Playas con piscinas y acuarios

Brasil. En el litoral de Pernambuco, un balneario de verano eterno, a 60 km de Recife, con manglares y arrecifes que viven según las estrictas leyes de la marea y la cachaça
Aníbal Mendoza
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1 de marzo de 2015  

Crédito: Asociación de Hoteles de Porto de Galinhas

El vademécum de playas que compone Brasil pone a prueba la imaginación de sus funcionarios de turismo. Las populares viven del cuento, las ignotas ofrecen la franquicia de la discreción y las menos agraciadas van sobradas de comparsa. La mayoría coincide en sus folletos en promoverse como diferentes, como si el sol y el mar demandaran una plusvalía de singularidad. Así y todo, el litoral nordeste de Brasil convida paisajes que en latitudes más cercanas no se consiguen. Sus aguas templadas y pintadas de turquesa van y vienen al ritmo de sus mareas y revelan por el camino los secretos de su biodiversidad.

Unos 60 kilómetros al sur de Recife, Porto de Galinhas es proclamada en los rankings de la prensa local como una de las mejores playas del país, a tono con el amor por el exceso que profesan los brasileños. En pocos años pasó del boca en boca al culto de unos cuantos, de ahí al estrellato y en todas sus derivaciones figura en el top ten de los destinos de moda.

Su marca en el orillo es el arrecife que la cerca en toda su dimensión. Una barra de coral que cambia de silueta en cada retirada de las olas y deja entrever tanto piletas como acuarios naturales a golpe de vista.

Subí que te llevo

Hasta allí no se puede llegar al voleo y sacando pecho. Sólo lo hacen los residentes, conocedores del horario de las mareas. En la ribera, frente a la Villa de los Pescadores, se apelotonan las jangadas, las únicas que tienen permiso para ofrecer los paseos. Las embarcaciones de madera llegan a las zonas de arrecifes en cuatro volantazos. Los viajeros descienden con las chancletas puestas por una zona delimitada por sogas y boyas que trazan el sendero. La decena de monitores de la Prefectura de Ipojuca, el municipio al que pertenece la playa, ordena el tránsito como para que los viajeros limiten su caminata a la hoja de ruta.

Hay que mirar el suelo para esquivar la caravana de cangrejos y la población de erizos camuflados en los rebordes de las formaciones de rocas, indiferentes al escrutinio de turistas tanto como al de los guías y su artesanal modelo de negocio.

Una de las piletas tiene el formato del mapa de Brasil y concentra bancos de peces de colores. Pueden llamarse donzelinhos, sargentos, saberês y son los protagonistas de una coreografía de nado sincronizado mientras dura la creciente. Cuando bajen las aguas volverán al océano a remarla, como todos. Sin público para deleitar.

La expedición ofrece el postre de la inmersión con snorkel en estos acuarios improvisados por las mareas. Los jangadeiros llevan bolsas de alimento balanceado para que los turistas arrojen a los peces, se trencen en un pogo de barrabravas y conviertan al mar en un vaso de soda. También está la opción de mergulho en piscinas sin cardúmenes, en un entorno que se presta al relax, fuera del conventillo.

Porto de Galinhas se las arregla para recibir viajeros de todos los frentes. Consolidado como uno de los destinos de referencia del Nordeste, su provisión principal de turistas es del propio Recife, cuyas costas, por impacto ambiental y la letra chica del progreso, son un espeto corrido para los tiburones.

Los brasileños llegan desde todas las comarcas, aunque el reto del gobierno es convertir a la playa en un polo de atracción para los argentinos. La estrategia motivó el estreno el mes último de un vuelo directo semanal desde Buenos Aires hacia Recife, la capital de Pernambuco.

Parejas, familias, jóvenes y viejos, todos tienen su porción de balneario en los 32 kilómetros de litoral, con una infraestructura acorde con su estatus. Más allá de la vocación heterogénea, la tendencia irrefrenable del Nordeste son los resorts a todo trapo. Cada uno ofrece su enciclopedia de servicios, playas propias y cobertura de necesidades que cualquier hijo de vecino desconoce que existen. La playa de Muro Alto concentra los hoteles más lujosos del balneario.

