Recuerdos de adobe

En Catamarca, un recorrido por capillas de tiempos coloniales
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4 de mayo de 2003  

TINOGASTA.- La historia siempre da una segunda oportunidad. Es lo que les sucede a algunas modestas capillas de adobe que salpican los estériles paisajes de la Puna catamarqueña, que acaban de sobrevivir a tres siglos en el olvido casi completo. Erigidas en tiempos de conquista, colonización y evangelización, sirvieron de cimiento a la nueva cultura que los españoles sembraron hasta en el corazón más inhóspito de los Andes.

Durante todo este tiempo, apenas si fueron obstáculos para el viento zonda, sólo una impronta de la mano del hombre en un paisaje hecho a medida de los dioses.

Sin embargo, los dioses se olvidaron hace mucho tiempo de esta región, y hubo que esperar la llegada del turismo para que se revalorice el extraordinario valor patrimonial de estas capillas y modestas iglesias hechas de barro, madera y paja. El clima fue el otro protagonista de esta recuperación: bajo uno de los cielos más secos del planeta, estas frágiles paredes pudieron pasar los años, las décadas y los siglos. Los daños fueron causados, en realidad, por los terremotos. Pero entre Tinogasta y Fiambalá se están restaurando varias capillas que forman etapas en un nuevo circuito: la Ruta del Adobe.

Soledad y aridez

La Ruta del Adobe permite no sólo sacar del olvido las iglesias de la región, sino también los gestos milenarios de la construcción en adobe. Para restaurar cada una de las construcciones se enseñó, y se formó, a un grupo de artesanos de la región las técnicas que se empleaban hace tres siglos.

En todo el oeste catamarqueño, el adobe se adapta perfectamente a la aridez del clima, y, sin duda, es también un material más apto para enfrentar con flexibilidad los frecuentes movimientos telúricos que las construcciones con materiales y cemento. Sin embargo, a veces los sismos son más fuertes: hace poco más de un año, un movimiento destruyó parte de la fachada de una de las más importante capillas, que estaba ya en restauración.

Para recorrer la Ruta del Adobe hay que salir de Tinogasta y transitar 16 km hasta El Puesto, apenas un caserío que bordea la ruta, con más tunas que techos. Ahí se encuentra el Oratorio de la Orquera, en perfecto estado de conservación. Fue construido en 1745 en forma de nave, con un techo de vigas de algarrobo y un campanario circular. No es sólo el oratorio, sino que buena parte del pueblito es de adobe, como el lagar contiguo a la capilla que se usa todavía hoy para hacer vino. El oratorio aún sigue siendo cuidado por una descendiente de la familia que lo mantuvo durante todos estos siglos, doña Rosa Orquera.

La siguiente etapa está a pocos kilómetros, en La Falda. La iglesia, dedicada a Nuestra Señora de Andacollo, está siendo refaccionada porque se derrumbó la fachada. Es la más singular de todas las iglesias de la región, por el estilo neoclásico muy diferente de los tradicionales estilos coloniales de la zona.

Tiempos gloriosos

En Anillaco (el de Catamarca), a unos 18 km de Tinogasta, se puede visitar un complejo agropecuario y religioso, la hacienda de Juan Gregorio Bazán y Pedraza, construida entre 1712 y 1714.

Hoy, las ruinas esconden el pasado de esta hacienda que fue próspera a pesar del desierto que la rodeaba y de las guerras calchaquíes que asolaron la región. Allí está la capilla más antigua de Catamarca, construida en 1712 y declarada Monumento Histórico Provincial.

La última parada de este circuito está a las puertas de Fiambalá, en la llamada Comandancia de Armas de Fiambalá.

El edificio fue construido en 1745. Los trabajos de refacción recientes son los más avanzados de todo este circuito. Con un poco de suerte, se puede asisitir a los trabajos de los artesanos y tratar de captar el misterio de esta simple mezcla de barro y paja que resistió el paso de los siglos, los vientos y también muchos terremotos. El adobe es utilizado desde tiempos inmemoriales en toda la región.

Si el secreto de su aislación térmica está en el espesor de las paredes, la resistencia reside en el revoque, que incluye pedazos de hojas de pencas, que desprenden una savia que consolida la mezcla del adobe.

La Ruta del Adobe finaliza frente a estas paredes que ya presenciaron más de 250 años de historia.

Datos útiles

Cómo llegar

En avión $ 410

Hasta San Fernando del Valle de Catamarca, de ida y vuelta con tasas e impuestos

El paseo

Para recorrerla Ruta del Adobe se puede alquilar autos en Catamarca únicamente. Hay surtidores de nafta en Catamarca, Aimogasta, Tinogasta y Fiambalá. La ruta está en buen estado, salvo un tramo a la salida de Catamarca Capital. Se puede llegar a Tinogasta y Fiambalá en ómnibus con las empresas Rubimar y Gutiérrez ($ 15 el pasaje).

Más información

Dirección de Turismo de Catamarca (0388) 43-7413, turismo-catamarca@cedeconet.com.ar

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