Un hotel con cuerpo, alma y 75 años de vida

En un año para celebrar, el mítico Llao Llao, a orillas del lago Moreno, es uno de los símbolos de la Patagonia; un pasado de incendio y abandono, y un presente a todo lujo
Daniela Dini
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4 de agosto de 2013  

SAN CARLOS DE BARILOCHE.- Difícil describir en pocas palabras lo que se siente al caminar por los pasillos del Llao Llao. Las paredes recubiertas en madera, los pisos tapizados de alfombras señoriales, el aire a grand hôtel de montagne, a historia. Porque si hay algo que deslumbra más allá de la magnificencia de su estructura por dentro, y de sus paisajes bellísimos por fuera, es que el Llao Llao tiene historia. Y tiene algo más, que se percibe tan genuino como el ciprés que envuelve sus salas. El Llao Llao tiene alma. Una que lo vio nacer con la omnipotencia de un gigante, lo vio desaparecer en llamas y resurgir de entre las cenizas.

Este año es especial: se festeja el 75° aniversario, que si bien fue en enero se viene celebrando durante todo el año y en diciembre se cerrará con un gran evento. La celebración de este ave fénix de los hoteles es también el festejo de un mito en pie que hace a la historia de Bariloche.

El año 1934 marca un antes y un después en la historia de Bariloche: llegó el ferrocarril y se creó el Parque Nacional Nahuel Huapi. Así nació la idea de mostrarle al mundo estas maravillas naturales en la Patagonia argentina, y el proyecto de un hotel internacional enclavado en ese paisaje. Exequiel Bustillo encabezó el grupo que decidió la zona donde iba a construirse. La colina entre los lagos Nahuel Huapi y Moreno, en el área de Puerto Pañuelo, no pudo ser más perfecta. Alejandro Bustillo, arquitecto y hermano de Exequiel, ganó el concurso de proyectos para construirlo y puso como condición hacer el trabajo ad honórem.

La obra fue inaugurada el 9 de enero de 1938. Un año y medio después, el 26 de octubre de 1939, marcó la tragedia: un incendio destruyó el edificio. Se cree que pudo haber sido un cortocircuito o el descuido de uno de los vigiladores. En 1940 se reabrió el hotel, tal como siempre se había soñado: un emblema del lujo, de Bariloche al mundo. Desde sus comienzos hospedó a presidentes, diplomáticos, miembros de la aristocracia y huéspedes ilustres. Vio la gloria y el brillo, pero inexplicablemente, también su contracara. A fines del invierno de 1978, por falta de inversiones y mantenimiento, cerró. Fue en julio de 1993 cuando volvió a nacer, una vez más, pero tal como se lo conoce, con el concepto de hotel y resort. En 2007, además, se inauguró el Ala Moreno, a orillas del lago que lleva el mismo nombre, y con un estilo de líneas modernas muy elegante, pero que no opaca su histórica y más tradicional Ala Bustillo. De las 205 habitaciones totales, 43 pertenecen al ala nueva.

Como en casa

En tres cuartos de siglo, un hotel tiene miles de historias para contar. Puede que el Llao Llao se guarde unas cuantas entre sus paredes, pero otras tantas salen a la luz. "La gente que viene al hotel lo siente como su casa. Los que vienen hace años piden siempre la misma habitación y hasta tienen a su personal favorito", explica Guillermo Bianchi, jefe de Banquetes y Convenciones desde hace doce años, y un libro abierto de anécdotas. El Llao Llao es una especie de Torre de Babel durante todo el año, con un promedio de 50% de ocupación nacional y un 50% extranjera.

Relatos de excéntricos sobran. Como el del huésped misterioso, que terminó siendo un desafío para todo el staff. "Alguien hizo una reserva por Internet de la habitación presidencial por un mes. Era difícil creer que iban a ocupar el cuarto más caro del hotel durante tanto tiempo, pero todo se confirmó cuando llegó el caballero ucraniano, seguido de su secretaria y su instructor de esquí. Él se hospedó en la presidencial y asignó para sus acompañantes habitaciones individuales, además de una extra para... jugar a la Playstation", recuerda Bianchi.

Pero no todas son historias de millonarios excéntricos. "Hay generaciones enteras de familias que se hospedan en el hotel, como una señora que viene desde niña y hace poco festejó aquí, con toda su familia, los 70 años de su marido", agrega Bianchi.

Hay, también, historias que parecen de novela, como la del matrimonio mayor de norteamericanos, que visitaba el hotel todos los años. "El señor era fanático de la pesca y salía todos los días con su guía y volvía, religiosamente, con una trucha." Todos creían que más que la pesca en sí, su placer estaba en llegar al hotel con la trucha en la mano, para contar la hazaña primero y luego, para pedirle especialmente al chef cómo quería que se la cocinara ese día.

La mística de un hotel como este se completa con... fantasmas. Y las historias son muchas: la más famosa es la de los pasos que se oyen en el cuarto piso del Ala Bustillo por la noche. Dicen que los vigiladores los oyen a veces por cámaras, pero cuando quieren comprobar quién está ahí, no hay nadie.

Tarifas: desde $ 1963, en base doble, hasta el 19 de agosto. Incluye desayuno buffet, Wi-Fi, actividades recreativas, uso libre del Health Club & Fitness Center, Hospitality Lounge en la base del Cerro Catedral y traslados diarios

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