Porto Alegre, donde el turismo juega otro partido

La capital de Río Grande do Sul, sede del partido de este miércoles entre la Argentina y Nigeria, y sus sorprendentes alrededores tienen mucho que ofrecerle a la hinchada visitante
Aníbal Mendoza
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22 de junio de 2014  

Los responsables de Turismo de Río Grande do Sul cifran en 18.522 el número de argentinos que adquirió entradas oficialmente para ver el 25 de junio el partido entre la selección y Nigeria en el nuevo estadio Beira-Río. Sin embargo, las autoridades estiman, alentadas por los cálculos de la FIFA, que esa cantidad, cuanto menos, se triplicará, entre corajudos a la caza de tickets de reventa o aventureros que aprovechan la volada, llamados a vivir el folklore del Mundial. Para todos, el Estado más al sur de Brasil tiene unas cuantas hojas de ruta para aprovechar la estancia.

Si bien los argentinos, por vecindad geográfica, proveerán el mayor número de extranjeros en la Copa, Porto Alegre recibirá a unas 200.000 personas de todo el mapa, lo que convertirá la cita futbolera en la mayor concentración de su historia moderna, tras el hito del Foro Mundial Social, la gran expo socialdemócrata que congregó a 100.000 manifestantes en 2001. Por eso, con la mayoría de la capacidad hotelera de la ciudad reservada desde hace meses, las alternativas de hospedaje se concentran fuera de su contorno.

Tanta alegría seguida

La capital estadual tira la casa por la ventana en su condición de anfitriona del Mundial. De los 32 días que dura la cita, 25 noches ofrecerá espectáculos como parte de la oferta de los Fun Fest institucionalizados por la FIFA como yapa más allá de los partidos.

En el caso de Porto Alegre, la caravana se extenderá en un radio de cuatro kilómetros de espacios públicos abiertos con escenarios y todo el cotillón entrevisto en ediciones pasadas, esta vez -Dios o el Doctor Sócrates nos protejan- sin el escarnio de las vuvuzelas que atronaron Sudáfrica.

Habrá locales de comida y bebidas, toda la matraca del merchandising oficial, chopinhos y caipiras al gusto del personal. Los desarrapados que no dejen un riñón en la reventa tendrán la posibilidad de ver los partidos en pantallas gigantes, preludiados por conciertos de artistas locales, probablemente de afinidad melódica a algún Ai se eu te pego de ocasión.

Cerca de allí, el Acampamento Farroupilha se ofrecerá como suerte de Parque Gaúcho a cielo abierto para que los turistas disfruten del folklore local en toda su iconografía, hermanada con las tradiciones argentinas y uruguayas en todos los frentes, incluido el mate y el caracú.

En estas pampas es fácil sentirse como en casa. La historia de Río Grande do Sul reivindica al gaucho como mito fundacional, con sus remisiones al caballo, la errancia y los atavíos estampillados en el Martín Fierro. La gastronomía traduce estas ínfulas en el churrasco, acepción del asado criollo que contempla cortes propios como la picanha y las mismas delicias afines.

Uno de los formatos más extendidos en los restaurantes de la región es el rodizio, sistema en el que las piezas de carne son llevadas a la mesa para que los clientes elijan y tomen si lo desean. Los gaúchos, literalmente, ponen toda la carne en el asador.

Hay vida más allá de la redonda

Porto Alegre merece una inmersión que trascienda el área que circunda al coqueto Estadio Beira-Río. El nuevo coliseo del Inter está radiante en su inminente estreno planetario y su loja de merchandising está apadrinada por una figura de tamaño natural de Andrés D'Alessandro, el inventor de la boba, ídolo de masas, con pedigrí monumental.

Un city tour remite al turista directamente a la manzana que reúne todo el entramado político estadual y municipal. La Praça da Matriz cobija a los tres poderes, la Iglesia y el teatro San Pedro, el de mayor prestigio de la urbe. Su monumento central homenajea a la república francesa y las ideas positivistas, traídas como suvenir por los hijos de los fazendeiros en sus vacaciones por Europa. A la vez es un recordatorio de la revolución republicana contra el imperio y por el mismo precio, una ofrenda al gaucho en su traslación verdeamarela.

