Singapur en 48 horas

Un itinerario con ritmo intenso para no perderse nada de este pequeño país, de perfil futurista y con una curiosa mezcla cultural de chinos, indios y malayos
Un itinerario con ritmo intenso para no perderse nada de este pequeño país, de perfil futurista y con una curiosa mezcla cultural de chinos, indios y malayos
Andrea Ventura
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29 de septiembre de 2013  

"Sí, se puede, pero no se les ocurra tirarlo al piso, porque tienen que pagar multa", dice Peggy, entre risas. Lo primero que le preguntamos a la guía, es sobre la curiosa prohibición de mascar chicle. Antes de viajar fueron varios los que me advirtieron que la goma de mascar estaba vedada por ley, quizás una de las pocas cosas que se conocen de Singapur por nuestras latitudes.

Lo cierto es que estuvo prohibido durante muchos años por cuestiones de higiene y porque los jóvenes los empezaron a pegar en las puertas y paredes de los subtes y ascensores ocasionando problemas. Las multas son costosas, lo mismo para los que tiran basura en la calle.

Aunque la ley está vigente ya no es tan estricta, e incluso se consiguen chicles importados, pero de todas maneras a nadie se le ocurriría tirar un papel, mucho menos un chicle en el piso, más allá de las costosas multas. Singapur, el país más pequeño del sudeste asiático, justo al sur de Malasia, es impecable. La ciudad del león, como se llama, aunque no hay leones en la zona, es de esos lugares donde todo funciona a la perfección: el subte tiene aire acondicionado, los edificios y las multinacionales con fisonomía futurista no paran de crecer en una competencia clara con Hong Kong, y los habitantes están más preocupados por conseguir el último iPhone que por llegar a fin de mes.

En la zona financiera, una pequeña jungla de edificios, hay más de 130 bancos y casi la mitad de la población, de los 5.300.000 habitantes, es extranjera y llega, sobre todo, de los países vecinos en busca de un futuro prometedor.

Además de ser una isla en el sentido estricto de la palabra, también es una isla en el sudeste asiático, bastante diferente a sus vecinos, tal vez el país más occidentalizado, con mejor calidad de vida y más ingresos por habitante.

Los descendientes de chinos son amplia mayoría: llegan al 70%. El resto se reparte entre indios, malayos y un puñado de otras nacionalidades. La variedad étnica es una de las características más destacas de Singapur. Y esta mezcla de razas deriva, inevitablemente, en una mezcla de sabores, costumbres y tradiciones, y eso es justamente lo típico de este país: una gran ensalada asiática.

Las cuentas cierran

No hay duda de que es la isla-ciudad-estado más rica de la región. El 92% de la población es propietaria de su casa gracias a los planes de vivienda públicos y apenas tiene un envidiable 3% de desocupación. El gobierno hace más de 40 años que tiene superávit y atesora ahorros por el equivalente a dos años del PBI.

El desarrollo económico en buena parte viene del puerto, que es franco, uno de los más importantes del mundo. Los barcos que se ven permanentemente alrededor de la isla son parte del paisaje.

El puente Helix, en la zona de Marina Bay, uno de los nuevos atractivos de la ciudad
El puente Helix, en la zona de Marina Bay, uno de los nuevos atractivos de la ciudad Crédito: Corbis
Seguramente deber ser uno de los sitios del mundo con más cantidad de shoppings en tan poca superficie: hay casi 100 centros comerciales con tiendas de primerísimas marcas, una tentación para los compradores compulsivos, aunque los precios no son precisamente gangas. "Salir de compras aquí es el deporte nacional", me comenta en perfecto inglés un vecino de la zona cuando perdida en el mapa pido consejo para llegar al shopping más cercano.

Porque todos hablan inglés, aunque de entre casa, en el supermercado, con los amigos lo que más se escucha es singlish, una mezcla de idiomas: algunas palabras de chino, otras de malayo y el resto de inglés, como podría ser el spanglish o el portuñol.

La historia de Singapur como país independiente es reciente. A diferencia de otros países, los singapurenses querían formar parte de Malasia, pero por problemas religiosos (aquí no hay religión dominante) y muy a su pesar tuvieron que declarar la independencia en 1965, y el actual skyline brotó en los últimos 25 años.

Pasaron sin escalas de ser un país del Tercer Mundo a una economía de alto nivel, con una planificación puntillosa del crecimiento. La obra del subte, por ejemplo, que se hizo en la década del 80, tardó 22 meses, que dejaron 50 km de vías.

La tupida vegetación de la isla es tan impactante como el desarrollo económico. Singapur vive en un verano eterno, hace mucho calor durante todo el año, pero lo que mata, también por estas lejanas tierras, es la humedad. El clima tropical propicia que todo esté invadido por plantas, flores y árboles, que crecen con desmesura.

