Mauricio conquista todos los sentidos

Colinas, cañaverales y playas bañan de colorido a esta isla que se asoma como un punto en el mapa, cerca de Africa
Gabriela Cicero
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27 de octubre de 2000  

PORT LOUIS, República de Mauricio.- Un numeroso grupo de mujeres y niños hindúes participan de una ceremonia en una playa dorada bañada por las aguas del Indico. Ellas ofrendan frutos a los dioses a cambio de prosperidad y protección para su familia, y vierten incienso en un mar turquesa, custodiado por barreras de coral.

Parecería que todo está preparado para el rodaje de una película. Las sonrisas tímidas, el fuerte contraste de los saris de colores vívidos, la brisa que juega con las gasas, el murmullo del mar, todo bajo el sol radiante del mediodía.

Esta escena no transcurre en la India, se repite a diario en esta isla, una joven república perdida en el océano, a 4 horas de vuelo de Johannesburgo.

La belleza de las verdes colinas, los caminos serpenteantes entre tupidos cañaverales, las elegantes palmeras y playas doradas constituyen uno de los principales atractivos, pero no el único. La esencia, lo que define la singularidad de la isla, también está dada por su población multicultural, como consecuencia de haber sido conquistada y reconquistada en varias oportunidades por portugueses, holandeses, franceses e ingleses, hasta que obtuvo su independencia en 1968.

Mauricio recibió nada menos que influencias de tres continentes: Africa, Asia y Europa. El abanico cultural está a la vista cuando se toma conocimiento de que el idioma oficial es el inglés, se conduce por la izquierda, la moneda es la rupia y el lujo francés.

Casi el 50 por ciento de la población es descendiente de indios que llegaron para trabajar en los cultivos de la caña de azúcar, una de las principales industrias. Otro 20 por ciento está representado por musulmanes, un 5 por ciento por comerciantes chinos y el resto por africanos provenientes de Mozambique y Madagascar. Atesorando el legado de tres continentes, esta isla encara hoy la conquista de los mercados turísticos más fuertes del mundo. Algunos ya se rindieron.

Del tamaño de un pañuelo

Mauricio, cuyo nombre le fue otorgado en honor del Príncipe Mauricio de Nassau, es una isla pequeña, que tan sólo posee 64 kilómetros de largo por 45 de ancho. El 50 por ciento de su superficie está destinada al cultivo.

Al sobrevolar la isla, minutos antes de llegar al aeropuerto Plaisance en el sudeste, pueden apreciarse los dibujos de un rastrillo sobre todo el relieve, si la vista no se desvía a las aguas que encierra la barrera coralina, con contraste celeste y turquesa. El aeropuerto está a 45 kilómetros de Port Louis -la capital-, en la otra punta de la isla. De todas maneras casi nadie visita la ciudad, bastante bulliciosa, el primer día que llega, porque la mayor parte de la hotelería está algo alejada.

Los establecimientos están dispersos entre pequeños poblados de casas bajas, donde la vida transcurre tan apacible como el vaivén de las olas. La suntuosidad de los hoteles jerarquiza a la isla como un destino de categoría 5 estrellas. El personal dispensa un trato cordial y hospitalario, y recibe a los huéspedes con atuendos de corte oriental. La sobria combinación de colores de los interiores, piscinas cuyos bordes rozan el mar, los techos de hojas de caña de azúcar, los delicados aromas de incienso que impregnan los ambientes y los jardines de flores exóticas demuestran que nada está librado al azar. La atmósfera francesa adopta matices asiáticos y africanos, haciendo de cada espacio un lugar de relax.

Hay varios sitios con hoteles. Uno de ellos circunda Le Morne, una montaña en una península del sudoeste, que parece una piedra oscura gigante, símbolo de una triste historia. Cuando se abolió la esclavitud, algunos esclavos que permanecían escondidos allí desconfiaron de que serían libres y se suicidaron. Pese a esa circunstancia, la montaña conforma un escenario imponente para los resorts que no superan más de un piso de altura, de acuerdo con las disposiciones que rigen en la isla.

Otra área hotelera es la de Flic-en-Flac, próxima al pueblo. El nombre del lugar responde a una onomatopeya: el chapoteo de los pájaros sobre el agua. En la costa este, en la zona de Belle Mare, hay playas más bellas y puestas de sol para disfrutar minuto tras minuto.

Sol y privacidad

La mayoría de los visitantes son parejas y familias. Se realizan muchas bodas y hasta se puede reconfirmar el amor mediante un segundo "sí quiero" en una capilla de techos de caña, frente al mar, acompañados por una corte de músicos.

Si bien en Mauricio todas las playas son públicas, la tranquilidad y la privacidad son una constante. Muchos se entregan a los placeres del sol, se dedican a la lectura y los deportes acuáticos. Personas del ambiente artístico, miembros de la realeza y primeros mandatarios suelen frecuentar la isla, como el príncipe Carlos acompañado por Camila, y la modelo Naomi Campbell, entre otros.

Exclusivo para damas

Mientras el cuerpo se dora al sol, es posible ser interrumpido por un camarero con porciones de pizza o algún aperitivo. Otras distracciones agradables, especialmente para las mujeres, son las de los vendedores ambulantes, que no ofrecen pareos comunes, sino de coloridas gasas y sedas. No hay dama que se resista a pasearse con esas prendas por la orilla del mar, ni marido que después la deje pasear solaÉ En cuanto a los deportes acuáticos, se puede acceder gratuitamente a buena parte de ellos en los hoteles, excepto el buceo y algunas salidas de pesca. Hay una práctica muy original en la isla que es la de realizar una caminata submarina provistos de una escafandra. En el hotel The Residence se practica a menos de 4 metros de profundidad, con un previo entrenamiento, para disfrutar de la flora y fauna marina.

Las cálidas aguas del Indico son conocidas por alojar tiburones de todo tipo, pero gracias a la barrera de coral es imposible que se cuele alguno. No obstante, dicen que no hay nada que temer porque los tiburones mauricianos son vegetarianos como los hindúes... Es uno de los chistes favoritos de Indira, una guía de habla española.

La pesca del merlín, entre una gran variedad, es otra de las actividades favoritas. Mauricio acumula varios récords mundiales: pescaron un tiburón azul de 180 kilos y un shako de más de 500.

El mar no es todo. La cultura tampoco. El estilo europeo se fusiona con el asiático. Mientras tanto, los turistas disfrutan de cada uno de los atributos de esta exótica isla.

Datos útiles

Cómo llegar: la ida y vuelta a la isla Mauricio, volando por South African Airways, con escala en Johannesburgo, cuesta 1420 dólares más impuestos.

Alojamiento: la habitación en un hotel de 3 estrellas, con media pensión, sale 175 por noche. En uno de 4 estrellas, 250 y en uno de 5, 330.

Movilidad: el alquiler de un auto categoría B (VW Polo) sale 70 dólares diarios.

  • El traslado del aeropuerto al hotel en helicóptero sale 500 dólares, y pueden viajar hasta 4 pasajeros.
  • Actividades: crucero de 7 horas, por persona, cuesta 100 dólares. Una caminata submarina con escafandra, 35; viaje submarino, 45: alquiler de un barco para realizar pesca de altura, 190 dólares (entran 4 pasajeros). Un tour por la capital, Port Louis, tiene un costo 45 dólares y un shopping tour, 30.

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