Un viaje por el túnel del tiempo

Por Jairo Para La Nación
(0)
20 de octubre de 2000  

Sabía poco de Dinamarca. Apenas algunas referencias de Copenhague, la Sirenita, Andersen, el famoso Tiboli, cierta frase recurrente sobre aromas ingratos y aquellas otras que aportaban Durt, Dorth y los demás compañeros del Liceo Internacional de mis hijos.

Siempre imaginamos a los escandinavos como gente fría y distante. Sin embargo, cuando viajé a ese país para filmar una historia de ferroviarios escrita y dirigida por Sven Gronlike, me sorprendió su calidez.

Otra particularidad, sobre todo para nosotros, siempre tan proclives a la belleza: casi todos los daneses, niños, jóvenes o ancianos son llamativamente lindos.

Filmamos casi todo el tiempo en un molino, cercano a los fiordos. Los extras eran lugareños, y como la acción transcurría a principios de siglo, cuando los veía llegar cada mañana vestidos de época me sentía inmerso en el túnel del tiempo.

Las viejas fumaban cigarros mientras bebían abundante cerveza y los niños, a pesar del frío, jugaban descalzos en el barro.

Recuerdo que en esa época del año las noches eran muy cortas. El sol se ponía a las 11 de la noche y sólo tres horas después volvía a salir.

Me explicaron que filmando historias como aquélla buscaban preservar una identidad cultural que sentían amenazada por la cada vez más fuerte presencia germana.

El día de mi cumpleaños, en un descanso de la filmación, sirvieron unos deliciosos ahumados (especialidad del país) y a la hora del brindis todos los hombres se acercaron a mi mujer y a mí, y cantaron viejas canciones danesas a modo de homenaje.

Aquellas voces me recordaron a los improvisados coros que se pueden oír en los bares del País Vasco. El día de la despedida lo repitieron, pero en esta oportunidad participaron también las mujeres. Si bien yo no entendí lo que decían, mi cabeza tradujo aquel acto de cariño con palabras conocidas: "... Adiós con el corazón, que con el alma no puedo..."

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.