Ushuaia volvió a marchar de punta en blanco

Atletas y familias, reunidos en una ya tradicional carrera de esquí de fondo
Teresa Bausili
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28 de agosto de 2016  

Una señora se queja porque no consiguió el traje de Pokémon. Un clon de Maradona -tatuajes de Dalma y Giannina en cada brazo, arito de brillante y panza aumentada con la ayuda de un almohadón- infla el pecho y dice -los rulos de la peluca al viento - que confía en que su atuendo le asegurará el máximo galardón. Y no se equivoca: más tarde recibirá una copa de dimensiones generosas por su acertada caracterización. También los diez chicos vestidos como los personajes de Harry Potter -desde el niño mago hasta la odiosa Bellatrix o Dobby el elfo- tendrán su reconocimiento.

Aunque los disfraces son parte de la competencia, lo que todos verdaderamente disputan en este día tan esperado por los fueguinos es el máximo acontecimiento invernal de la provincia, la Marcha Blanca. La carrera de esquí de fondo, un clásico en el que participan tanto competidores olímpicos como familias, se celebró el domingo pasado en Ushuaia, tras varios días de incertidumbre por la falta de nieve. Pero tras hacerse esperar más de la cuenta, finalmente llegaron las nevadas, con el bonus track de un sol reluciente que asomaría el domingo a la tarde (se dice que en Ushuaia suelen presentarse los climas de las cuatro estaciones en un mismo día). Con el pronóstico a favor, fueron alrdedor de 400 las personas que se agolparon en el centro invernal de Tierra Mayor para escuchar la señal de largada.

No es, pero parece
No es, pero parece Crédito: Instituto Fueguino de Turismo

Una singularidad de esta carrera es que fue pensada en un sentido tanto competitivo como participativo. Es decir, no sólo reúne a corredores expertos, sino que la cita se convierte en una verdadera fiesta social y familiar. Con o sin disfraz, desfilan por la pista padres empujando cochecitos de bebes, abuelos con sus nietos, chicos que apenas empiezan a caminar, pero ya se calzan los esquíes, e incluso veteranos como Hannes Larsson, un finlandés de 85 años que va por su tercera Marcha Blanca. Este año, además, corrieron 80 personas con diferentes discapacidades.

La Marcha Blanca se disputa cada año en el valle de Tierra Mayor
La Marcha Blanca se disputa cada año en el valle de Tierra Mayor Crédito: Instituto Fueguino de Turismo

A lo largo de los valles se recorren tres circuitos, uno de 21 km para competición, y otros recreativos de 10 y 1,5 kilómetros para la comunidad en general. Para deportistas de élite y aficionados, existe otra competencia de 42 km, Ushuaia Loppet , que este año no pudo celebrarse por falta de nieve.

"Tengo 61 años y vine hace 31 a Ushuaia, en principio por seis meses y ya ves, se me pasó el tiempo. Hace 30 años que corro la Marcha Blanca, y si no lo hago, me falta algo", confiesa Juan Saavedra, acompañado por su hijo Simón, mientras acepta un vaso de agua de los voluntarios apostados a la vera del camino.

El esquí de fondo -también llamado esquí nórdico- se basa en la resistencia antes que en la velocidad. Se practica en grandes valles, planos, sobre esquíes delgados que sólo agarran la punta del pie, dejando el talón suelto.

"Movés todo el cuerpo, es un deporte increíblemente completo y 100% aeróbico. Se practica en familia, podés acceder a lugares perdidos en el bosque y la montaña y no necesitás 3000 pesos por día para practicarlo, como el esquí alpino".

Quien dice esto es María Giró, una de las embajadoras más emblemáticas del deporte. María es instructora, ex biathlonista olímpica (disciplina que combina esquí de fondo con tiro al blanco con carabina) e hija de Gustavo Giró.

Gustavo Giró fue un expedicionario que encabezó la primera llegada al Polo Sur de un grupo argentino. Enamorado incurable del continente blanco, fundó a mediados de los ?70 Tierra Mayor (a la que llamó su "pequeña Antártida"), creó la primera escuela de esquí de fondo y organizó la primera Marcha Blanca, en 1981.

La idea original era cruzar la cordillera fueguina sobre esquíes de fondo en homenaje al que había realizado un siglo y medio antes el general San Martín en los Andes mendocinos. La segunda marcha se realizó en 1986, ya con Tierra Mayor como locación definitiva.

En esta 30° edición, un agotado Matías Zuloaga, de 19 años, cruzó la línea de llegada, se tiró en la nieve y lloró. El nieto de Gustavo Giró acababa de ganar por primera vez los 21 km de la Marcha Blanca.

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