tanzania.

Durmió a metros de cocodrilos, en carpas que debía cerrar bien para que no la visitaran los monos. Voló en globo sobre el río Mara para ver miles de cebras migrando de un parque al otro. Avistó flamencos rosados en el lago Nakuru, caminó sobre el cráter del volcán Ngorongoro y vio las nieves eternas del Kilimanjaro.

Y aunque a ella sí le pesaba la comida a solas y no tener cerca alguien para contárselo, de noche escribía una crónica de sus vivencias. "No me arrepiento de haber ido sola y volvería a hacerlo -asegura-. Aunque me haya llevado el peor susto de mi vida cuando, una noche rumbo al parque Amboseli, un elefante inmenso levantó la cola, las orejas, ¡y se puso a orinar sobre nuestro Jeep!"

Cuidado, taxistas griegos

"Tomé la decisión de salir sola porque era difícil concebir una compañera de viaje con el tiempo, el dinero y los mismos gustos -reconoce Olazábal-. La comida de la noche es mi única traba cuando estoy afuera, porque es como entrar en un lugar donde te están filmando, donde te sentís observada. Pero voy a superarlo porque pienso seguir viajando."

Madre de cinco varones, Dolores Olazábal cree que para viajar sin sobresaltos el secreto está en informarse bien en el consulado de cada país antes de partir, aprender a dirigirse a la persona adecuada y ser decidida.

"En El Cairo salía sola de día y de noche. Hasta fui a fumar en narguile. En Rusia, con un mapa en ruso latinizado, una se orienta y si se pierde hay que preguntarle a los jóvenes, que son los que hablan inglés. Los taxistas atenienses suelen hacer trampa y cobrar de más. Por eso, cada vez que me subía a uno anotaba la patente y le decía al conductor: Si te portás bien, propina; si te portás mal, policía", repasa la aventurera, que este año pondrá rumbo al Caribe.

En Zurich, primero las damas

En muchos países árabes hay bares a los que las mujeres ni se asoman porque la tradición todavía no lo permite. En la moderna Zurich, todo es muy diferente. Tanto, que ya existe un hotel muy trendy a dos minutos del lago Zurich, sólo para mujeres, donde las huéspedes son business women. Se llama Lady´s First ( www.ladysfirst.ch ) y es un hotel de diseño, pero con todas las comodidades para el trabajo, que incluye un escritorio con conexión para laptops en cada una de las 28 habitaciones. También, claro, hay detalles especiales para ellas, como jabones y lociones especiales en los baños, y un spa de uso libre para huéspedes. Terraza con vista al lago y hasta un pequeño jardín para los días de sol.

¿Los hombres? Sí, pueden entrar y hasta tomarse un trago, pero a los cuartos no llegan.

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?