Recorrido literario por los Balcanes

Gonzalo Meschengieser
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20 de mayo de 2012  

En una librería de Madrid encontré Si un árbol cae, de la escritora catalana Isabel Núñez, hasta ese momento desconocida por mí. El libro describía un recorrido literario por los países de la ex Yugoslavia, buscando las razones de una guerra sangrienta, todavía inexplicable.

El relato me atrapó y dos días más tarde emprendía una aventura comprendida por dos de mis grandes pasiones: la literatura, viajar y una novedad, los Balcanes. Recorrí Bucarest, Brasov, Timisoara, Belgrado, Novi Sad, Sarajevo, Srebrenica, Mostar, Zagreb y Ljubljana.

Seguí el camino trazado por el libro: visité centros culturales y conocí decenas de escritores. Pude apreciar una cultura diferente, atravesada por cuatro religiones, otras tantas lenguas y pertenencias a civilizaciones de todo el planeta.

Quedé maravillado por sus paisajes, su gastronomía, su historia lejana y reciente, y por la belleza de sus habitantes. Aun siendo una región desconocida para los latinoamericanos (y el mundo entero, tal vez) me sentí identificado con su gente, se parecen mucho a nosotros.

Brasov es una pequeña y enigmática ciudad gótica en Transilvania. No obstante hallé en los delirios megalómanos de Nicolae Ceausescu el mayor atractivo de Rumania, en cuyo régimen intentó convertir a Bucarest en una ciudad colosal, con su versión del Arco del Triunfo y Les Champs-Elysées. Visité los grandiosos templos ortodoxos allí y en Timisoara. En esta última ciudad comenzó el levantamiento popular que inició el fin de Ceausescu (me resultó difícil hallar su tumba, sin lápida y repleta de cuervos).

Ya ingresando en la zona caliente de los Balcanes, en Belgrado, como en el resto de los países de la ex Yugoslavia, la guerra sigue viva: el bombardeo de la OTAN presente en todas las conversaciones. Visité el museo de las guerras y la tumba de Josip Broz, el mariscal Tito. Los centros culturales, los bares y una vista espectacular del Danubio completaron mi itinerario. Para los amantes del cine y la música es obligatorio pasar a saludar a Emir Kusturica, cuya imagen difiere radicalmente de la que ha proyectado aquí. Fui además al zoológico, que aparece en su film Underground.

Sarajevo emerge por sorpresa tras una curva en la ruta de montaña. Está en un valle, geografía aprovechada por los francotiradores durante el asedio. Se destaca por sus mezquitas y callejuelas: un enclave musulmán en el corazón de Europa. Los edificios bombardeados -pasé 5 noches en uno-, cementerios por todos lados, la zona de Ba??ar?ija, el Puente Latino donde Gavrilo Princip asesinó al archiduque Franz Ferdinand iniciando la Primera Guerra Mundial y el túnel de Butmir, que ayudó a salvar miles de vidas. Mostar es otro sitio imperdible, con sus paisajes, el tradicional puente destruido en la guerra y la consigna Don't Forget, escrita a mano en una piedra y símbolo de la lucha por la paz.

Zagreb y Ljubljana son más europeas, la primera con sus palacios señoriales y la segunda con sus canales y estatuas de dragones.

Tras regresar a España tuve una nueva oportunidad, la de compartir mi viaje con Isabel Núñez. En un café de Barcelona conversamos durante horas. Le agradecí el haberme transmitido -sin habérselo propuesto- su pasión por esta fascinante región.

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