Para evocar historias eternas

Minerva tiene su templo en Fiésole
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20 de octubre de 2000  

Ni los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, ni las terribles inundaciones de 1966 en Florencia pudieron destruir los grandes monumentos que esta ciudad ha conservado para admiración de la humanidad.

Toda la región Toscana es rica en yacimientos arqueológicos y ahora, donde antes había templos paganos se levantan iglesias y los viejos castillos siguen vecinos de las antiguas ciudades fortificadas.

Y allí, en las frescas colinas de Fiésole (un verde refugio veraniego a solo ocho kilómetros al norte de Florencia), donde vivieron personajes ilustres como Galileo Galilei, se encuentra un tesoro más de la civilización etrusco-romana.

La ciudad de Fiésole fue un importante centro de poder creado en el siglo VII a.C. ,y perduró hasta la fundación de Florencia por los romanos en el año 59 antes de Cristo.

Construido en una de estas colinas y al alcance de una visita en el día, mientras se disfruta de Florencia, se encuentran los restos arqueológicos de un pequeño templo etrusco, retocado en la época romana, con sus baños termales y un gran teatro de la era imperial construido en el siglo I a.C., con capacidad para dos mil espectadores.

El conjunto está excepcionalmente conservado (es uno de los pocos existentes de este tipo), en particular las graderías y los ambientes que oficiaban de camarines y donde se guardaba todo lo necesario para las representaciones.

Erigido sobre un predio de tres hectáreas, que incluye las piscinas para baños termales, fue dedicado en el siglo IV a Minerva, diosa de las virtudes terapéuticas.

Junto al yacimiento se encuentra el magnífico Museo Faesulanum, que recoge testimonios de la protohistoria hasta el Medievo, exponiendo cerámicas, esculturas y sepulcros de la vieja aristocracia etrusca.

Fiésole es un paseo más que recomendable, no sólo por su riqueza histórica, sino también porque es un balcón panorámico natural, bajo el cual se extiende a lo lejos, la encantadora Florencia.

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