Vale sacarse la corbata y... el apellido

Horacio de Dios
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18 de noviembre de 2012  

Apenas llegás comienzan a llamarte por tu nombre. Igual que en el jardín de infantes, antes que te pongan adelante el apellido, en el colegio secundario. Los trámites en el aeropuerto, que suelen ser fastidiosos, se disuelven cuando el funcionario te asegura sonriendo que todo está bien. Tudo azul no Brasil de Norte a Sul, una versión en portugués del d on't worry, be happy (no te preocupes, sé feliz).

Este prólogo es lo que siento, la sombra luminosa de todo lo que es Brasil en sus bellezas naturales incluyendo las mulatas, las playas donde hasta Yemanjá, la diosa orisha, es tan coqueta que sus seguidores le regalan espejos y collares, y donde el sincretismo no es una palabra difícil, sino un hecho cotidiano de transculturación y mestizaje.

A ningún turista se le ocurre viajar con corbata porque sólo el short es obligatorio y basta un hilo dental para una tanga porque no hace falta para los bum bum (nótese tan particular manera de hablar de colas con ritmo incorporado). Aunque estés un poco lejos del mar, en realidad jamás el agua te abandona, estás mimado en tu o tro yo por las Chicas de Ipanema, a coisa mais linda que eu já vi passar . La señora con la que te cruzás es Hel, a la que nadie llamaría Heloisa Eneida Menezes Paes Pinto, como dice su documento real, que asegura además que tiene 67 años, los más espléndidos que puedan idealizarse para la protagonista de la canción más repetida en el mundo desde hace medio siglo.

Por supuesto estamos atentos al cambio del real, las comparaciones que pueden ser odiosas a la hora de pagar alojamiento, diversiones o comidas, pero enseguida pasás a otra cosa porque lo que más vale no tiene precio.

Las cosas cambian a un ritmo de vértigo sin perder ese cable a tierra con lo fundamental del t udo bem. Un capítulo temático es detenerse en El Bar Veloso, donde Tom (Jobim) se enamoró y le propuso casamiento a la Chica de Ipanema. Ya no está en la calle Montenegro porque el catastro poco tiene que ver con el alma. Hoy se llama razonablemente Vinicius (de Morais), el aparcero emblemático de la bossa nova. La cultura popular nos envuelve tan embriagadoramente como una caipirinha de la música a la TV, donde no hace falta la traducción; falamos a los tropezones. No nos corrigen, a lo sumo sonríen sin cargada.

Viva la diferencia

Somos o nos sentimos muy distintos. Ellos también lo admiten. Es un empate aceptado. Por eso las vacaciones en Brasil para nosotros son complementarias. Trastienda de los dioses del Olimpo donde el impecable Apolo, el apolíneo que usaba gomina, coexiste con Dionisios, que era un tiro al aire. Y la simbólica Doña Flor fue creada por Jorge Amado para que se llevaran bien sus dos maridos, el tarambana divertido y el farmacéutico aburrido.

Es lo que sucede en el teleteatro Avenida Brasil , un éxito descomunal que acaba de culminar la última semana con 50 millones de espectadores. Es sociología vital recorrer esta calle que nace en el centro de Río de Janeiro y atraviesa 27 barrios hasta las zonas periféricas donde está el imaginario pueblo Divino, algo así como nuestra Ciudad Oculta o Villa Insuperable.

La BBC de Londres acaba de dedicarle una amplia nota a esta clase media baja, ahora emergente, donde en el clásico ABC, desde los ricos hasta los pobres, se alteraron los roles. "Son un espejo para que las personas se miren, todos conversan sobre las novelas: los políticos, los empleados domésticos, los taxistas, los profesores universitarios? Todo el mundo." Y en las redes sociales la conversación sigue aunque la serie terminó.

La fertilidad creadora propone más nombres. Y no hace falta el apellido para saber de quién están hablando cuando dicen Nina o Carminha, de la mencionada serie; lo mismo que Caetano, Chico, Doryval, Elis, Gilberto, Marisa, como si saltaran a Pelé o Ronaldinho, Lula o Dilma.

Por eso, al preparar la valija, ponga más grande su nombre que su apellido para ir entrando en este clima distendido ya desde antes de partir.

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