Oíd mortales, el grito sagrado

El Himno Nacional cosechó aplausos en Rusia gracias a una travesura infantil
El Himno Nacional cosechó aplausos en Rusia gracias a una travesura infantil
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31 de agosto de 2001  

Hace más o menos quince años viajé a una de las pocas ciudades neoclásicas que quedan en el mundo: San Petersburgo.

Un lugar que a pesar de la dureza de su régimen, con la pobreza y el extremo peso dictatorial, logró preservar muchas cosas, aun a costa del dolor de su gente.

Yo ya había ido muchas veces a Rusia, pero como por esa época la circulación por sus caminos estaba muy complicada, para conocer la ciudad me enganché con una amiga rusa en un tour para argentinos.

Hicimos todo el paseo por San Petersburgo, visitamos los palacios, el complejo del Museo Hermitage, vimos todo lo que había para ver, y finalmente llegamos a la glorieta de Pedro el Grande, desde donde puede verse toda la ciudad a orillas del río Neva.

Cuando bajamos del vehículo, debajo de un monumento oímos a seis chicos rusos vestidos como músicos del siglo XVIII, con su golilla de encaje, el taquito alto, las medias blancas, sus pantalones calzones hasta la rodilla y un peluquín blanco estilo Mozart.

Algo sorprendente y maravilloso, porque con sus instrumentos de época tocaban el Himno Nacional Argentino.

En medio de ese tumulto, apenas reconocimos la melodía nos dimos vuelta y corrimos a sacarles fotos, a filmarlos, a mirar totalmente estupefactos la gracia y la maravilla con que estos niños tocaban las estrofas de nuestro himno con su pequeña orquesta de cámara.

Con las estrofas finales, los dieciocho argentinos que veníamos en el camioncito del tour sacábamos emocionados nuestros dólares y se los dábamos agradecidos.

Un tipo llegó a ponerles cinco dólares, porque decía... ¡qué divino que es el Himno Nacional Argentino, qué divino...! Entonces yo le pedí a mi amiga rusa que les preguntara por qué lo tocaban. Ella les hizo la pregunta, y le contestaron que lo habían escogido para su repertorio porque era una pieza de gran belleza, una joya romántica, una composición musical extraordinaria, y que ellos la admiraban por sus valores intrínsecos.

Nos fuimos muy emocionados, y cuando terminamos el tour, al llegar al hotel mi amiga rusa me dijo: "Tengo que aclararte algo. No creas todo lo que me dijeron los chicos. Ellos tienen una lista escrita con los horarios de los distintos tours y saben que a las 11 caen los argentinos, y 11.30 los venezolanos, después los uruguayos, los mexicanos y así sucesivamente. Están arreglados con las camionetitas de las agencias de turismo, y tienen preparadas versiones para cada país". (Bravísimo.)

El autor es Enrique Fischer, un trovador de los niños. Nacido en Gualeguaychú, es autor de la canción El auto de papá y de numerosos libros infantiles.

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