Un vuelo para el olvido

Fuego, miedo y resignación sobre el Triángulo de las Bermudas
(0)
13 de diciembre de 2009  

Los viajes son para mí algo así como un regalo, una especie de vida adicional que no se puede comparar con otra cosa. Mi trabajo me ha llevado a viajar muchísimo y vivo pendiente de una valija (o dos, cuando lo permiten). Así que vacaciones significa para mí una tarde en el jardín de casa sin tener que correr a ninguna parte. Viajar es vivir pedacitos de vida extra. Creo que el saldo del viaje es siempre positivo. Y hay sitios que vale la pena conocer antes de morir. Pero, dicho esto, voy a aprovechar para contar una experiencia desastrosa.

Hace unos años sobreviví a un semiaccidente aéreo. Era un vuelo de Nueva York a Santo Domingo y el incidente ocurrió en esa zona que el mito ha decidido llamar Triángulo de las Bermudas. La cosa es que el avión se prendió fuego, pero del lado de adentro: se incendió un baño. Toda la nave estaba llena de humo, las azafatas gritaban, los pasajeros dominicanos rezaban y el piloto informó que iba a hacer un aterrizaje de emergencia. El sitio más cercano era Cuba, pero American Airlines no aterriza en Cuba, ni siquiera cuando está en peligro la vida de sus pasajeros. Una señora dominicana, probablemente además evangelista, gritaba fervorosa: "¡Mejor en el infierno que con Fidel!"

Caída libre

Así, mientras la máquina perdía altura más verticalmente de lo que uno ve dibujado en los folletos de seguridad, yo estaba consciente de que me iba a morir rodeado de extraños, solo, con mis creencias y mis mundos, sin ninguna posibilidad de revertir el cruel destino. El piloto explicaba que el fuego era culpa de un pasajero que había fumado en el baño y que sería multado como manda la ley. Los que aún no se agarraban la cabeza del pavor usaron las manos para aplaudir la insólita decisión. Y para sacar el dinero de los bolsos de mano y meterlos en los bolsillos. Aterrizamos sin zapatos, pero con éxito y suavidad en Daytona Beach. Nos esperaban dos dotaciones de bomberos. Y una sorpresa casi tan desagradable como el accidente. Como el aeropuerto (un aeródromo deportivo) era operado por Delta, no había personal de tierra para hacerse cargo de esta involuntaria migración, así que no se nos permitió bajar del avión. Apagaron el fueguito y ahí nos enteramos de que lo del fumador era mentira, ya que se había incendiado el sistema de aire acondicionado.

Y pretendían que nos marcháramos en la misma nave, ya que para bajar en territorio americano en estas circunstancias hay que tener visa de doble entrada. Los pasajeros se amotinaron, indignados; había personas en shock; pilotos y aeromozas se encerraron en la cabina, que son blindadas y antiterroristas. Y llamaron al ejército. Ahí estaba yo, vivo pero rodeado de dominicanos, rehén del peligrosísimo ejército yanqui , y sin saber si en realidad, como en un borroso capítulo de Lost , había muerto y esto era de hecho el infierno.

La negociación fue eterna. La aerolínea consideró el parate una escala técnica, dejaron bajar a los americanos y a los ciudadanos con visa para que el ejército los escoltara a Orlando, sin equipaje, y los demás volvimos a emprender el vuelo. Si tuviera lugar, explicaría mis insólitos días posteriores en Santo Domingo. Le doy vueltas a este relato no escrito, pero no hay manera de hacer nada con él. Está lleno de clichés: las Bermudas, el fuego, los salmos, el ejército yanqui. Sé que el caso terminó en juicios millonarios. Yo no hice nada y seguí con mi vida. Pero no he vuelto a pisar ninguno de estos dos países. Total, el mundo está lleno de otros lugares.

El autor es actor, director y dramaturgo. Sus obras, entre las que se cuentan Acassuso , La estupidez , Bizarra y La paranoia , fueron traducidas a 13 idiomas y estrenadas en varios países. Fue protagonista de la película El hombre de al lado , de Gastón Duprat y Mariano Cohn.

Ida y vuelta

¿Las últimas vacaciones?

No estoy seguro. Creo que fueron en Morro de Sao Paulo, una isla cerca de Salvador de Bahía. Muchas veces llamo vacaciones a los días libres que me quedan en medio de un viaje de trabajo, así que las contabilizo medio mal.

¿El mejor viaje de tu vida?

Todo regreso a casa me parece siempre el mejor viaje.

¿Avión, barco o tren?

Tren.

¿Playa o montaña?

Playa.

¿Una escapada favorita de fin de semana?

Luján, Torres, Carlos Keen, Colonia.

¿Un destino soñado?

Polinesia

¿Algo que nunca dejás de llevar en un viaje?

Trabajo atrasado.

¿El viaje más caro?

Cuando se viaja por trabajo no es uno el que lo paga. Así que nunca sé muy bien cuánto cuestan los pasajes. Igual creo que todos son carísimos.

Carpa, ¿sí o no?

Sí.

¿Solo o acompañado?

Acompañado.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.