Recuerdos en el Valle Hermoso

En Trevelin, a pocos kilómetros de Esquel, un completo museo resguarda la memoria de hechos y protagonistas de la migración galesa
Diego Cúneo
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26 de julio de 2015  

TREVELIN.– Esta es una ciudad pequeña, pintoresca y muy particular. Con 13.000 habitantes, Trevelin está a 25 kilómetros de Esquel, en medio de esa zona encantadora de la Comarca de los Alerces que los lugareños llaman Valle Hermoso, una vasta planicie rodeada por cerros que durante gran parte del año muestran sus picos nevados.

Tiene, también, otra singularidad, quizá su rasgo más característico: es el lugar donde el 25 de noviembre de 1885 el coronel Luis Fontana y el grupo de los Rifleros del Chubut llegaron junto con el primer contingente de inmigrantes de Gales a esta zona, luego de haber avanzado desde los primeros asentamientos galeses en la costa chubutense. De ahí que en Trevelin todo –o casi todo– esté relacionado estrechamente con la cultura y la tradición galesas: desde su nombre, que significa pueblo del molino, hasta las casas de té, pasando por la denominación de sus calles (donde abundan apellidos como Thomas, Winter, Iwan, Jones o Frey), la escuela de lengua galesa y los festivales artísticos.

"Trevelin debe su nombre a que una de las principales fuentes económicas que se dieron en la zona a principios del siglo pasado fue la producción de harina de trigo, porque la alta calidad de este cereal que se cultivaba en la región (recibió varios premios internacionales a principios de 1900) hizo que se levantaran pequeños establecimientos. Como la demanda crecía exponencialmente, en 1918 se creó una especie de consorcio para levantar un establecimiento que pudiera producir a una escala mucho mayor. Así se formó la Compañía Andes, que dio el nombre a lo que entonces era el pequeño caserío que comenzaba a levantarse alrededor", cuenta Alberto Williams.

Director del Museo Histórico Regional, Williams es descendiente de galeses y un apasionado de la investigación histórica y cultural galesa, con gran pasión por las tradiciones, la música y el canto: "Sí, es cierto eso que dicen que todos los galeses cantan bien. Yo participo en el coro de Trevelin", dice y comienza a entonar una parte de una vieja canción popular... en galés.

Muchos mitos

Mientras va contando historias y disparando datos, fechas y nombres, Williams explica que antes de llegar a esa pujanza, los colonos de esta parte de la Patagonia no la tuvieron nada fácil: "Si bien los inviernos en la Cordillera son más duros que lo que pueden ser en Puerto Madryn o Trelew, en este valle la tierra es mucho más fértil debido a la presencia de los ríos que la rodean y a un régimen de lluvias y nevadas que permiten producir sin necesidad de riego artificial permanente". Así comenzaron a producir, además de trigo, otros productos de gran calidad, como por ejemplo tulipanes que se exportan a Holanda y que se los puede ver florecidos en todo su esplendor a mediados de octubre, y a fomentar la cría de ganado de todo tipo.

El director del museo se ocupa, también, de derribar algunos mitos: "No es cierto que el encuentro entre los colonos y los aborígenes fue sangriento. Todo lo contrario: si no hubiesen tenido la ayuda de los tehuelches, los galeses difícilmente hubieran podido sobrevivir aquí. Ellos les enseñaron a cazar con boleadoras, a pescar, a encontrar agua... A cambio, los galeses los instruyeron en construcción y en producción de alimentos. Fue una relación de mutua cooperación. Basta con ver muchas de las fotos de época para darse cuenta de que tenían una convivencia más que amigable y que compartían la vida cotidiana", relata con pasión, mientras muestra antiguas tomas que se conservan como tesoros.

De la mano del crecimiento económico que daba ese excedente de recursos, el pequeño asentamiento rápidamente se convirtió en pueblo y años más tarde en ciudad.

Ese desarrollo, sin embargo, no provocó que se perdieran las tradiciones. Y en eso mucho tuvieron que ver los descendientes de aquellos pioneros, que se preocuparon por mantener viva la herencia de sus ancestros: "Conservamos el idioma y lo difundimos a través de la escuela de galés que funciona en Trevelin y que cuenta con profesores locales y también algunos venidos de Gales. El canto, la literatura y la danza también siguen vigentes en conciertos, reuniones de canto en la capilla y en los tradicionales Eisteddfods, festivales culturales centenarios que fueron traídos a estas tierras por los colonos como parte de su bagaje cultural", agrega Williams.

El Museo está en Molino Viejo 488, casi esquina con la avenida 25 de Mayo. El valor de la entrada es de 30 pesos.

Durante todo este año, al conmemorarse los 150 años de la llegada de los primeros galeses a Chubut, la lista de celebraciones es abundante, ya que se busca rescatar cada hito en esta rica historia. Pasado mañana, por ejemplo, al recordarse el sesquicentenario de la llegada del primer contingente de colonos a las costas de Puerto Madryn, habrá además de un acto y una muestra histórica, un festival musical y un té multitudinario. Los festejos continuarán cada semana y el 25 de noviembre, la conmemoración tendrá su punto máximo cuando se celebre el 130° aniversario de la llegada del coronel Fontana al valle. Y prometen una fiesta inolvidable.

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