"No somos sus presas"

Roberto Bubas se acerca a las orcas que cazan en las playas de Chubut
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31 de mayo de 2009  

Una vez cortó un ciprés para hacer una balsa y recorrer 150 kilómetros por los lagos del Parque Nacional Los Alerces. Fue bombero, ganó un pentatlón, hizo viajes de estudio a la Antártida y casi se congela cuando una noche no paró de humedecer desde su kayak a una ballena varada en la costa.

Roberto Bubas, de 38 años, sorprende. "Muchos científicos no comprenden cuando digo que lo más importante de mi trabajo fue haber establecido una estrecha relación con las orcas de Península Valdés. Las siento parte de mi familia", asegura el primer guardafauna de Caleta Valdés, donde en 1992 instaló un modesto carromato para estudiar el comportamiento de las orcas y una forma de caza única en el mundo: cuando varan intencionalmente en busca de alimento.

"Las orcas se pueden observar todo el año, pero hay dos picos estacionales: entre marzo y abril, cuando se acercan para cazar crías de lobos marinos, y de octubre a diciembre, atraídas por las crías de los elefantes marinos. En estos períodos se las puede ver prácticamente día por medio. El resto del año, tres o cuatro veces por mes", explica Roberto, que nació en Esquel y de chico soñaba con trabajar en el Calypso de Jacques Cousteau.

Hasta hoy identificó a 31 ejemplares por la forma de la aleta dorsal, de los cuales 16 viven en aguas costeras de Península Valdés como Mel, Agustín, Exequiel, Jazmín, Maga, Toia, Makom y otras. Nombres surgidos por votación entre guardafaunas, especialistas y alumnos de la escuela de Puerto Pirámides y del Riacho.

Sin embargo, lo más asombroso es que descubrió que sólo siete ejemplares practican esta técnica y que cinco hembras son las encargadas de enseñarles a los cachorros. "A los tres o cuatro años empiezan a hacer sus primeras capturas con bajo rendimiento, pero se perfeccionan hasta lograr efectividad en 4 de cada 10 intentos", asegura.

Para observar a estos animales, el autor de Orcas del Chubut, su último libro, ofrece pistas: las tres horas anteriores y posteriores a la marea alta son las más favorables, ya que necesitan agua suficiente para llegar hasta la orilla.

Su mirada cobra brillo especial cuando habla de esta amistad nacida al ritmo de su armónica y reflejada en documentales de National Geographic y Animal Planet. Encuentros periódicos que un día de 1997 concluyeron con una caricia, que por poco le vale una sanción. "Las orcas no se acercaban a mí por la música de la armónica, sino por su curiosidad. Son muy sociables y yo era el único ser humano en un vasto sector de costa. Es cierto, es el máximo predador marino, pero sólo hubo un ataque registrado en el mundo a seres humanos, atribuido a un error. No somos sus presas", dice Roberto.

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