Una ventana para esperar el equinoccio

Viajeros místicos aguardan el amanecer del 21 de marzo frente a un observatorio maya
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30 de enero de 2011  

DZIBILCHALTUN (El Universal GDA).- Está amaneciendo. El poder e influjo de los dioses mayas vuela en el aire, atrapa cada año a 6000 personas para presenciar el equinoccio de primavera a través de un fenómeno solar en el interior del Templo de las Siete Muñecas.

La hordas de viajeros místicos se reúnen frente a este edificio a partir de las 5; irradian alegría y asombro cada 21 de marzo, de 6 a 6.30, cuando el sol se posa justo en el centro de las puertas (ambas situadas en un mismo eje) y su resplandor ilumina por completo la cámara del templo, traspasando ventanas y proyectándose en el suelo.

Dzibilchaltún se erigió como ciudad-Estado, una de las más grandes de Mesoamérica. Mucho más que un centro ceremonial, fue una gran urbe trazada con base en la observación de la bóveda celeste y los movimientos de la Tierra.

En otro tiempo libró guerras, estableció alianzas militares y fue punto de comercio.

En 1982, el arqueoastrónomo Víctor Segovia Pinto descubrió este fenómeno durante los equinoccios de primavera y otoño.

Una de sus hipótesis señala que el edificio era un observatorio astronómico y que, a manera de calendario, se utilizó principalmente para marcar ciclos de agricultura.

El equinoccio de primavera, explicó, indicaba que había que preparar la tierra antes de la época de lluvias; en otoño marcaba el tiempo de la cosecha. Cuando no se apreciaba este fenómeno seguramente era porque vendrían sequías, plagas, hambrunas y enfermedades.

El Templo de las Siete Muñecas se reconoce por su forma cuadrangular y el techo en forma de torre, proyectada encima del edificio.

Muchos jóvenes se asoman a las ventanas para contemplar el atardecer y desde allí se sacan fotos y mandan besos a su pareja; éstas son de forma cuadrada y están a un costado de las entradas ubicadas en un eje poniente y oriente con un arco falso que representa la conexión del edificio con el plano superior y el inframundo.

"Su nombre -afirma Gerardo, nuestro guía- se debe al arqueólogo Edward Wyllys Andrews IV, que deseoso de encontrar tesoros, descubrió en su interior siete figuras humanas de barro. Se cree que este edificio se construyó en el período temprano de Dzilbilchaltún, del 700 al 750 d.C."

Dzibilchaltún significa "el lugar donde hay escritura en piedras planas". Abarca casi 20 kilómetros cuadrados. Se considera que en su momento de mayor esplendor dio cabida a más de 40.000 personas. Durante casi 2100 años la élite gobernante habitó el centro de esta antigua ciudad y el resto de la población, en la periferia.

Se han localizado más de 8400 estructuras, muchas todavía sin excavar, además de un total de 25 estelas que registran eventos importantes y nombres de grandes gobernantes.

En 1998, se encontró como parte de una ofrenda mortuoria un hueso de venado con una inscripción tallada que coincide con la representada en la estela 19 y replantea el nombre verdadero del lugar: Chi’ y Chaan Ti’ Ho, aspecto que ayudó a determinar que la osamenta descubierta correspondía al gobernante Kalom "Uk" Uw Chan Chaak, en Chi’ y Chaan Ti’ Ho.

La zona fue habitada desde 500 a.C. y hasta 1600 d.C. Su ocaso, en el período posclásico de 1000 a 1500 d.C., se marca con el arribo de los toltecas en el siglo X, y el ascenso de la ciudad-Estado de Mayapán, en 1250 d.C., como influencia central al norte de Yucatán.

Las deformaciones craneanas que se realizaban y se pueden apreciar en relieves y pinturas en muros tienen como modelo el águila, la serpiente y el jaguar, este último es el más importante debido a que encarna al sol nocturno que transita por el inframundo y da lugar a un nuevo amanecer.

Todo parece estar en armonía hasta que uno se topa con una capilla abierta, construida entre 1590 y 1593. Los españoles a la fuerza tenían que meter mano en este paisaje selvático.

Otro rasgo que caracteriza el sitio son los sacbés o caminos blancos, que todavía se encuentran en buen estado. Hay que seguir por el que lleva al cenote Xlacah. Ahí está permitido nadar, pero con bloqueador solar y repelente biodegradable, para no afectar este hábitat.

DATOS ÚTILES

Cómo llegar:

Tour privado para una pareja o familia: 50 dólares. Con traslados: 150. Entrada: 11 dólares. El domingo es gratis. Contacto: Gerardo Oliverio, guía y operador turístico certificado. Teléfono: 01 (999) 923 4355, extensión 155.

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