Recuerdos de Felicitas en el castillo Guerrero

La verdadera historia de la joven millonaria contada por su sobrina nieta en la imponente casa-museo de Domselaar, un pequeño pueblo de San Vicente
Andrea Ventura
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9 de marzo de 2014  

"Les voy a contar la verdadera historia de esta chica que nunca pudo ser feliz." Así, con tono trágico y enérgico comienza el relato sobre la vida de Felicitas Guerrero, esa joven de la alta sociedad dueña de una de las fortunas más grandes del país, que quedó viuda muy joven y a los pocos años (en 1872) la mató un enamorado despechado, cuando apenas tenía 25. La que cuenta es nada menos que Josefina Guerrero, sobrina nieta de Felicitas y actual dueña del Castillo Guerrero, una impresionante casona de 140 años, oculta entre la vegetación del jardín, en Domselaar, un pequeño pueblo sobre la ruta 210, en el partido de San Vicente, provincia de Buenos Aires.

Hace unos años, Josefina decidió abrir las puertas de su casa, más que casa se podría decir un museo, para que los visitantes escuchen de su propia boca la célebre historia con lujo de detalles (y no la versión oficial que se contó en ese entonces) y además recorran el castillo, que atesora recuerdos de Felicitas y también mobiliario y vajilla antiguos.

Un paseo original para los que les gusta bucear por la historia argentina, que se puede combinar con una escapada para almorzar o quedarse el fin de semana en algún campo de la zona.

Sentada en una glorieta y rodeada de la vegetación del jardín, Josefina transporta con su relato al 1800. Cómo forjó su fortuna Martín de Álzaga, el marido de Felicitas; el matrimonio arreglado cuando Felicitas apenas tenía 14 y él, 53, y los pormenores de la trágica noche de su asesinato, que por supuesto habrá que estar presente para conocer, porque si no sería como contar el final de una película, se suceden en el relato lúcido de Josefina.

La historia la reconstruyó a través de varias charlas con su familia, especialmente con su abuela Mary, esposa de Antonio, hermano de Felicitas. Antonio estuvo presente cuando Enrique Ocampo, ese amante despechado, le pegó el tiro que acabó con su vida.

Aunque Josefina nació más de 50 años después de la muerte de Felicitas, siempre la consideró alguien muy importante en su historia: "Felicitas era sagrada en la familia, siempre estuvo presente en todo. Para mi abuelo fue una santa de los altares, alguien a quien no pudo olvidar jamás, a pesar que tenía 14 cuanto la mataron", recuerda.

Felicitas nunca estuvo en el castillo: se construyó unos años después de su muerte como refugio para desahogar las penas de la familia Guerrero por la pérdida de la hija mayor.

Estilo francés y batón chino

Los padres de Felicitas heredaron la abultada fortuna de Álzaga, así que podían darse el gusto de construcciones fastuosas.

La casa, que al principio se llamó San Carlos, la construyó un arquitecto francés, con estilo netamente francés: techos a la mansarda, columnas, un sótano en altura y 24 espaciosas habitaciones, muchas de las cuales se conservan en buen estado, porque la casa está permanentemente en refacción.

Los vecinos aseguran que, además de historia, la casa está habitada por fantasmas, más precisamente el alma de Felicitas que merodea el lugar y muchos ni se acercan a la mansión. Será quizá porque está oculta entre los árboles añosos, porque la fachada luce despintada o por el crujir de los pisos de madera, viejos, gastados. O porque simplemente siempre tiene que haber una historia de fantasmas en un pueblo.

"La gente dice macanas –asegura Josefina, que vivió buena parta de su ida en el castillo–, porque le encantan los fantasmas. Acá no hay nada. Yo no creo en los fantasmas."

Después de la historia que cuenta Josefina se puede recorrer el castillo. Entre las habitaciones se destaca un cuarto colonial con ropa de Felicitas, un retrato póstumo, porque no había de ella en vida, y hasta el dedal que usaba.

"Este es un batón chino auténtico que le regaló Álzaga a Felicitas y tiene más de 150 años", muestra Josefina. Enseguida abre una caja que impacta: el revolver de 1856 con el que Ocampo mató a Felicitas, que su abuelo Antonio escondió durante años y que ella heredó.

También se destaca la biblioteca, con un gran mueble de 1700, grabados de Giovanni Piranesi, un comedor con la mesa servida con un juego de losa inglesa que usaban los Guerrero, ollas de cobre de más de 140 años y sillas inglesas del siglo XVIII. Todo tal como era entonces.

También fue set de filmación de Crónica de una fuga, la película de Adrián Caetano, que contaba la historia de una fuga en un centro de detención.

"En esos años de fortuna, los Guerrero tuvieron 2800 hectáreas, de las que ahora sólo quedan 14. La casa estuvo a punto de ser rematada, así que las visitas fueron una buena manera de generar ingresos para mantenerla", explica Santiago Magyary, nieto de Josefina y eterno enamorado de la casa de la abuela.

Datos útiles

Cómo llegar. El castillo Guerrero está en el km 58 de la ruta 210, en Domselaar. No se ve desde la ruta, porque la vegetación lo tapa. Sólo un cartel indica el acceso.

Visitas. La visita se realiza todos los domingos, a las 15.30. Cuesta $ 50 por persona. Dura dos horas y se puede ir directamente, sin reserva previa.

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