Ni Bruselas ni Brujas: Gante

Jorge Mandelbaum
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29 de julio de 2012  

Gante, en la zona flamenca de Bélgica, es una joya escondida. Así como al recorrer con la mirada cuadros de pintura flamenca de los siglos XV a XVII uno descubre exquisitos detalles en los ropajes y las joyas, al recorrer las calles y los canales de Gante uno se encuentra en medio de la historia y el arte.

Eso no significa que estemos frente a una especie de museo al aire libre, ya que es una ciudad plena de vida, con mucha juventud (es un importante centro universitario) y una gran diversidad cultural.

Gante nace hacia el siglo VII en el encuentro de los ríos Leie y Escalda, alrededor de los monasterios de St. Peter y lo que luego se convierte en la catedral de St. Bavo. A partir del siglo XII, una floreciente industria de la indumentaria alimenta la construcción de hermosas casas de piedra junto a los ríos y canales, mostrando el poder y buen gusto de los ricos mercaderes.

Pero al mismo tiempo aparecen innumerables conflictos de poder y Gante es disputada por Francia y la nobleza de Flandes. El emperador Carlos V (que nació en Gante) le quita a la ciudad una serie de privilegios en 1540. Sigue un período en el que Gante queda en medio de las guerras de religión entre católicos y protestantes, y se acentúa una declinación que culmina en el siglo XVII. Pero una ciudad con tan rica historia no podía quedarse así y en el siglo XIX, merced a nuevos desarrollos de la industria textil y la mejora de los accesos fluviales desde el mar, Gante renace convirtiéndose en el importante centro industrial de hoy y en el segundo puerto de Bélgica.

Al caminar por el centro histórico uno va descubriendo su historia en las callecitas, iglesias y los museos, que conviven armoniosamente con el mundo moderno de las bicicletas y el excelente transporte público de tranvías y ómnibus. En la zona de Graslei de antiguas y nobles casas junto al río (hoy convertidas en bares y restaurantes), uno tiene la sensación de haber dado un salto en el tiempo hacia la Edad Media, conservando los privilegios del mundo moderno. Por eso al atardecer, luego de la jornada laboral o de estudio, se llena de jóvenes que vienen a ver pasar la vida en ese escenario.

No hay que perderse el Políptico de Gante de los hermanos van Eyck de 1432 en la catedral de St. Bavo. Este conjunto de pinturas representa un hito en la historia del arte por la expresividad de los rostros de los personajes y la belleza decorativa de las telas, así como una descripción detallada de la naturaleza.

Pero Gante ofrece también la tranquilidad de barrios surcados por canales donde cada rincón merece una foto y a uno le cuesta irse.

Por toda su belleza y porque uno no se topa con las oleadas de turistas que tiene Brujas, vayan a descubrir Gante.

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