Rodeado de grandes atracciones turísticas como Tailandia, Malasia e Indonesia suele quedar afuera del itinerario para los que llegan de lejos. Desde Buenos Aires son más de 24 horas de vuelo, si se toma el atajo por Qatar Airways, con escala en Doha, una opción mucho más conveniente que los vuelos vía Europa.

Hasta Changi, el aeropuerto, considerado el mejor del mundo, merece una escala: prácticamente logró erradicar las largas filas para Migraciones y control de equipajes (lo más odiado), ofrece espacios amplios, entretenimientos y hasta palmeras bajo techo que dan la bienvenida.

Dos intensos días son suficientes para recorrer la ciudad de punta a punta y después sí, seguir viaje por el sudeste asiático, que seguramente será una experiencia muy diferente.

Primer día

MAÑANA

El ícono de la ciudad.


Los city tours suelen empezar las visitas por el Merlion Park, para la clásica foto en el clásico punto panorámico, y no está nada mal comenzar por esta zona céntrica, muy cerca del distrito financiero. El punto de atracción es una gran estatua con cabeza de león y cola de pez que le sale una pequeña catarata de agua por la boca, con la zona de Marina Bay de fondo.

Paseo chino.

Muy cerca se puede seguir el paseo por Chinatown. En una ciudad con gran influencia china no podía faltar el típico Barrio Chino, colmado de vendedores que venden más o menos lo mismo que en todos los barrios chinos del mundo, farmacias de medicina china, grandes almacenes chinos y pequeños restaurantes de cocina regional muy accesibles. Todo adornado por grandes lámparas rojas que atraviesan la calle.

Además de caminar entre los puestos en busca de chucherías, vale la pena visitar el templo chino Thian Hock Keng (felicidad celestial), una de las pocas construcciones de estilo tradicional oriental, con dragones que asoman por el techo, llena de colores y dioses casi monstruosos. El templo hindú Sri Mariamman, que aunque parezca en el lugar equivocado, también está en el Barrio Chino, es el más antiguo de la ciudad y data de 1827. Con un poco de suerte se puede presenciar las ceremonias, con indios vestidos con túnicas y saris, y mucho incienso. Eso sí, hay que dejar los zapatos en la puerta. Antes de entrar, la gran torre del templo se lleva unos minutos de atención: una larga sucesión de estatuas la adornan.

TARDE

Marina Bay.


"Hace menos de cinco años estos eran sólo pantanos y miren ahora", dice Peggy, la guía. Ahora hay que mirar para arriba y bien alto. El complejo de Marina Bay Sands, uno de los nuevos símbolos de la ciudad, incluye tres grandes torres unidas por una gran plataforma, casi como una nave espacial a punto de despegar, a la que se puede subir para contemplar la ciudad. Desde Skypark, la gran terraza panorámica en el piso 57, se ven los edificios del centro, diques internos, puentes, jardines, el mar alrededor y hasta se tiene la posibilidad de vislumbrar las costas malayas. Además del mirador hay un restaurante y una disco. En las torres funciona un megahotel, con más de 2000 habitaciones y una envidiable piscina en lo más alto. También tiene un gran casino, el primero en la isla, y enfrente el gran paseo comercial The Shoppes at Marina Bay Sands, con precios tan altos como las torres. Incluso hay un gran local de Louis Vuitton que flota sobre la bahía.

Para comer algo por ahí y seguir paseando, en el centro comercial hay restaurantes de chef locales e internacionales, incluso con estrellas Michelin. La entrada para subir al Skypark cuesta US$ 15. Afuera, un Lamborghini y una Ferrari llevan a los turistas a dar paseos por el circuito de F1.

Flyer Singapur.

Muy cerca, la gran vuelta al mundo, muy similar al London Eye de la capital inglesa, aunque aquí aseguran que esta es más grande, con 165 metros, es otro de los nuevos símbolos de la ciudad.

Funciona desde hace cinco años y da una vista privilegiada de la región. De lejos parece quieta, pero el movimiento de esas enormes cápsulas es apenas imperceptible, sin posibilidad de mareos. Prácticamente no hay fila para ingresar, a diferencia de la noria inglesa, y está en un gran complejo, con simuladores, negocios, un área donde se explica cómo funciona la vuelta al mundo y locales gastronómicos. La vuelta dura media hora y cuesta 23 dólares.

NOCHE

Show de agua y luces.


En las escalinatas frente a la bahía de Singapur y de espaldas al shopping de Marina Bay, todas las noches se proyecta un espectáculo de agua, luz y sonido con entrada gratuita. Sobre una gran pantalla de agua que emerge de la bahía se ven imágenes que representan la vida en Singapur, el ambiente se llena de humo y burbujas, y los grandes edificios se iluminan con un show de láser. Se proyecta a las 20 y 21.30. Dura 15 minutos.

Segundo día

MAÑANA

Sentosa, la isla del entretenimiento.


