Pedaleando por la historia

Un novedoso paseo en bicicleta por Buenos Aires combinado con representaciones del pasado argentino, que invitan a participar, en diferentes lugares
Un novedoso paseo en bicicleta por Buenos Aires combinado con representaciones del pasado argentino, que invitan a participar, en diferentes lugares
Daniela Dini
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23 de marzo de 2014  

La ciudad a veces puede parecer otra. Con un poco de imaginación y creatividad, el caos habitual al que los porteños estamos acostumbrados puede esfumarse y de repente Buenos Aires convertirse en la locación perfecta para un viaje a través de la historia argentina. "Estas no son bicicletas, sino nuestra propia máquina del tiempo", dice a modo de bienvenida Jonathan Misrahi, el host de Biking Buenos Aires, mientras se calza el chaleco rojo y un sombrero de copa, y mira la hora en su reloj de bolsillo antiguo.

Es el comienzo de Caught in the act un novedoso circuito en bici con teatro inmersivo, donde el espectador se involucra en la trama formando parte de la obra, entre una locación y otra.

Son las 4 de la tarde del domingo. El punto de partida es San Telmo, pero él invita a entregarse a la experiencia y vivir las siguientes cuadras en las que se avanzará hacia el barrio de La Boca, pero retrocediendo en el tiempo: calle a calle se irán sumando distancias y restando años, hasta llegar al río, al puerto de los inmigrantes, el mismo que recibió a nuestros abuelos y bisabuelos.

Como todo tarde dominguera hay turistas dando vueltas por todas partes, entre las callecitas coloridas, los hinchas de Boca y los artistas callejeros. Pero en el rincón que los actores eligen como locación, con el río de fondo, se recrea la bienvenida a esa nueva tierra que era la Argentina a fines del 1800. Los espectadores tenemos que abandonar por un rato las bicis y hacer fila para recibir los nuevos pasaportes, tal como nuestros antepasados lo hicieron.

Así, con nueva identidad y con el cansancio del viaje -que dejó de ser una bicicleteada para transformarse en una larga travesía en barco- bailamos una tarantela con una madre e hija italianas que no hablan una palabra de español. Metros más adelante avanzamos hacia Caminito, el de los conventillos y las historias, los amores perdidos y las estafas callejeras: es que todo lo que puede ser parte de la idiosincrasia porteña se muestra en su justa medida, haciendo reír, sorprendiendo. En escena aparecen, entre otras, las aventuras de una mujer despechada, que llora por el amor que la dejó, y termina batiéndose a duelo con una de las espectadoras por el recuerdo de su amante.

De allí, las bicicletas avanzan entre las calles y también en el tiempo, hasta llegar al parque Lezama y descubrir a una joven y glamorosa actriz, nacida en Los Toldos y con aspiraciones de estrella, que está filmando allí. Siguen flashes y autógrafos con ella, mientras los espectadores tomamos una merienda reparadora de mate y alfajores. Pero como no todo en la historia argentina es para sonreír, el recorrido en el tiempo hace su justo homenaje aun en los episodios más oscuros.

Las sonrisas de todos se apagan al bicicletear hasta Paseo Colón al 1200 y llegar a la plazoleta justo debajo de la autopista 25 de Mayo, donde funcionó el Club Atlético, un centro clandestino de detención durante la época del proceso. Las máquinas en el tiempo nos llevan al Mundial del 78 y un hincha grita el gol de Kempes e incita a festejar con él, hasta que aparece una vecina desesperada, pidiendo ayuda porque su hijo falta desde hace días.

La escena se transforma: la misma mujer se pone un pañuelo blanco en la cabeza, reparte volantes con las imágenes de otros desaparecidos e invita a marchar con ella, hasta que un militar autoritario amenaza a todos y se la lleva. Mientras ella se aleja y nos pide que no la olvidemos, a ella y a las otras Madres, nos subimos a las bicicletas.

Casualmente o no, la tarde se oscurece como uno de los episodios más terribles de la historia argentina, y con un inevitable nudo en el estómago avanzamos hacia Puerto Madero. Allí, en uno de los diques, con el Puente de la Mujer en el horizonte, están ellas. Son dos banderas dormidas, la argentina y la británica. Es que el último tramo nos transportó hacia 1982, y Jonathan invita a alguien del grupo a leer una carta: es la de uno de los chicos que fueron a pelear a Malvinas. De un instante a otro, las banderas cobran vida en los cuerpos de las dos actrices, que sin decir una palabra se baten a duelo bailando un tango que conmueve hasta las lágrimas, mientras se seducen en una danza tan armónica como terrible.

Cacerolas y espíritus

El cielo es parte de la escenografía natural, y justo cuando uno de los espectadores lee la carta de la madre del joven soldado empieza a llover. Nos ponemos los pilotos y nos alejamos de la escena que logró, maravillosamente y sin palabras, sumergirnos en otro de los momentos más tristes de la Argentina. Pero como la historia exige avanzar, pedaleamos hacia el siguiente suceso, que espera entre las calles ahora desiertas del microcentro, donde en 2001 los bancos cerraron sus puertas y los argentinos salimos a cacerolear y exigir por nuestros ahorros y nuestra dignidad. Así que eso hacemos: caceroleamos, protestamos y escuchamos los reclamos de cada sector de la sociedad argentina.

Las horas van corriendo e indefectiblemente, el telón de fondo se va cerrando. Ya es de noche en Buenos Aires y por algún motivo no hay luz en la Plaza de Mayo. Sólo la Casa Rosada está iluminada, con un halo que la hace ver especial. Estacionamos las dos ruedas que oficiaron de transporte en el tiempo y finalmente, nos hacen aterrizar en una Buenos Aires más actual, pero que parece dormida un domingo a la noche, en esa plaza tan representativa, tan nuestra.

Justo antes que el viaje termine, se oye el sonido del viento y aparece un espíritu, convocando a la paz, una sorpresa reservada para el final del recorrido. Jonathan nos invita a tomar nuestras bicicletas por última vez para regresar a 2014. La travesía terminó, pero el viaje continúa, y así lo definen sus últimas palabras, evocando al poeta Miguel de Unamuno: "La historia no es lo que pasó, sino cómo la recordamos".

Datos útiles

Caught in the Act. Atrapados en el acto -por Biking Buenos Aires y Compañía Faro-. El tour dura cuatro horas y comienza en San Telmo. Incluye guía, bicicleta, casco, refrigerios y el espectáculo interactivo en vivo. Se ofrece en inglés al público en general, y en castellano a grupos cerrados, con reserva. Todos los domingos por la tarde, de marzo a junio. Costos y otras consultas en www.bikingbuenosaires.com , www.companiafaro.com.ar

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