Durante el día, cada tipo de viajero enfila para su territorio. Los buceadores tienen para fondear en la ruta de los naufragios y en las paredes rocosas de los corales. Los surfistas salen a amansar olas en la vecina Maracaípe. Allí el mar se somete a la lógica de las guiones de hierro. Se mueve entre la impaciencia y la contención para estallar en el momento oportuno. Para los niños, todo charco es Disneylandia.

Desde la Villa de Pescadores salen jangadas (embarcaciones típicas del Nordeste) para disfrutar de las piscinas naturales
Desde la Villa de Pescadores salen jangadas (embarcaciones típicas del Nordeste) para disfrutar de las piscinas naturales Crédito: Martín Mangudo/Embajada de Brasil

La noche es fiel a la mitología de la marca Brasil. El calor es una lección de moral y sobrevuela la premisa de la diversión. Restaurantes y lanchonetes se adaptan a todos los bolsillos sin necesidad de demandar un riñón en comodato. Para los que están de marcha, el boliche Lua Morena programa forrô, con profesores en pista para los negados. En Birosca da Cachaça hay bandas en vivo y clima para prolongar el chichoneo hasta la madrugada. Caipirinhas y capetas son los tragos que mandan.

De octubre a junio tiene lugar el desove de las tortugas marinas. De sus nidos distribuidos en toda la extensión de la costanera, unas siete mil romperán el cascarón a cielo abierto, frente a los ojos del soberano.

Otra de las atracciones que ofrece la naturaleza es la omnipresencia de un árbol centenario, el baobab, recordatorio de las encrucijadas existenciales de El Principito. Distribuidos a su antojo, posiblemente fueron plantados por los esclavos en la época del imperio.

En rigor, la denominación de Porto de Galinhas alude a la contraseña que utilizaban los traficantes en la época que refrendó la abolición. Cuando arribaba una remesa clandestina de negros africanos llegaban camuflados en las bodegas de los barcos entre jaulas de gallinas. Los contrabandistas voceaban entonces la llegada de gallinas al puerto y los estancieros, su clientela, se percataban así de su contenido.

Barro tal vez

Si hay una formación que distingue geográficamente al Estado de Pernambuco es el manglar. Los aquí llamados mangues son bosques húmedos entre la tierra y la costa que contienen un mundo propio acuartelado en esa transición. Un eslabón fundamental de la cadena alimentaria de los que viven del mar. Los cangrejos, en su versiones xie, siri, aratu, son los exponentes más renombrados de este ecosistema de barro, superpoblado de miles de especies de invertebrados, plantas, moluscos.

Alta productividad de la naturaleza, pornografía triple X para científicos.

En el Pontal de Maracaípe, a diez kilómetros de Porto de Galinhas, otra travesía permite recorrer ese estuario hacia el encuentro con el mar.

Desde la desembocadura, la balsa colectiva debe arrastrarse con ayuda de los pasajeros para emprender el camino río adentro. Una vez conseguida la línea de flotación, ladea para contemplar las raíces aéreas de los árboles y el desfile de crustáceos de todos los tamaños.

En cada paseo hay un clímax. En este caso, el plot point lo marca el encuentro con una colonia de caballitos de mar que forma parte de Hippocampus, un proyecto que vela por la preservación de esta especie.

El balsero apunta hacia un montículo de piedras y frena la marcha para que un compañero suyo se zambulla en el fondo. Más tarde llega munido de un frasco con un ejemplar nadando en salmuera, dispuesto para la sesión de fotos. Al rato lo devuelve a su entorno y todos los presentes, amaestrados en una concepción de turismo sin intervención de garfios, respiran aliviados.