De la ciudad erigida por sesenta familias llegadas de la isla de Azores en 1772, Porto Alegre derivó en un crisol de inmigrantes -sobre todo, alemanes, italianos y portugueses- conjuntados con una población originaria tamizada por once etnias. De su desarrollo a marchas forzadas en estos dos siglos y chirolas, la ciudad devino en una de las más ricas de Brasil, con un PBI alto que así y todo, como el estado, como el país, no disimula en los confines sus bolsones de pobreza.

A la vista del viajero, la ciudad adopta la forma de avenidas con palmeras imperiales, ómnibus con aire acondicionado y hacia el centro histórico, casas coloniales yuxtapuestas con los ladrillos de la modernidad.

Para los viajeros que estén predispuestos a una visita de médico hay atractivos con garantías de firma al pie. La avenida Borges de Medeiros, que une el Norte con el Sur, está atravesada por un puente desde donde se avista el Viaducto, la tarjeta postal de la metrópoli. A cinco minutos de allí, por la misma calle hacia el fondo, se emplaza el Mercado Público, con su oferta de provisiones en gastronomía, artesanato, especias para alquimistas. Allí, uno puede saciarse de delicatessen al paso o comer en un restaurante de tradición. También cobija la Casa de la Yerba Mate, que pasa revista a las versiones locales del aquí llamado chimarrao.

Un cacho de cultura

El Museo de Ciencias y Tecnología, levantado por la Universidad Pontificia, cautiva a cualquier visitante, sea forastero, niño o renegado. La entrada de 17 reales tercia de pasaporte al mundo de la ilustración. Unos 10 mil metros cuadrados de exposición en los que se revela, a través de un arsenal de chiches, la historia del conocimiento. El hit de la casa es un giroscopio humano, apto para dar unas vueltas por obra de la inercia. Cada piso ofrece dispositivos que permiten comprender las etapas del progreso del hombre, sus ideas y la acumulación de saberes de la familia universal. También se puede ver remolinos o terremotos, y vivenciar la gravedad lunar.

Cerca del estadio del Inter, si uno sigue la senda a la vera del río Guaíba se topa con la Fundación Iberê Camargo, joya de la arquitectura contemporánea de Brasil. La institución está dedicada a proteger y difundir la obra del creador homónimo, fallecido en 1994.

El edificio, de inspiración vanguardista, obtuvo el León de Oro en la Bienal de Arquitectura de Venecia 2002. Se trata de una escultura de hormigón blanco que en su interior contiene nueve salas de exposición, taller de grabado y de enseñanza, centro de documentación e investigación, además de albergue temporal de algunas de las cuatro mil obras del pintor expresionista. Durante el Mundial se puede visitar, con entrada gratuita, la exposición Libertad en movimiento, una muestra que aborda las caminatas en la experiencia artística, con obras de Joseph Beuys, Francis Alÿs, Richard Long, Dennis Oppenheim, entre otros.

Si queda tiempo antes de abrazar la causa de los Fun Fest, otra atracción es el Museo de Arte de Río Grande do Sul (Margs), donde conviven obras de Portinarí y Di Cavalcanti, y otras tantas de paladar negro del arte brasileño.

A la oferta oficial de juerga, Porto Alegre le agrega sus propios ritos. La noche reserva sus promesas de diversión al diámetro de la Cidade Baixa, que concentra bares y restaurantes en cadena. Lo trendy y lo clásico, sin fronteras entre sí.

La ribera siempre invita al paseo aguas adentro. El Guaíba acapara 72 kilómetros de recorrido y hay paseos en barco para bordear su silueta. Aviso para navegantes: aquí el frío es marca en el orillo. Mejor llevar abrigo.

Aparados da Serra: cañones en la niebla

A unos 190 kilómetros de Porto Alegre se encuentra Cambará do Sul, el municipio que contiene el Parque Nacional dos Aparados da Serra. Una vez sorteado el ingreso, basta con recorrer menos de un kilómetro para divisar unas extrañas paredes rocosas de mil metros. Los célebres cañones de Fortaleza, que del otro lado describen la frontera con Santa Catarina.

La escenografía desde los miradores retrata un conjunto de araucarias y ríos que se despeñan en cascadas, aquí denominadas cachoeiras. El choque del aire caliente del Atlántico con el frío de arriba crea un ambiente de neblina tan lúgubre como en las películas del expresionismo alemán. Mejor ir con cuidado –lo recomendable es contratar guías–, porque la brújula acá se pierde y hasta los más guapos hocican cuando se ven perdidos en barahúnda de nubes a pie de precipicio. El espectáculo es embriagador. Hay excursiones que programan itinerarios con rafting, rappel y toda el repertorio de las ecoaventuras.

