Vuelo de pájaro de un árbol a otro

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25 de enero de 2002  

Una vivencia extrema en la selva compite con la selva misma, que tiene un carácter radical por naturaleza. Pero, pensándolo bien, la complementa. El marco espeso de vegetación y la sola imaginación de animales rondando tan cerca potencia el momento adrenalínico.

A 20 km de Puerto Iguazú, en Puerto Península, hay una aventura esperando, cruzada de brazos, a los más valientes.

Mientras la camioneta 4x4 pisa la tierra oxidada, los pasajeros dejan volar sus expectativas y las visiones de la provincia saltan por las ventanillas y tiñen las pupilas de verde.

El vehículo se desvía del camino principal y se detiene junto a un árbol con una plataforma de madera en las ramas más altas. "Es una caña fístola -explica Roberto, uno de los instructores-, tiene alrededor de 20 metros, y esa construcción de madera que ven allá arriba será nuestra base para llegar hasta aquel árbol."

Todas las miradas del grupo siguieron atentamente su dedo, que señaló la soga que unía los dos árboles, a 80 metros uno de otro. Casi no hubo tiempo de temer que una tropilla de guías ya equipaba a los pasajeros con cascos, arneses y guantes.

Igual que en Costa Rica

En Costa Rica, este tipo de rappel tiene el nombre de canopy , y es una de las atracciones de la selva nublada desde hace varios años. Como ese nombre ya estaba registrado, la empresa Iguazú Forest eligió el de vuelo de pájaro .

El paso siguiente fue subir una escalera colgante de soga hasta la plataforma. Es un tramo movedizo; sin embargo, el arnés da seguridad. Arriba, a 20 metros, cambia la perspectiva. La luz reemplaza a la penumbra de los estratos más bajos de la selva y la gente se ve chiquita. Los pensamientos van y vienen a medida que Roberto ajusta el arnés y chequea los seguros. "Uno, dos... ¿Estás preparada? ¡Ahí va!" Y desde la copa de ese árbol, uno se desliza como sentado sobre el arnés hasta la copa del otro. Ya no hay miedo, sino una sensación placentera que baña el espíritu y enciende una sonrisa. La actividad transcurre rápido, quizá más de lo que uno quisiera. El desnivel del terreno hace que en menos de un minuto la próxima plataforma esté al alcance de los pies.

Para muchos esta experiencia fue suficiente, otros quieren más. Entonces, no duden en probar el salto del tigre , un rappel por una cascada de 16 m. La consigna es descender por los paredones de piedra por el mismo camino que el agua. Sí, terminás mojado, pero feliz.

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