Villa Traful, tranquilidad en estado puro

En la Ruta de los Siete Lagos y a 58 km de Villa La Angostura, este pequeño pueblo de apenas 350 habitantes es ideal para disfrutar de la montaña a pleno: avistaje de aves, trekking, buceo y comida casera
Daniela Dini
(0)
9 de diciembre de 2012  

VILLA TRAFUL.- Silencio absoluto. Perfume fresco, a verde, a bosque. La lancha navega despacio, como flotando, liviana, sobre las aguas cristalinas del lago Traful. El color es único, un esmeralda aturquesado: "(los tonos)... oscilan entre el azul marino pasando por los verdes del sulfato de cobre y los atornasolados del cuello de las palomas. Todos los tintes del acero al templarse se suceden en la superficie de la rápida y rizada sábana del agua", describió Roberto Arlt hace cerca de ochenta años, inmortalizando con sus escritos su paso por Villa Traful. Casualmente dos años antes de que se oficializara al lugar como tal. La fundación fue en 1936, pero mucho antes sus habitantes originarios ya habían bautizado a esta tierra mapuche como Travül, que significa "unión", y habla del punto de comunión del imponente lago con el río Limay.

Lo cierto es que estas aguas, en su degradé indefinible del verde transparente al azul más profundo, conmueven. Desde los mapuches hasta Arlt. Desde sus habitantes -que no suman más de 350, aunque el censo quiera doblar la cifra-, hasta quien tenga la fortuna de pasar por este recorte perdido en la Patagonia andina, parte del Parque Nacional Nahuel Huapi.

En medio de la Ruta de los Siete Lagos, sólo 58 kilómetros la separan de la vecina Villa La Angostura, y 90 del aeropuerto de Bariloche. Villa Traful espera en escalas diametralmente opuestas, tan diminuta como imponente, con una belleza que intimida. El pueblo -que más que pueblo, es una gran familia- se levanta hacia la montaña, por sobre la ruta provincial 65, que cuando pasa por Traful, parece un camino vecinal, serpenteado sobre la costa sur del lago que descansa, apacible, como el corazón del lugar. Late sin prisa, coronado por coihues centenarios, y en primavera y verano, por una invasión de retamas de amarillo furioso, que salpica el paisaje.

Un bosque al revés

Casi, casi, parece que puede verse el fondo del lago Traful, de tan transparente, y sin embargo, la vista no llega. Quién sabe qué secretos se esconden allí, bajo las aguas heladas. Sin embargo, hay uno que emerge y regala un escenario onírico, misterioso. Y hace brotar miles de preguntas, que la naturaleza no responde del todo, pero ya no importa. Suficiente con contemplar y admirar. Dicen que en los años 60 un terremoto en Chile causó un desplazamiento en el cerro Alto Mahuida. Ahora creen que en verdad, un movimiento de las placas tectónicas fue lo que dio origen a que las costas del cerro desaparecieran, hundiéndose bajo las aguas del Traful. El efecto es sorprendente, como si la tierra fuera una alfombra que se hubiera deslizado, suavemente, buscando encontrarse con el lago. Se encontraron, y con ellos arrastraron al bosque, en una fusión inexplicable, en la que más de sesenta ejemplares de cipreses y coihues de varios metros de altura se congelaron desde hace décadas formando un bosque sumergido. Troncos larguísimos y ramas gris plata contrastan con el esmeralda del agua. Algunos ejemplares dejan asomar sus copas desnudas, sobre la superficie del lago. Y como melancólicas, se dejan admirar desde una lancha, o incluso, desde las profundidades, donde se puede bucear entre estos árboles caídos, hasta treinta metros de profundidad.

El cerro se sigue moviendo, dicen. Y basta mirar y ver que, allí donde hay tierra, el bosque, como entregado, parece avanzar hacia el encuentro inevitable con el lago.