La ruta del vino también llega a brasil

Bento Gonçalves y Garibaldi son las dos ciudades con una mayor proporción de inmigración italiana de Río Grande do Sul. Los herederos de esa tradición mantuvieron los mandatos de la tierra de los primeros colonos. Aquellas primeras vendimias artesanales mutaron en la mayor región vitivinícola brasileña. Garibaldi es la capital de los espumantes y Bento Gonçalves se jacta de albergar las mejores bodegas del país. Contra la superstición general de que en Brasil sólo se suda cerveza, los caldos destacan por su calidad, tributada con premios internacionales.

El año último, el llamado Valle de los Viñedos estrenó su condición de primera Denominación de Origen de Brasil, la conquista que le faltaba a su coronación como destino enológico.

Una de las opciones que ofrece a los viajeros mundialistas es la Ruta de la Uva y el Vino. El legado de los pioneros se traduce en múltiples emprendimientos que comprenden bodegas, cantinas y restaurantes boutique, que retan a legos y hedonistas con carnet.

Hay itinerarios por bodegas que reproducen el tránsito del vino de su etapa primitiva a la moderna, con degustación incluida. Detrás de las barricas, el paisaje se viste de sierra, con sus colinas y valles que reivindican el turismo rural.

A mitad de la romería a fondo blanco, los hinchas argentinos pueden testear los sabores de la Italia del norte, mechados con un siglo de aliños locales. La Estrada do Sabor congrega cinco emprendimientos familiares de prédica slow food y rendimientos de estrellas Michelin.

La Hostería de la Colombina es un must del circuito. Los fogones de Odette Bettu Lazzari, descendiente de inmigrantes de Cremona, ofrecen platos de inspiración lombarda, como ñoquis con salsa de salami, guiso de gallina, carne a la cacerola, polenta brustolada, que compelen a los comensales a cantar el himno de la Azzurra.

Vueltos a la ruta, una forma de digerir ese banquete de oficiales, sobre todo si se lleva en el regazo a la prole, es apostarse en la estación rodoviaria de la localidad de Carlos Barbosa. Desde allí sale el tren de vapor María Fumaça -el apodo de las locomotoras en Brasil- hacia Bento Gonçalves, en un viaje de 23 kilómetros que mezcla bailes típicos con acordeón, performance teatral y otra vuelta de degustación.

Ya prestos en el destino, la carretera se topa con un portón en forma de cuba, entrada principal del pueblo y pasaporte al Valle de los Viñedos. En el horizonte se plantan la campiña y las bodegas.

Como Miolo, que encabeza el ranking de las top, con el orgullo de haber producido el mejor Merlot del mundo en su cosecha 2005, gracias a la prédica de una década del consultor Michel Rolland.

Otra bodega boutique de la zona, Lidio Carraro, fue elegida por la FIFA como proveedora del vino oficial del Mundial, el Faces, un blend de once uvas oriundas distribuidas como un team futbolero, a 40 reales la botella.

Difícil consensuar el fin de los brindis. El paisaje decide por el turista. En el distrito de San Pedro se perfilan, una tras otra, casas construidas en madera y piedra. La ruta de Caminhos de Pedra revela las huellas digitales de la colonia italiana. Algunas construcciones se actualizaron y funcionan como restaurantes, otras ofrecen suvenires, dulces y quesos de elaboración propia. La mayoría está allí simplemente para dar cuenta de un pasado que para la historia son cuatro días locos.

Datos útiles

Cómo llegar

Aerolíneas Argentinas ofrece vuelos diarios a Porto Alegre, desde Aeroparque. A Garibaldi y Bento Gonçalves se llega especialmente por carretera en una hora y media de viaje desde Porto Alegre. A Gramado y Canela también se accede por ruta en aproximadamente el mismo tiempo.

