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Un canal para no hacer zapping

Pocos paseos son tan interesantes como el que une los dos océanos que propone Panamá; un corto viaje en barco en el que se pueden ver diversos paisajes y con buenas esclusas
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24 de marzo de 2000  

PANAMA.- El ruido de las olas, el vuelo rasante de las gaviotas, el paisaje verde y la monumental obra de ingeniería, acompañados de una narración cautivante, colmada de historia, de datos curiosos, que hace la morena guía durante todo el recorrido del canal, influyen para que este viaje parezca imaginario, tal vez soñado.

Desde que comienza el recorrido por el Canal de Panamá, los 80 kilómetros que unen las aguas del Caribe y las del Pacífico se tornan una excursión emocionante, y las nueve horas que dura el trayecto darán la posibilidad de sorprenderse no sólo con cada esclusa que se atraviesa, sino también con cada detalle que hacen de esta escenografía natural un viaje inolvidable, poco convencional.

La nave parte desde las aguas del Caribe, que se ven transparentes, puras, pero a la vez cubiertas por gran cantidad de barcos de todos los tamaños que esperan su turno para ingresar por la puerta que los depositará en el Pacífico.

Con mucha paciencia, cada capitán deberá esperar quizá varios días hasta que finalmente la comisión correspondiente autorice su tránsito, previo pago en efectivo del peaje y con la condición de ceder el timón al personal especializado y la obligación de izar la bandera de Panamá en el mástil de la proa.

De un lado al otro

La guía, siempre sonriente, comenta que la nave entra en la llamada Bahía de Limón, mientras pasa también por el rompeolas y el puerto de San Cristóbal. Luego el pequeño barco se introduce en una zanja bordeada por manglares, que mide aproximadamente unos diez kilómetros de largo.

Al final de este trecho están las esclusas de Gatún, que son las más grandes y que permiten al turista tener una vista impresionante del río Chagres. Este sector de la obra tiene tres juegos de cámaras y dos kilómetros de extensión.

Aquí, la adrenalina del pasajero sube al máximo porque siente y observa coómo la nave se eleva 26 metros sobre el nivel del mar para quedar a la altura de las aguas del lago Gatún. Todo gracias al trabajo que efectúa eficazmente cada cámara -de 300 metros de largo y 45 de ancho- con agua dulce exclusivamente.

La entrada al lago se ve imponente por los 425 kilómetros de superficie y las decenas de islas. Pero una vez allí, la embarcación sigue el curso del río Chagres, hasta el pueblo de Gamboa donde, según dice la guía, se encuentra la División de Dragado, que es una unidad encargada de mantener en el nivel adecuado el cauce del canal.

La más grande del mundo

Una vez finalizado ese tramo de 44 kilómetros, el capitán desvía el recorrido para entrar en el Corte Gaillard, muy conocido por ser la mayor zanja artificial del mundo con 15 kilómetros de largo por 150 de ancho. El mismo tuvo que hacerse porque en esa sección están las tierras más elevadas, como el cerro Contratista y el Oro.

Mientras el barco surca esta sección, los turistas agudizan su oído porque les interesan los relatos de la guía sobre los trágicos accidentes que ocurrieron durante la excavación. Es que aquí se sucedieron varios derrumbes que sepultaron a gran cantidad de trabajadores. Pero inmediatamente la guía comenta que con la tierra que se extrajo de allí se pudieron unir a tierra firme las islas Flamenco, Naos, Perico y Culebra, en la entrada del canal en el Pacífico.

Al final de este famoso corte se llega a las esclusas de Pedro Miguel, las más pequeñas, donde hay una sola cámara en la que los barcos descienden diez metros y quedan a la altura del lago Miraflores. En este lago, las embarcaciones más grandes no pueden encender sus motores, salvo para tomar el impulso inicial, por lo que son remolcadas por locomotoras eléctricas.

Un tramo para hacer compras

Cuando la nave atraviesa este tramo se escuchan aplausos que provienen de un mirador repleto de visitantes alistados con filmadoras y cámaras de fotos. Los gritos de alegría se mezclan con el sonido de los altavoces que, primero en inglés y luego en español, explican el trabajo de la esclusa e invitan al turista a bajar un nivel para ver la maqueta electrónica y una película relacionada con la vía acuática.

Este lugar, Miraflores, es el más visitado y donde el turista compra souvenirs, fotos y remeras con el dibujo del canal y aprovecha las cómodas sillas del mirador durante la casi media hora que tarda en realizarse la maniobra hasta llegar a los aplausos.

El lago, que se formó embalsando las aguas del río Pedro Miguel y sus afluentes, es el más pequeño de los tres que integran la cuenca del canal. Después de atravesarlo, ya en las esclusas de Miraflores, plagada de curiosos, sus dos cámaras hacen que el barco descienda 16 metros para quedar al nivel de las aguas del océano Pacífico.

Por último, se ingresa en el tramo final siguiendo el curso del río Grande, que hace que la nave desemboque en el océano luego de pasar por el puerto de Balboa, el puente de las Américas y las islas de Amador.

Cuando se llega a aguas abiertas el visitante siente nostalgia, ganas de hacer el trayecto a la inversa porque el recorrido fue impresionante. Estuvo lleno de relatos, de lugares dignos de ser fotografiados, de historias de piratas y, fundamentalmente, de una excursión que, aunque más no sea, vale la pena mirarla con un solo ojo, como lo haría Henry Morgan.

Datos útiles

Cómo llegar

  • El pasaje aéreo ida y vuelta sin escalas cuesta 680 dólares, con tasas e impuestos incluidos.
  • Alojamiento

  • La habitación doble en un hotel 5 estrellas cuesta entre 150 y 175 dólares; 80, en uno de cuatro y alrededor de 35, en uno de tres.
  • Traslados

  • Del aeropuerto a su hotel en taxi cuesta 20 dólares. El precio se acuerda con el chofer porque no usan un sistema de zonas. Para ir a visitar el canal es conveniente contratar un operador turístico: por 160 dólares tiene traslado, guía, travesía completa y todas las comidas. Lo buscan en su hotel y luego lo llevan hasta allí. Tel: 264-1338.
  • Alquilar un auto mediano cuesta aproximadamente 90 dólares el día.
  • Excursiones

  • El tránsito completo del canal dura un día y cruza de un océano a otro. Cuesta 135 dólares para los adultos y 55 para los niños. Esto incluye todas las bebidas y comidas.
  • La otra opción es transitarlo por medio día: la salida es a las 7.30 y se regresa en la tarde. El precio es de 75 dólares para los adultos y 25 para los menores. Incluye el almuerzo; 228-4348/6069.
  • También se pueden visitar las esclusas de Miraflores y ver cuando los buques suben o bajan 54 pies. Servicio de guías bilingües: 272-5463.
  • En el Casco Viejo se puede visitar el Museo del Canal Interoceánico. Entrada: 5 dólares (de 9.30 a 17.30). Consultas: 211-1649.
  • Más información

  • En el Instituto Panameño de Turismo, (00507)226-7000.
  • En Internet: http://www.panatours.com
  • http://www.pa/canal/index.html
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