París bien vale una misa

Alicia Haydee Augugliaro
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4 de diciembre de 2011  

"París bien vale una misa", fue el comentario de Enrique IV al tener que abjurar al protestantismo y declararse católico para acceder al trono de Francia.

Y París vale una misa y ¡una procesión completa!

La primera impresión es quedarnos, como se dice popularmente, con la boca abierta ante las cúpulas doradas, los puentes con esculturas de oro, los palacios, los jardines, las diagonales, las avenidas..., en fin. La magia sigue: el charme, la distinción, el buen gusto, la arquitectura, el arte, los espacios abiertos, los museos y las galerías, la gastronomía y tanto más.

El río Sena, principal arteria de París, divide la ciudad. A partir del mismo podemos hacer un paseo en barco, tanto de día como de noche, observando y disfrutando a su paso los principales monumentos de la ciudad, mientras una voz en off nos relata lo que estamos viendo.

Perfectas y armoniosas son las calles, diagonales y avenidas, prolijamente trazadas con sus petits hôtels, sus bares típicos y sus comercios destacados. ¿Quién puede resistir la tentación de tomar un capuchino en la vereda de un bar parisiense observando el Louvre, la Opera, la Madelaine, la Torre Eiffel, Notre Dame u otro famoso edificio?

Entrar al Louvre implica una emoción superlativa. Indescriptible sensación al ver las obras de arte más célebres de la historia. Uno se siente tan pequeño frente a ese arte.

La magnífica vista de la ciudad desde la Torre Eiffel, ícono de París, merece una significativa mención. La hora ideal para el ascenso es al atardecer, pues nos permite ver el París diurno y si nos quedamos, el París nocturno. Todo allí, desde las alturas, a nuestro alcance visual. Y Montmartre, de noche, con la bohemia, los bares y las tabernas, los músicos y pintores callejeros. Allí, sobre el Monte de los Martirios (eso significa Montmartre), la Sacre Coeur, con sus escalinatas, desde la cual la vista de la París nocturna nos hace estremecer.

Es así, París bien vale una misa. París vale ser visitada, saboreada, disfrutada, admirada y llevada para siempre en nuestro recuerdo.

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