Las palmeras salvajes

Toda playa se define por oposición. Si el viajero rumbea unos 30 kilómetros al sur, en los dominios de Tamandaré, el paisaje se inmiscuye en el programa con un nuevo apostolado. Praia dos Carneiros desoye el llamado de la multitud y vive ajena a las leyes propias del verano.

En sus costas perdura lo rústico que Porto de Galinhas resignó en manos del desarrollo y el baño de masas. Rodeada de cocoteros, la playa también reserva su cuota de arrecifes y piscinas naturales aún sin domesticar.

Desde la Villa de Pescadores salen jangadas (embarcaciones típicas del Nordeste) para disfrutar de las piscinas naturales
Desde la Villa de Pescadores salen jangadas (embarcaciones típicas del Nordeste) para disfrutar de las piscinas naturales Crédito: Martín Mangudo/Embajada de Brasil

La estampa bucólica cuadra con la atmósfera. La playa es una prolongación de las mansiones que la cortejan. En rigor, para entrar por tierra hay que pasar por terrenos particulares, aunque no tienen la potestad de la admisión.

La arena es blanca, el mar sosegado y, más allá de los confines, aparece una iglesia, construida por la familia Rocha, santa patrona de la jurisdicción. La capilla de San Benedicto que data del siglo XVIII es uno los señuelos para pollerudos y Susanitas en arreglo de sus primeras nupcias, una de las promociones turísticas más solicitadas.

Hacia el mediodía se impone un alto en la Pousada Praia dos Carneiros para agenciarse una sinfonía de frutos de mar (115 reales) o una peixada pernambucana (98). El mejor preludio a uno de los paseos en catamarán a los ríos Ariquindá y Formoso, en cuyo cruce tuvo lugar la batalla naval del Fuerte del Reducto entre holandeses y portugueses en el siglo XVII. Aunque de aquello no quedan ni las migas, en el trayecto se encadenan las piscinas naturales, los bancos de arena, los manglares y las playas de arcilla, aptas para embarrarse y jugar como guerreros de Camboya. No hay nada mejor en los cinco kilómetros de extensión. Ni falta que hace.

Datos útiles

Cómo llegar. Desde el 25 de enero, Latam tiene programado vuelos directos a Recife desde Buenos Aires, con una duración de 5 horas, con una frecuencia semanal, con salida los domingos. Precios: desde $ 5235 finales para volar hasta el 18 de junio.

Cuándo ir.. De clima tropical caliente y húmedo, el promedio de temperatura alcanza los 25°C, con mayor incidencia de lluvias de mayo a julio.

Paseos. . Jangada hacia las piscinas naturales: 13 reales por persona (5 dólares). City tour Recife/Olinda: 18 dólares. Porto de Galinhas full day: 25 dólares. Praia dos Carneiros: 30 dólares.

Dónde dormir. EN PORTO DE GALINHAS

Summerville Beach Resort. Complejo de inspiración contemporánea, todas las habitaciones disponen de balcón privado con vistas al mar. Habitación en base doble desde 605 dólares, con pensión completa incluida (desayuno, almuerzo y cena). www.summerville.com.br

Nannai Resort & Spa. Bungalows de lujo artesanal. Habitación en base doble desde 463 dólares con media pensión incluida (desayuno y cena). www.nannai.com.br

Enotel Acqua Club. Entretenimiento y juegos de agua para todo público. Habitación en base doble desde 494 dólares con all inclusive. http:www.enotelacquaclub.com.br/

Enotel Convention & Spa. Habitación en base doble desde 404 dólares con all inclusive. www.enotel.com.br

Más información. El sector de Turismo de la embajada de Brasil en Buenos Aires pone a disposición del turista un equipo de especialistas que lo ayuda a programar su viaje, brindándole toda la información que necesita respecto de recorridos, hospedaje, mapas, rutas, folletos y las principales recomendaciones para que disfrute Brasil.

Sector de Turismo de la embajada de Brasil en Buenos Aires, mail: turismo.buenosaires@itamaraty.gov.br. www.visitbrasil.com

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