Pobreza de 57,4%: al decimal 4, ¿de dónde lo sacaron?
El dato tuvo impacto mediático y político, pero se trata de una proyección, que a su vez arrancó desde el nivel de una encuesta anterior; es probable que la cifra de pobres haya subido, pero el metodo para determinar su magnitud genera dudas
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Desde el punto de vista mediático y político, la afirmación del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, de que en enero de este año la pobreza subió a 57,4% de las personas, fue un éxito total. Fue el principal titular en los diarios del domingo pasado y generó notable práctica del “juego del gran bonete”, por parte de los políticos, para identificar a los culpables. Algunos periodistas se pusieron a hacer pronósticos con tal entusiasmo que vale la pena recordarles que saquen el pie del acelerador, porque la pobreza tiene un techo de 100%.
Todos dieron por válida la estimación. La cual, además de la ridiculez de plantearla con un decimal y de sostener que surgió de la aplicación de una “metodología científica” (sic), llamó la atención, porque las estimaciones de la pobreza se basan en encuestas. ¿Tan rápido la UCA procesó una? No, se trata de una proyección, pero eso sí, basada en la ciencia. Estamos delante, ni más ni menos, que de alguna variante de la regla de 3 –que aprendimos en la escuela primaria–, que arrancó desde el nivel observado en la última encuesta.
Por favor, léame bien. Es muy probable que en enero pasado la pobreza haya subido. El problema es la pobreza, no una magnitud que, por cómo fue elaborada, despierta genuinas dudas profesionales.
Algo no anda en el sistema económico de un país, cuyo gigantesco gasto público se dedica en buena medida a gastos en seguridad social y planes sociales, y genera tamaña cantidad de pobres. El presidente Milei tiene algunas ideas al respecto, que trata de implementar con el estilo que lo caracteriza.
Permítame ser brutal, y perdón si lo (o la) incomodo. La pobreza no existe. Existen seres humanos cuyos ingresos están por debajo de una línea fijada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Hay pobres en El Impenetrable, en Fuerte Apache y en la esquina de su casa. La próxima vez que encuentre algún ser humano que le pide, dele lo que pueda y, de ser posible, mírelo a los ojos y dígale algo. Porque no sólo necesita dinero, sino también algún contacto humano. Una de mis hijas me enseñó a dar y cómo dar.
No me venga con que “la oposición plantó a algunos pobres en la calle para hacernos sentir mal” o que “son todos vagos”. Puede ser, pero, error tipo I, error tipo II, ¿qué cuesta haberle dado algo a algún farsante contra negárselo a algún necesitado? Particularmente cuando quien pide es una “persona de edad”.
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