Praia do Rosa lleva la poesía en las olas

Cerca de Florianópolis, esta playa se puso de moda entre los argentinos que buscan tranquilidad y buen surf
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21 de diciembre de 2001  

IMBITUBA.- Aun para el que viaja frecuentemente, no deja de resultar llamativa la velocidad con la que se desarrolló la actividad turística en los últimos años. Quizá se deba a la evolución natural de una industria en crecimiento o a la inexorable transformación que trae el tiempo, pero cada año un nuevo hotel se inaugura, una ruta se pavimenta, y un destino antes ignoto comienza a ser conocido y frecuentado.

Este proceso es no ni bueno ni malo, aunque hay quienes recuerdan con cierta melancolía la época, no tan lejana, en que Playa del Carmen era una pequeña villa de pescadores y el Camino del Inca hacia Machu Picchu, un trayecto para aventureros solitarios.

Praia do Rosa es uno de esos sitios. Antiguamente discreto reducto de buscadores de playas solitarias, es hoy un destino que recibe a miles de visitantes por temporada, especialmente argentinos que llegan atraídos por la belleza del lugar y por su cercanía con la patria: se encuentra a ochenta kilómetros al sur de Florianópolis.

Posadas y pescadores

En la época en que muchas playas del sur de Brasil eran inaccesibles por tierra debido a la falta de caminos y a una vegetación frondosa en extremo, fueron los pescadores los encargados de nombrarlas, no en un afán de descubrimiento o poesía, sino por la necesidad de tener una referencia precisa de la costa.

Los nombres se asociaban con el de algún poblador de la zona con las imágenes que las playas producían en los pescadores. Así, Praia do Silveyra era el lugar donde vivía Silveyra; Praia Vermelha, el lugar donde el agua adquiría un tono rojizo por causa del óxido de hierro, y Praia do Rosa el sitio donde vivía Durvino Rosa, el único habitante de esa bahía de tres kilómetros.

Con el tiempo fueron llegando surfistas en busca de buenas olas y otros que se escapaban de la desgastante vida ciudadana. Tanto unos como otros se establecieron, y, junto con la población nativa (en su mayoría, pescadores descendientes de azorianos), convirtieron el lugar en un pueblo de casas dispersas y calles de tierra, que con las lluvias se volvían intransitables.

Hoy, el antiguo morro de Praia do Rosa, que sólo conocía un habitante, se ha poblado de casas de vacaciones, restaurantes y, sobre todo, posadas.

A diferencia de otros sitios de Brasil, el progreso ha encontrado un límite, al menos por ahora: no hay hoteles ni edificios de varios pisos, ni tiendas importantes. Ni siquiera hay una bulliciosa calle principal: la vida se desarrolla en la playa, al amparo de un mar sereno.

El público que visita Rosa es muy heterogéneo, pero se puede dividir, groseramente en dos grupos: surfistas y bañistas (o, como prefieren llamarlos algunos, barrenadores de olas y tomadores de sol). Los primeros, guiados por el viento, buscan el sector donde las olas son más grandes. Los segundos disponen del resto de la playa.

Hay algo que hermana a unos y a otros, tanto a los que se escudan bajo un traje de neoprene como a los que visten diminutas sungas y bikinis, sean brasileños o argentinos: es el mate, el chimarrão , que en tierras gaúchas es más popular que la caipirinha.

Cuando el sol arrecia o la permanencia en el agua amenaza con hacer crecer agallas, la ronda de mate al resguardo de una sombrilla es el punto obligado de encuentro y reunión.

Aquellos que siempre quisieron hacer surf, pero que no pudieron vencer miedos y prejuicios, encuentran en Rosa una instancia de redención: hay por lo menos dos escuelas de surf. Sérgio David, director de una de ellas y apodado O Capitã,o asegura que todos los alumnos van a terminar surfeando ("o les devolvemos el dinero"). Al final del curso hay un campeonato donde gana el que más se divierte.

La ballena franca también va a la playa

Entre junio y noviembre -especialmente en agosto, y septiembre- ballenas francas aparecen en el litoral de Santa Catarina para parir y amamantar a sus crías. Eligen principalmente las bahías de Praia do Rosa y de Pinheira (un poco más al Norte), debido a sus aguas protegidas.

Se ha determinado que estas ballenas son las mismas que visitan Península Valdés y el sur de Africa. A diferencia de la península, aquí pueden observarse perfectamente desde la playa, de la que no están más lejos de treinta o cuarenta metros.

La división brasileña de la International Wildlife Coalition (una importante coalición internacional de preservación de la vida silvestre) ofrece un programa de turismo ecológico donde los guías son biólogos y especialistas en ballenas. El viaje dura siete días con base en Praia do Rosa e Ilha do Papagaio, y además de avistamiento de ballenas, incluye visitas a la reserva Ilha dos Lobos, en Torres -donde se observan lobos marinos y distintas variedades de aves-, a las antiguas estaciones balleneras de Imbituba y Pântano do Sull, y a las localidades de Anhatomirim y Laguna, dos importantes colonias de delfines.

Datos útiles

Cómo llegar

En avión US$ 350

Hasta Florianópolis, de ida y vuelta, con tasas e impuestos.

El tránsfer hasta Praia do Rosa cuesta 30 dólares por persona. Los que viajan por tierra tienen que abandonar la BR 101 en el cruce de Garopaba.

Alquiler de autos US$ 50

por día

Alojamiento

Las posadas más económicas cuestan entre 10 y 15 dólares por persona y no ofrecen ningún servicio. Una posada intermedia, con desayuno, cobra entre 50 y 80 dólares la habitación doble. Las más caras, a partir de 120 dólares la habitación doble.

Comidas típicas

Un plato que no se puede dejar de probar es el camarão na moranga , camarones estofados y servidos dentro de una calabaza. Otro recomendable son las casquiñas do siri , algo así como cangrejo apanado y frito.

Clima

En verano, 30ºC. En invierno, 20ºC.

Localidades cercanas

Garopaba se encuentra 10 kilómetros al Norte; Imbituba, 15 kilómetros al Sur, y Florianópolis, 80 kilómetros al Norte.

Clases de surf

La clase de una hora cuesta 20 dólares. Incluye equipo y traje de neoprene.

Más información

Comité Visite Brasil. Cerrito 1350; atención, de lunes a viernes, de 9 a 14.30. E-mail: turismo@embrasil.org.ar

En Internet

http://www.praiadorosa.com.br

http://www.praiadorosa.tur.br

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