Un tropezón con las Aguas Grandes

En 1541, el conquistador español, en plena travesía con 280 hombres atravesando la espesura, se dejó llevar por el sonido hasta encontrarlas
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25 de enero de 2002  

Estando en las Cataratas, en la Garganta del Diablo más precisamente, es increíble imaginar a don Alvar Núñez Cabeza del Vaca recorriendo la zona, y de repente tropezarse con este laberinto de agua y selva.

En 1541, el conquistador español, en plena travesía con 280 hombres atravesando la espesura, se dejó llevar por el sonido hasta encontrarlas.

El Segundo Adelantado del Río de la Plata había emprendido un viaje para socorrer la población de Asunción del Paraguay. Para esta misión partió desde la costa el Estado de Santa Catarina, en Brasil.

"Da el río un salto por unas peñas abajo muy altas, y da el agua en lo bajo de la tierra tan grande golpe, que desde muy lejos se oye; y la espuma del agua, como cae con tanta fuerza, sube en lo alto dos lanzas y más", escribió.

Las bautizó Saltos de Santa María, pero tuvo más fuerza su nombre indígena Iguazú, que en guaraní significa Agua Grande.

Varios siglos más tarde, más de un millón de turistas por año sigue sus pasos y, aunque todos saben que allí están, acaso se experimenta una sorpresa similar ante una presencia tan contundente.

En el circuito, el salto Alvar Núñez rinde homenaje al descubridor.

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