Casi sin cenizas

"Se necesita poco para hacer avistaje de aves: una guía de campo, un prismático y mucha paciencia. Hay que callarse la boca y esperar", dice el Chino, el guía que enseña cómo hacer birdwatching. Aunque esa frase es sólo una moda. Para él, el experto, se trata de salir a pajarear, una de las principales actividades en Villa Traful, que ofrece todo un espectáculo de aves para quien esté dispuesto a aprender a mirar. Al principio no es fácil, pero a medida que el día avanza, el follaje del bosque abre paso a las especies autóctonas. Y se pueden descubrir las parejas de cauquenes, el carpintero gigante, el chucao, la bandurria. Con suerte, aparecerá algún cóndor, aunque se ven mejor en Cuyín Manzano, el pueblo vecino.

Cabalgar por la montaña es otro gran plan. A orillas de Río Minero, los caballos de don Lalo Lagos trotan levantando lo que parece un polvo finísimo, que en verdad es el rezago en forma de ceniza, de un triste pasado no tan lejano. A Naiara, la nuera española de Lalo, todavía se le llenan los ojos de lágrimas al recordar el fatídico 5 de junio de 2011 -un día después que la erupción del Puyehue alcanzara a Villa La Angostura-, cuando el campo de los Lagos se transformó en un paisaje lunar. Perdieron todo su ganado y se suspendió el turismo, aunque esta familia tuvo su parte de buena fortuna: el ojo de agua que pasa por su terreno fue el único potable en toda la zona, y les salvó la vida a ellos y al pueblo entero.

La naturaleza hizo el resto, y la nieve tapizó la ceniza y el paisaje resurgió. Desde septiembre último retomaron las actividades de cabalgatas alrededor del predio y también las travesías por la Cordillera y los safaris fotográficos. "También se puede pescar con mosca y devolución. Si no se sabe, enseñamos gratis, porque la mosca es una cultura", dice con orgullo Lucas, el hijo de Lalo. Mientras, Pichona, su madre, dispone sobre la mesa una merienda suculenta e íntegramente casera: desde las facturas y los panes hasta la manteca, el queso y los dulces, todo está hecho por ella.

Sus gestos, meticulosos y prolijos, revelan que el corazón de este lugar detenido en el tiempo no sólo está en su imponente lago, ni en las múltiples actividades que hacen olvidar que en todo el pueblo, prácticamente no hay señal de celular ni Internet.

La magia de la villa está también en su gente y sus costumbres, en las manos que supieron apalear cenizas y hoy vuelven a amasar el pan, guiar una cabalgata e invitar un té. Su secreto está en el eco mapuche que resuena en las montañas y late en el fondo de las aguas eternas del Traful, en un bosque del revés, o en el aire, en el fugaz aleteo de las alas de un cauquén.

Refinado y sustentable

La hectárea sobre la que se emplaza el Alto Traful está justo enfrente al lago Traful: desde un sillón en el amplio living vidriado, o desde el deck de la piscina en la terraza, la vista es inmejorable. Sin embargo, a lo lejos, la estructura se camufla entre el bosque, y la razón es simple: todo detalle fue pensado para no impactar con el medio ambiente, desde su diseño, que se mimetiza con el entorno natural, hasta cuestiones que hacen al funcionamiento del hotel, donde se prioriza la sustentabilidad. Recientemente inaugurado, el hotel Alto Traful Lodge & Suites es una opción para disfrutar del paisaje andino y también de la comodidad de hotelería de alto nivel. Habitaciones de diseño y con formato de apart, sus 36 cuartos brindan un espacio íntimo y adaptable a las necesidades de los huéspedes.

De estilo vanguardista, moderno y sobrio a la vez, el proyecto estuvo a cargo del Estudio Diez Ogando de Neuquén. Ofrece suites tradicionales, habitaciones dobles, studios y lofts, que pueden combinarse entre sí. Tarifas por noche, en base doble: suite, $ 850. Con cocina y frigobar: studio ($ 600) y loft en dos plantas ($1300). Ideal para familias, hasta cuatro huéspedes, la combinación de suite y habitación doble cuesta $1100 por noche. www.altotraful.com

