Secretos de montaña

Entre géiseres, buscadores de oro y objetos no identificados, este pequeño pueblo escondido está rodeado de sitios imponentes e historias curiosas
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1 de febrero de 2009  

ANDACOLLO.- Escondida entre las cordilleras del Viento y de los Andes, Andacollo es uno de los secretos que la Argentina guarda en su inmensa geografía.

Tiene aire de pueblo de montaña y de centro regional. En torno de la plaza central, las rutinas cotidianas no se alteran para recibir a los turistas de paso rumbo a la ascensión del Domuyo, o para descubrir las maravillas naturales de esta zona situada en la punta más norteña de la provincia de Neuquén.

En el principal restaurante, son los pescadores con mosca quienes se dan cita para contar sus salidas, en sobremesas con el dueño del local. En la Oficina de Turismo, mientras tanto, los mochileros recaban información sobre los circuitos de trekking. Algunos viajeros llegan en familia, para recorrer en auto los caminos de montaña del valle y descubrir fuentes termales y géiseres.

No se llega a Andacollo por casualidad. Las grandes distancias desde Neuquén capital, las rutas de ripio desde el sur de Mendoza o las largas horas de manejo desde el sur turístico de la provincia desaniman a los menos convencidos de encontrar aquí uno de los rincones más lindos de la Patagonia. Tampoco llegaron por casualidad quienes impulsaron el crecimiento del paraje El Durazno, donde se implantó la ciudad. A fines del siglo XIX, la fiebre del oro atrajo a pirquineros de todos lados, especialmente de la localidad chilena de Andacollo, en la región de La Serena, al norte de Santiago. Fue un poco por ellos, y por la imagen de la Virgen de Andacollo que habían llevado consigo, que a principios del siglo XX la incipiente ciudad recibió oficialmente su nombre.

En Chile, la otra Andacollo también es un centro minero y el nombre que comparten ambas localidades se podría traducir del aymara como "lo que brilla en lo alto". Lo que brilla no siempre es oro, dice el refrán, pero en Andacollo no hay lugar a dudas. La ciudad hoy todavía recuerda leyendas, hazañas y aventuras de los primeros pirquineros.

Camino a Chos Malal, se puede presenciar el trabajo de uno de los últimos buscadores artesanales. La única mina en actividad, en las afueras de la ciudad, se visita solamente en ciertas ocasiones con personal de la empresa, pero hay planes para insertarla en los circuitos de turismo. De noche, sobre un flanco de la montaña, por encima de la ciudad, forma como un faro de luz que recuerda que si la fiebre bajó, el oro sigue estando.

Una de las plazoletas de Andacollo rinde homenaje a la minería. Un conjunto de estatuas de madera y vagones cargados de rocas recuerdan las dos épocas principales: la de los pirquineros y la de la explotación industrial.

De fuego y hielo

La plaza central cuenta con un extraño Pinocho de madera, originalmente ubicado en la entrada del pueblo. Se cuenta que fue trasladado. Y según la responsable del turismo municipal: "En los pueblos vecinos se burlaban y decían que lo habíamos colocado porque acá somos mentirosos".

También se cuentan historias de pistoleros y de cuatreros que pasaban a Chile con su ganado robado a los criadores del valle. Andacollo, como la región de Malargüe, en Mendoza, fue el escenario de la banda de los Pincheira. Los hermanos Pincheira y sus mercenarios representaron el último movimiento de resistencia en pro de la corona española en esta región.

En diciembre, los caminos de Andacollo y del valle que lleva a los pueblitos vecinos de Las Ovejas y Varvarco, y a la laguna Epulauquén y el Domuyo, se llenan de animales. Los piñeros y su ganado también se cruzan en las excursiones por los maravillosos escenarios naturales del área del Domuyo. Este volcán es el techo de la Patagonia, con sus 4709 metros, coronados por una cumbre blanca visible desde muchos lugares del valle.

No hay que perderse las rocas volcánicas de Los Bolillos, que forman como un escenario de ciencia ficción, traídas de un planeta imaginario. Tampoco los sorprendentes géiseres de aguas calientes de Los Tachos y Las Olletas, mientras que en el Humazo y la Villa Aguas Calientes (el único de estos lugares que cuenta con un mínimo de infraestructura) hay aguas termales naturales.

El frío y el calor, el hielo y el fuego se alternan en las faldas del Domuyo. En Aguas Calientes, los ríos bajan de la montaña a distinta temperatura y se unen a otros de aguas heladas. En medio de estos prodigios de la naturaleza, hay que visitar también la capilla de Ahilinco, frecuentada en verano por los pastores y piñeros.

Arte rupestre e historias de ovnis

Al bajar de los altos valles del Domuyo, antes de llegar a Las Ovejas, un camino llega hasta Colo Michi Co, un parque arqueológico de unas 600 piedras grabadas o con petroglifos, de cultura pehuenche. Hay que visitarlo con guías especializados.

En la vuelta a Andacollo está el Mirador de La Puntilla, donde el guía sin duda contará las anécdotas de lugareños que afirman que vieron ovnis, sólo una de las historias paranormales de la región.

Datos útiles

Dónde dormir

  • Hostería Andacollo, 02948 494119, $ 100 la habitación doble o $ 170 la cabaña para cuatro personas. Hostería Cun Cumen, 02942 15400816, $ 100 la habitación base doble. Cabañas Alauri, 02942 494051, $ 120 para tres personas. Ag & Ail, 02948 494277, $ 150 por un departamento para cuatro personas.
  • Qué hacer

  • Excusiones en la región de Andacollo y el Domuyo, y salidas de pesca con mosca: Tunduca (en Chos Malal), www.tunduca.com.ar
  • Más información

  • Dirección Municipal de Turismo y Medio Ambiente: andacollotur@yahoo.com.ar ; 02948-494060.
  • www.neuquentur.gov.ar y www.neuquentur.com
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