Una de vascos, en Entre Ríos

La centenaria estancia San Ambrosio acaba de abrir sus tranqueras al turismo; 32 hectáreas y playas de río
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20 de diciembre de 2009  

Transcurría 1840 cuando el vasco Juan Bautista Mihura llegó a la Argentina, con 20 años y mucho entusiasmo. Fue directo a Gualeguay, Entre Ríos, donde se estableció y creó junto con otros vascos como los Parachu, Elizalde, Marco y Laurencena el primer saladero de carne vacuna en Puerto Ruiz, a orillas del río Gualeguay.

Fundó 16 estancias agrícola-ganaderas, construyó el primer molino harinero de la provincia en la ciudad de Nogoyá así como el primer establecimiento arrocero. Y en 1906 adquirió el puesto San Ambrosio, a pocos kilómetros de Gualeguay sobre la ruta 11.

Emilio Mihura, abuelo de los actuales dueños, recibió el campo como herencia y convirtió el puesto en estancia. Contrató al alemán Guillermo Bötrich para diseñar el parque de 4 hectáreas y a Alejandro Christophersen (arquitecto del Palacio Anchorena y del Hospital de Niños, entre otros edificios) para construir el casco, hoy imponente casona de estilo colonial español.

En Gualeguay, hoy ciudad de 40.000 habitantes con carnavales que compiten con los de Gualeguaychú a partir del primer fin de semana de enero, San Ambrosio es un icono donde transcurrió parte de la historia de la provincia, hasta ayer sólo accesible para familiares, invitados y visitas escolares. Asomarse a su belleza es un privilegio que no habría que desaprovechar.

Galerías, cuartos con balcón y miradores al parque tanto en el primero como en el segundo piso, terrazas, mobiliario de época, cuadros de color sepia que desnudan la historia de una familia: todo está bien conservado en esta casa que se mantuvo viva durante años. Incluso se encuentra el escritorio donde se firmó, en enero de 1822, el Tratado del Cuadrilátero entre las provincias de Buenos Aires, Corrientes, Santa Fe y Entre Ríos, con el fin de instalar la paz y la defensa mutua de sus fronteras contra la amenaza de España y Portugal.

Hoy cuidan la estancia y reciben a los huéspedes Zulema y Helena, supervisadas por Juana Mihura, que administra el campo y vive desde hace dos años en su precioso puesto a pocos metros de la casa. "La propiedad es de mi padre, que cría caballos de carrera, y sus cuatro hermanos. A pesar de tener 32 hectáreas en total, los campos aledaños son de la familia y se puede cabalgar y circular por ellos libremente", cuenta Juana, a cargo del flamante emprendimiento turístico.

Ella recuerda los veranos en que llegaban los cuatro hermanos con sus hijos y "éramos 25 chicos felices que jugábamos desde el 2 de diciembre hasta el 6 de marzo, cuando había que volver porque empezaban las clases". Esconderse en los recovecos de los árboles, bañarse en la pileta-tanque de agua, jugar al tenis, cabalgar hasta el río, tomar sol en las playas de arenas blancas rodeadas de vegetación -¡y sin gente!- y deleitarse con el color plateado del cedro plantado por Marcelo T. de Alvear eran entonces, y ahora, las formas de disfrutar de la naturaleza en este sitio mágico.

Días de pesca

El Gualeguay aún posee partes limpias, a pesar de los residuos que se vierten en él y la disminución de su riqueza ictícola denunciada por organizaciones como Salvemos al Río Gualeguay. Una de las actividades diarias del campo consiste en bajar a las playas de arenas blancas del cauce de agua rodeado de sauces, espinillos, ligustros, ceibos, entre otras especies. En el río esperan las piraguas, un lanchón con motor fuera de borda y una lancha. Se puede navegar río abajo de Norte a Sur por esta columna vertebral de la provincia de Entre Ríos, que desemboca en el río Paraná Pavón, y allí pescar bogas, bagres, patíes, dorados y tarariras.

"Por las grandes crecidas hoy hay buena pesca. Como es un cauce encajonado y muy sinuoso cada 300 metros hay un arenal: playas perfectas con barrancas de hasta 5 metros", cuenta Daniel Chiozza, guía de pesca que acompaña las expediciones.

Se trata de un río de desove: en primavera el pescado sube desde el Paraná para desovar en la zona cercana al Gualeguay. "La pesca comercial ha hecho que disminuya el arribo de animales", informa Chiozza. Consciente del cuidado del medio ambiente, devuelve los ejemplares que pesca y cuenta de la música del litoral, de los lugareños pescadores que se deslizan con sus piraguas sobre el río sereno, de su flora y su fauna.

A la vuelta del paseo, en la estancia esperan la pastaflora, los scones o los pastelitos caseros para la hora del té. Y por la noche, cómo no disfrutar de la comida en la mesa grande con entradas y platos de antaño como los vol au vent de espinaca y champiñones, las palmeritas con salsa golf, jamón y huevo mollé, los pescados de río, la carne de caza cuando es época -pato, perdiz, paloma- y los postres como los huevos quimbos.

Datos útiles

Cómo llegar

  • Para llegar a la estancia se toma la Panamericana, ramal Escobar-Zárate (ruta 9) hasta el cruce con la ruta 12 a la altura de la Planta Industrial Toyota. Se toma ésta a la derecha hasta el Cruce Ceibas, donde se dobla nuevamente a la derecha por la ruta 11 hacia Gualeguay. Una vez superada esta localidad, continuando por la misma ruta, unos kilómetros más adelante asoma el desvío al campo.
  • Promoción apertura

    En diciembre y enero hay una promoción lanzamiento de la estancia como destino turístico que incluye las cuatro comidas y una botella de vino cada dos personas por $ 296 por persona, por día.

    Otros precios

  • Programa Navidad y Año Nuevo : 3 noches, sin fechas rígidas, pero que incluya la noche del 24 o 31, según el caso. Por persona, $ 1300.
  • Extras: se puede alquilar un cuatriciclo para pasear por la estancia o ir hasta el río por $ 70 la hora. Cabalgatas de dos horas, 60.
  • Reservas: 011 4372 - 7160

    www.estanciasanambrosio.com

    info@estanciasanambrosio.com
  • Las Colas

    Muy cerca de San Ambrosio, pero del otro lado de la ruta 11 y un poco más cerca de Gualeguay, la estancia Las Colas, que pertenece a Salentein Argentina B. V., también está abierta al turismo.

    La imponente casa de piedra cuenta con una galería que da al parque, enmarcada por seis grandes columnas y dos canteros de coloridas flores. Dispone de siete confortables habitaciones distribuidas en dos plantas más un comedor y un living con televisión.

    Esta estancia formaba parte de las tierras adquiridas originariamente por Juan Bautista Mihura: San Ambrosio fue justamente una subdivisión de las 6000 hectáreas iniciales adquiridas por el vasco. El curioso nombre Las Colas responde a que esta fracción era precisamente la cola del campo cuyo dibujo en el plano semejaba un animal.

    Día de campo: $ 170 por persona. En habitación doble, con pensión completa y bebidas, 320. Niños de entre 3 y 12 años: 160. Informes: info@salenteintourism.com ; 4131-1200.

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