  • EN PORTO ALEGRE

Dónde dormir

Hotel Laghetto Viverone Moinhos. A 10 minutos del centro, su fachada corresponde a una mansión de los años 30 que conserva todos los detalles de las construcciones aristocráticas de la época. Por dentro ofrece comodidades de infraestructura moderna con piscina caliente al aire libre, sauna seco, fitness center y lounges. Desde 300 reales en base doble con desayuno (chequear reservas antes de viajar). www.hotellaghettomoinhos.com.br

Dónde comer

Restaurante Gambrinus (Mercado Público, 85, centro histórico). Comidas típicas gaúchas, como carreteiro de charqui o bacalao con papas. De 70 a 100 reales. www.gambrinus.com.br

Galpao Crioulo: rodizio de corte clásico con show tradicionalista y artículos gauchescos (de allá). 70 reales por persona (sin bebida); www.churrascariagalpaocrioulo.com.br

Qué hacer

La capital más verde de Brasil cuenta con una agitada vida nocturna, extraordinarios restaurantes, museos, parques, exposiciones y casas de cultura. El Centro Cultural Santander, el Marcs, el Museo de Ciencias y Tecnología ofrecen atractivos para todas las edades.

  • Más información

www2.portoalegre.rs.gov.br/turismo

  • EN BENTO GONÇALVES Y GARIBALDI

Dónde dormir

Hotel Laghetto Viverone Bento Gonçalves. De edificación moderna ofrece habitaciones confortables con todos los requerimientos para los huéspedes. Fitness center, jacuzzi, sauna, cafetería, entre otros servicios. Desde 190 reales en base doble con desayuno. www.laghettoviveronebento.com.br

Dónde comer

Hostería Della Colombina, Estrada do Sabor, Garibaldi. Menú degustación compuesto por sopa, polenta, gallina, ñoquis con salsa de salami y carne a la cacerola. Menú a 45 reales (sin bebidas); www.estradadosabor.com.br

Restaurante Sborneas: distinguido local que reúne la tradición del rodizio de carnes con panqueques dulces y salados. 45 reales por persona (sin bebidas); www.restaurantesborneas.com.br

Qué hacer

Visitas a las bodegas del Valle de los Viñedos, Ruta de las Cantinas Históricas, recorrido por el Caminho das Pedras, la Estrada do Sabor (microemprendimientos de producción familiar), y el paisaje de colinas, sierras y ríos de la región. www.valedosvinhedos.com.br

  • EN CAMBARÁ DO SUL

Dónde dormir

El Parador Casa da Montanha ofrece unos bungalows de madera acondicionados con baño o jacuzzi. Acogedoras barras térmicas de estilo rústico, en plena consonancia con la hacienda que le da cobijo. Desde 329 reales en base doble. Posee restaurante propio con buffet libre de comida campera (regional).

Dónde comer

Rancho Cabotiá. Tradicional churrascaría que regentea una familia de origen alemán (sólo con reserva) al lado de un establo de caballos. Costillar de vaca cocinado doce horas a pe do chao, con buffet de ensaladas. 40 reales por persona. www.agenciadacolina.com.br

Qué hacer

Paseos en Jeep y cuatriciclo por los cañones Fortaleza e Itambeizinho, rutas de turismo aventura hacia las cachoeiras. Pesca deportiva, trekking y picnics. www.coioteadventure.com.br

  • EN CANELA Y GRAMADO

Dónde dormir

Hotel Gramado Master: amplios apartamentos con una vista antológica del paisaje del Vale do Quilombo. Ofrece fitness center, alquiler de bicicletas, piscina de agua caliente al aire libre. Desde 450 reales por persona en habitación con base doble. www.master-hoteis.com.br

Dónde comer

Lá en Casa: restaurante de buffet libre a 22 reales por persona + bebidas. Con ensaladas, pescado, feijao, entrecots, pollo y el infaltable arroz y feijao. El lugar donde comen los locales. Av. José Luiz Correa Pinto 346, Canela. TE: (54) 3278 1049.

Café Colonial: una bacanal de estilo alemán, donde desfilan por la mesa sin concesiones tortas de ricota, zanahoria, almendras, strudels, pollo y chancho asado, chorizos, criquetas de atún, polenta frita y demás, a 62 reales por cabeza. Mejor ir con hambre. www.gramadocafecolonial.com.br

Qué hacer

Canela y Gramado ofrecen paisajes alpinos y parques temáticos al por mayor. En Canela se puede visitar los museos de la Moda y el del Vapor, el Parque do Caracol y el Alambique Flor do Vale. En Gramado hay paseos por el Vale do Quilombo, o el lago Negro y los parques Snowland, Mini Mundo, La Casa de Papá Noel y más. También la casa Prawer, primera fábrica de chocolate casero de Brasil.

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