París despierta siempre grandes amores

Horacio de Dios
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11 de mayo de 2003  

Amar es un verbo made in France . Por eso los bebes llegan de París. Sin embargo, no todos los romances parisienses tienen un final feliz. La vida a veces se copia de un teleteatro.

Le propongo comenzar por la catedral de Notre Dame. Si mira hacia el campanario podrá adivinar la sombra de Quasimodo enamorado de la gitana Esmeralda. Victor Hugo lo imaginó en la novela de 1831 que luego tomó la figura de Charles Laughton atormentado por Mauren O´Hara o Anthony Quinn por Gina Lollobrigida. Muy cerca, en la vecina isla de Saint Louis, en el muelle de Las Flores (Quaix aux Fleurs), una escultura en la fachada del edificio N° 9-11 recuerda a Abelardo y Eloísa. Por allí paseó la pareja mirando el Sena hace diez siglos. El teólogo perdió la cabeza por la alumna y el resultado fue trágico. El rector lo hizo castrar y ella fue recluida en un convento. No se vieron más y sus restos reposan juntos en el cementerio de Peré Lachaise.

A corta distancia, en el 17 del Quai d´Anjou y rue Poulletier, está el hotel de Lauzun donde Charles Baudelaire se apasionó con la mulata Jeanne Duval, la Venus Negra de Las flores del mal . Luego se casó con la Venus Blanca, madame Sabatier.

Una trilogía parecida se cuenta en el Museo Rodin. Augusto se flechó con Camille Claudel cuando tenía 43 años y ella 19. Hay una fotografía que la muestra en esa edad lo mismo que varias de sus esculturas al lado de las de su maestro. La relación duró 15 años y terminó con la demencia de la amante reflejada en el cine por Isabelle Adjani y Gérard Depardieu. Y el escultor a los 77 años se casó con Rose Beuret, su novia de siempre, que lo esperó medio siglo.

En el Palais Royal, frente al Louvre, está Le Grand Véfour. Ya era un restaurante famoso antes de la Revolución Francesa. Allí el joven Napoleón invitó a comer a Josephine, la belleza de Martinica que había perdido a su marido en la guillotina y era ocho años mayor. Todavía se conservan las placas con sus nombres en las sillas de terciopelo. Nunca dejaron de quererse a pesar del divorcio por razones de Estado porque no podía darle un heredero al emperador. Cuando murió él hizo cubrir totalmente su tumba con violetas, que eran las flores preferidas de ambos.

Con celos, también

Sigamos a La Madelaine, en el barrio que levantó su copa para el brindis de La Traviata, de Giuseppe Verdi. La ópera se inspiró en la pasión que sacudió a Alejandro Dumas (hijo) en sus 20 años, al conocer a María Duplessis, que era la cortesana más cotizada de la ciudad. El rompió por celos y ella, ya enferma mortalmente a los 23 años, le mandó cartas de amor que recién conoció después de la muerte de su amada. El resultado fue La dama de las Camelias . Una novela que estaba más cerca de la vida real que de la ficción. Por eso, los franceses, siempre sutiles para l´amour, ubicaron sus tumbas calle por medio en el cementerio de Montmartre. Por supuesto que hay un museo dedicado a la Vida Romántica, en la 16 rue Chaptal, cerca de la estación Pigalle, dedicado a George Sand. Por supuesto, abundan recuerdos de sus relaciones con Prosper Mérimée (autor de Carmen ), Alfredo Musset y Federico Chopin, entre otros.

Como cierre, vale la historia de Honorato de Balzac. El autor de la Comedia humana se carteó durante décadas con la condesa polaca Eveline Hanska. Ella prometió casarse apenas muriera su marido. Quedó viuda en 1843, pero demoró su promesa siete años. Balzac había comprado una casa para los dos. Sólo la disfrutó meses porque se casaron en marzo de 1850 y él murió en agosto. La Mansión Balzac está en 47, rue Raynouard en el barrio de Passy, equivalente a Palermo Chico en Buenos Aires.

Cualquier parecido con una tira es simple coincidencia.

horaciodedios@fibertel.com.ar

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