Sexo: foreplay o cómo prolongar al máximo el juego previo

Fuente: OHLALÁ! - Crédito: Gisela Filc
Denise Tempone
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19 de diciembre de 2018  • 14:13

"No franeleo bien, en serio bien, desde que era virgen", dijo una amiga hace unos días. El resto de las presentes no fue tan atrás en sus biografías pero también dejó en claro que disfrutar de un prolongado juego previo era algo que no les pasaba hacía algún tiempo: desde antes de que ser madres, de casarse, de convivir, incluso de formalizar una relación.

Al parecer, en la vida de las parejas hay un momento en que se deja de franelear "bien en serio", un momento en el que ir al grano se vuelve más urgente.

La sexología clínica inglesa tiene dos palabras para definir el "franeleo": foreplay y petting. Las cataloga como un "conjunto de prácticas" previas a la penetración y en el caso del petting, lo asocia más bien a un juego adolescente del clásico "pero igual no hacemos nada", una zona tibia y tierna que no pasa a mayores y por lo tanto, no es tan en serio.

Para muchas de nosotras, sin embargo, se trata un tema mucho más sensible que lo que la definición "conjunto de prácticas" parece transmitir. Amamos el foreplay, los "juegos previos", no necesariamente por lo que anticipan sino más bien por lo que significan: la oportunidad de volver a ser acariciadas, abrazadas, conectadas a través de la piel de una forma tierna, amable.

Si pensamos en el sorprende poco contacto piel a piel que tiene un adulto a lo largo de su vida fuera de los encuentros sexuales, entonces entendemos perfectamente por qué tantas sentimos esa sed de contacto de "cuerpo entero", incluso en épocas en que nuestra cama no se encuentra precisamente fría. ¿Qué se necesita para recuperar la previa?

¡Tiempo!

Nada bueno sale de un amante apurado. Sino tenés tiempo (o no encontrás a alguien con tiempo) de tenderte en un cama para que alguien delinee tu cuerpo con sus manos, te bese suavecito o te cuente lo lunares, tus encuentros se van a convertirse en algo más parecido a una visita higiénica que a un roce de mundos entre las sábanas. El foreplay florece en cuerpos generosos que saben cuándo dejar de atender los temas inmediatos para volverse humanos.

Una visión más amplia

El flagelo de la genitalidad ha arruinado muchas vidas sexuales. Pensar que uno está teniendo sexo con alguien solo cuando está tocando sus zonas intimas es el error más teen, tosco y lamentablemente, usual, en camas de personas que ya no son adolescentes y cuya madurez debería permitirles entender que el erotismo está en los márgenes. Las experiencias más sexies pueden surgir con caricias a años de luz de nuestras entrepiernas.

Fuente: OHLALÁ! - Crédito: Gisela Filc

Ropa

Hace años, cuando no teníamos un lugar para "apretar" con nuestros noviecitos, éramos expertas en eso de rozar, frotar, rascar, nuestra ropa contra jeans, rodillas o lo que fuera. Era una época en que la diversidad de texturas nos cargaba de información, nos hacía anticipar con locura como sería deshacerse de todos esos obstáculos. Por entonces no sabíamos claro, que los obstáculos, a veces son lo más lindo. Dicen justamente que el erotismo, es el arte de frustración. Viene bien recordarlo de vez en cuando.

Entrega

Alguien me contó una vez la experiencia con una amante huidizo que por razones de fuerza mayor, no podía comprometerse. La forma "safe", segura, que ese amante tenía de establecer contacto era limitándose a llegar a la penetración lo más rápido posible, sin abrazos, besos, caricias que pudieran transmitir la idea de que eso que tenían era afectivo, amor, algo más humano y serio. Por ridículo que suene, el "foreplay", los gestos de cariño y devoción, para muchos, connotan la clase de "compromiso" que no quisieran tener que asumir. En esas personas, la descarga fisiología es mucho más importante que el encuentro en sí.

La previa de un previo

¿Cuándo comienza un juego previo? ¿Cuándo dos personas se ven cara a cara? ¿Cuándo aparece el primer "hola" en el chat? ¿O cuándo alguien lanza su primer "me gusta"? En la era del contacto constante, el juego previo realmente puede empezar en cualquier momento y con cualquier persona. Pero eso que es maravilloso se vuelve algo complejo. Semejante comodidad bien podría explicar por qué tantos juegos previos jamás dejan de ser eso: previas de previas que nunca se llegan.

La desgenitalización de la sexualidad, la exacerbación del erotismo y la generosidad de expresar el deseo con fuerza son los desafíos que más nos cuestan cuando nos hacemos "adultos" y olvidamos que mientras estemos encendidos, vivos y andando, cualquier encuentro puede ser una previa.

Experta consultada: María Ester Antelo. Psicóloga y sexóloga terapeuta de parejas. Miembro de la comisión directiva de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana.

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