Oslo contagia el espíritu de los navegantes

Esta capital, punto de partida para conocer los fiordos, es tan antigua como austera y armoniosa, pero la realeza da que hablar
Esta capital, punto de partida para conocer los fiordos, es tan antigua como austera y armoniosa, pero la realeza da que hablar
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31 de agosto de 2001  

OSLO.- Todo el cosmpolitismo que se puede encontrar en Copenhague y Estocolmo parece borrarse de un plumazo en Oslo. Algo en la atmósfera de la ciudad, en el trato de su gente, la hace diferente del resto: más cerrada sobre sí misma, más vikinga.

No es una casualidad que Noruega haya elegido no ingresar en la Unión Europea, una decisión que sólo Islandia compartió entre sus vecinos nórdicos.

Los noruegos tienen conciencia también de esa diferencia, y por eso esperan que la gran fiesta de este fin de semana -cuando el príncipe heredero se case con su novia, una historia que trajo no pocas vueltas en el reino ya que la joven es madre soltera de un niño cuyo padre tiene antecedentes por tráfico de drogas- les permita desacartonar su imagen en Europa. Y para eso, ¿qué mejor que una pareja enamorada? La realeza de medio continente lo sabe, y lo explota, aunque sea tan moderada como las familias reales escandinavas, poco afectas a los escándalos comunes de ciertos principados mediterráneos...

En todo caso, será una ocasión distinta para estar bajo los reflectores: habitualmente, Oslo sólo es noticia cada diciembre cuando se entrega el Premio Nobel de la Paz.

Para recorrer a pie

Oslo, la antigua Cristiania, es una ciudad armoniosa, que conjuga con habilidad las huellas de su pasado -es la más antigua de las capitales escandinavas- con las líneas que impone la arquitectura moderna.

Aquí, las individualidades son fuertes y poco comunes las multitudes: aunque Oslo es la ciudad más grande de Noruega, tiene poco más de medio millón de habitantes, y es ideal para recorrer a pie.

Basta comparar el austero edificio de la Municipalidad (Rådhus, igual que en Copenhague, ya que los dos idiomas noruegos que existen, el nynorsk y el riksmål, deben mucho a su primo danés), decorado con mosaicos que reflejan escenas de la mitología nórdica, con la brillante elegancia de su par sueco, que cada año hospeda el banquete del Nobel, para hacerse una idea de las diferencias entre un país y otro.

La principal calle peatonal es la Karl Johans, que lleva-después de sortear negocios, cafés y músicos callejeros- a la catedral, la Oslo Domkirke. Más adelante, desemboca en el edificio amarillo del Parlamento (Stortinget) y la Eidsvollsplass, una plaza cuadrada junto al Teatro Nacional, cuyo edificio homenajea especialmente a uno de los padres de las letras noruegas: Henrik Ibsen.

Desde allí se está cerca del Museo Histórico, que traza un panorama de los antiguos tiempos vikingos, y la Galería Nacional, muy visitada porque conserva algunas de las principales obras de Edvard Munch.

Hay que tener en cuenta, al visitar estos museos, que suelen cerrar temprano, salvo un solo día (conviene consultar cuándo en las oficinas de turismo) en que la apertura se prolonga hasta el anochecer.

Cambio de guardia

La Karl Johans termina en el Palacio Real, residencia oficial de los reyes, que no está abierto al público, pero sí está rodeado de agradables parques públicos.

Al mediodía, vale la pena detenerse para cumplir con otro de los ritos que se repite con pocas variantes en todos los palacios nórdicos: el cambio de guardia.

En pleno verano, otro de los centros de atracción de Oslo es el mercado de flores, en la plaza Stortorget. Allí, una estatua de Christian IV, rey de Dinamarca y Noruega, a quien le debe su nombre la antigua Cristiania, señala con la mano derecha el lugar fundacional de la ciudad.

Un modelo reducido de la vieja capital se puede ver en el Museo de Cristiania, que ocupa una de las alas del castillo de Akerhus, en el lado este del puerto.

La visita vale la pena: de aspecto medieval por fuera, la fortaleza fue convertida en un palacio renacentista por Christian IV, y sobre todo de noche, se vuelve majestuosamente bello gracias a las iluminaciones que aligeran su masa de piedra.

Datos útiles

Traslados

Oslo Card: US$ 33

Pase por dos días que da entrada libre a museos, trasporte público gratuito y descuentos especiales

Alojamiento

* * * US$ 110

* * * * US$ 150

* * * * * US$ 200

Los precios son por habitación doble

Souvenirs

Los que quieran llevarse un buen recuerdo pueden comprarse unos trolls (duendes) de resina (a partir de unos 30 dólares para muñecos de unos 10 centímetros de alto). También salmón ahumado y reproducciones de objetos vikingos.

Más información

Embajada de Noruega, Esmeralda 909 (4312-1904).

Internet:

  • http://www.visitnorway.com
  • http://www.visitoslo.com
  • Exploradores y guerreros

  • Mientras los vikingos daneses se instalaron en Normandía e Inglaterra, y los suecos fueron los forjadores de los primeros reinos rusos, los noruegos exploraron el Atlántico Norte y llegaron hasta las costas de América. Los habitantes de Islandia y de las islas Feroe son primos lejanos de aquellos exploradores, que eran a la vez criadores de ovejas y temibles guerreros. En fin, vikingos. Desde la misteriosa desaparición de las colonias escandinavas de Groelandia hace cinco siglos, son los pueblos que ensancharon Europa hacia el Oeste.
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