Tras la huella

La Patagonia argentina es uno de los lugares más bellos del mundo para el trekking y diversas iniciativas lo fomentan. Una de ellas es Huella Andina, un proyecto nacional que forma parte del proyecto Senderos Argentina y está en expansión –ya fue completado en un 60%-, que promueve el senderismo por la Patagonia Norte, a partir de la reutilización de viejas rastrilladas y huellas para crear un sendero troncal. Es el primero de gran recorrido del país y está totalmente señalizado, con cerca de 560 kilómetros de extensión. La ruta trazada es, en general, de dificultad baja y media, y une el lago Aluminé en Villa Pehuenia, Neuquén, con el lago Baguilt, en Chubut. Atraviesa de norte a sur la zona cordillerana de la Reserva de la Biósfera Andino Norpatagónica –declarada como tal por la Unesco en 2007-, uniendo los senderos que recorren cinco parques nacionales: Lanín, Nahuel Huapi, Arrayanes, Lago Puelo y Los Alerces. Algunos senderos, además de a pie, se pueden recorrer en bicicleta o a caballo.

Neuquén participa con 105.5 kilómetros de este trayecto, y Traful tiene su tramo hasta Villa La Angostura. Son 18 kilómetros que se dividen en dos jornadas, de siete horas las primera y cinco la segunda, con noche de acampe en una zona conocida como la Tapera de los Lagos. De diciembre a mayo la ruta puede hacerse en forma independiente –aunque se aclara que el grado de dificultad es alto-, y el resto del año se requiere exclusivamente de la supervisión de guías de montaña.

Más información: www.neuquentur.gob.ar huellaandina@turismo.gov.ar

Datos útiles

Cómo llegar

  • Avión. LAN posee vuelos desde Buenos Aires hasta Bariloche a partir de $ 1486 y Aerolíneas Argentinas, desde $ 1492. Villa Traful se encuentra a 90 kilómetros de allí, por la ruta 40, o bien se puede acceder a través de la Ruta de los Siete Lagos. Se ingresa por la ruta 65, de ripio y en buenas condiciones.
  • Qué hacer

  • Birdwatching. El avistamiento de aves puede hacerse en las cercanías de la villa, idealmente por la mañana. La duración va desde medio día hasta jornadas completas.
  • Excursión al bosque sumergido . Siempre que las condiciones climáticas acompañen -no puede haber viento en absoluto-, se puede navegar en lancha hacia la costa norte del Traful y recorrer este fenómeno, además de ver la Virgen Stella Maris, emplazada en una de las grutas de roca basáltica. También se puede bucear. www.ecotraful.blogspot.com.ar
  • Cabalgatas. En Río Minero la familia Lagos ofrece cabalgatas guiadas (la hora, $ 50). También hacen travesías por la Cordillera y safaris fotográficos. Ofrecen hospedaje en sus cabañas equipadas, desde $450 por noche, en base doble. La merienda casera de Doña Pichona, se sirve por $ 45 por persona. www.riominero.com.ar
  • Qué probar

  • En Villa Traful, las casas de té y las delicias patagónicas son un clásico. La iniciativa familiar Ñancú-Lahuen está próxima a cumplir dos décadas. Desde marzo de 93 la familia Gresznaryk ofrece restaurante con comidas típicas y tablas de ahumados, y salón de té, tortas y chocolatería propia. El imperdible: la fondue de chocolate. En pleno Centro Cívico, a metros de la capilla. ( www.interpatagonia.com/nanculahuen )
  • Vale la pena hacer una parada al bajar del avión -o bien antes de regresar-, para comer una trucha grillada al limón en la desembocadura del río Limay, en El Boliche Viejo, a quince minutos del aeropuerto de Bariloche. El paraje es histórico: es el favorito de pescadores y cazadores, y además, patrimonio histórico. Se cuenta que allí se reunían Butch Cassidy y su banda a principios del siglo pasado. Ruta 40 Norte (ex ruta 237) y Puente Limay, (02944) 468452
  • Más información: www.villatraful.gov.ar

    ADEMÁS

    MÁS leídas ahora

    ENVÍA TU COMENTARIO

    Ver legales

    Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

    Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

    Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.