Para comenzar el día, al sur de Singapur, la pequeña Sentosa es una isla dedicada al entretenimiento, especialmente para los chicos, que abrió hace tres años. Se llega muy fácilmente en un monorriel, que conecta con la red de subtes de la ciudad. El tercer nivel del Vivo City shopping es el punto exacto donde se toma el monorriel. En Sentosa hay un Universal Studios, el único del sudeste asiático, y el Marine Life Park, el oceanario más grande del mundo, hoteles, restaurantes y paseos de compras, entre otras atracciones. Si el plan es simplemente descansar se puede llegar hasta la pequeña playa. Singapur no es un destino especialmente playero, pero este espacio de arena, con vista a los barcos que van y vienen, sirve al menos para darse un chapuzón en las cálidas y cristalinas aguas. El viaje en monorriel cuesta US$ 3. Entrada a Universal US$ 60 y al oceanario, 25 dólares.

TARDE

El patio de comidas.

A diferencia del resto del sudeste asiático, en Singapur le dieron una vuelta de tuerca a la comida callejera. Por cuestiones de higiene y estándares de calidad, no hay puestos en cada esquina como en otras ciudades, sino que desde hace años se reúnen en distintos centros, con techo y aire acondicionado, pero con el espíritu de los puestos ambulantes. Aquí aseguran orgullosos que son los creadores de los patios de comidas. Se puede probar en Tekka Centre, un centro comercial que concentra mercado, y tiendas étnicas, y que tiene un gran patio de comidas en pleno Little India.

Pasaje a la India.

Después de comer vale la pena recorrer el Barrio Indio, que poco tiene que ver con las ciudades tradicionales, aquí todo está impecable. El paseo es entre olor a incienso y a especias que se venden en todas formas en grandes almacenes, pashminas que cuelgan de los negocios y paseantes con ropa típica. El Mustafá Centre es un gran centro comercial, abarrotado de percheros que vende desde chocolates hasta vestidos típicos. Para los que no pueden dormir por los efectos del jet lag (hay 11 horas de diferencia) está abierto las 24 horas.

Arab Quarter.

El itinerario puede seguir por el l Barrio Musulmán, que se organiza en torno de la Mezquita del Sultán y la Arab Street es la calle principal. Aquí se destacan las sederías y los adornos típicos, y es la zona donde se ve a las mujeres con la cabeza cubierta. En los bares, los hombres fuman la pipa de agua, como manda la costumbre. Desde hace poco surgieron nuevas tiendas de diseñadores locales que se instalaron en la zona.

Comprar, comprar.

La experiencia de visitar Singapur no será completa si no se sale de compras por la famosísima Orchard Road, al menos si no se miran vidrieras por Orchard Road. En esta gran avenida hay un shopping al lado del otro, interconectados en los niveles subterráneos, por lo que no es necesario ir a la calle para salir de uno y entrar al otro. Se consigue de todo, desde marcas de primer nivel como Cartier, Prada, Dior, Armani, Dolce & Gabbana, norteamericanas, europeas, japonesas hasta diseñadores locales. La cantidad de comercios abruma y como se pasa de un centro comercial a otro, sin darse cuenta, uno se siente como atrapado por una red en la que sólo se puede comprar y comprar.

NOCHE

Gardens by de Bay.


Si todavía quedan energías, este enorme jardín, justo atrás de Marina Bay Sands, es otra de las novedades de Singapur, que se inauguró hace tres años. Ir de noche es una buena alternativa para evitar el gran calor del día y porque cuando cae el sol se iluminan los superárboles, unas enormes construcciones de acero recubiertas por plantas en los costados que generan energía, la zona más atractiva de los jardines. Estos árboles gigantescos son como torres de luz, que funcionan de manera sostenible, con el agua de las lluvias. En el gran jardín hay 250 mil plantas exóticas distribuidas por sectores: jardín japonés, chino, etcétera. A las 19.45 y a las 20.45 también hay otro espectáculo de luces y sonido. La visita a los jardines es gratuita, pero el acceso a los invernaderos, unas enormes cúpulas de vidrios y a la pasarela tiene costo.

Datos útiles

  • Cómo llegar

    Qatar Airways: con escala de apenas una hora en Dohoa, es la manera más directa de llegar. El pasaje, desde Buenos Aires, a partir de 2400 dólares.
  • Traslados

    Metro: el pasaje en subte cuesta US$ 1,50. El pase diario ilimitado, US$ 8.

    Taxi: la bajada de bandera cuesta US$ 2,5. Después 0,2 cada 400 metros.
  • Cambio

    La moneda es el dólar de Singapur. Cotización: 1 dólar americano equivale a 1,25 de Singapur.
  • Alojamiento

    Four Seasons: en plena zona comercial, a pasos de Orchard Road, el hotel de cinco estrellas cuenta con piscina, un health club abierto las 24 horas para los que sufren jet lag, spa y un paseo de compras que lo conecta con el Hilton. Imperdible la camida en el restaurante chino. Tarifa: US$ 420. Orchard Boulevard 190. www.fourseasons.com/singapore ­
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