Abusos: qué leyes tenemos y cuáles hacen falta

Crédito: Ilustración de Inés Fraschina
Violeta Galanternik
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22 de marzo de 2019  • 00:21

El 144 no da abasto desde el 11 de diciembre, la tarde en que Thelma Fardin, en el marco del colectivo de Actrices Argentinas, hizo pública la denuncia en la Justicia del abuso sexual sufrido en su adolescencia. Ya pasaron casi tres meses y la ola de denuncias y de pedidos de ayuda de otros miles de mujeres no cesa. La palabra de Thelma representó muchas cosas, pero sobre todo, sin lugar a dudas, fue un canal de apertura a que se estime el derecho de la mujer a contar la situación que vivió. Fue lo que destapó una olla con miles de Thelmas silenciadas que se encontraron reflejadas para tomar la fuerza y el apoyo para decir "basta".

Estamos en un momento social en el que se está tomando conciencia de que el abuso no es algo lejano y solitario sino algo masivo e impune. La palabra juega un rol fundamental: hablarlo permite visibilizarlo, visibilizarlo permite desnaturalizarlo y al hablarlo, prevenimos.

Abuso masivo e impune

Según ONU Mujeres, 1 de cada 3 mujeres sufrió algún tipo de violencia sexual a lo largo de su vida. Además, según las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud -cifras validadas por el Sistema de Justicia de nuestro país-, una de cada cinco chicas y uno de cada 13 varones son abusados sexualmente antes de los 18 años. Según la Fundación Red por la Infancia, esto equivale a 1,97 millones de NNyA (niñas, niños y adolescentes) en Argentina que potencialmente podrían ser víctimas de abuso sexual antes de los 18 años. En el 80%, el abuso es intrafamiliar, es decir, el hogar puede ser el lugar de mayor protección, pero también de más riesgo para los niños. Entonces, si algo le pasa a una población tan grande, nosotros, todos los adultos, tenemos que pensar que nadie está exento.

La sociedad y la familia silencian a muchas víctimas, y las que se animan a denunciar, ellas o sus protectores, sufren una revictimización en el proceso de denuncia a la Justicia, que arroja cifras abrumadoras de impunidad: se estima que de cada 1000 abusos cometidos, solo 100 son denunciados y 1 o 2 llegan a condena (regla de cálculo que hacen los operadores de justicia). Todo el proceso demora 7 años, aproximadamente.

¿Qué leyes tenemos y cuáles hacen falta?

Mientras escribíamos esta nota, salían los resultados preliminares de un ranking realizado por The Economist que evalúa la capacidad de respuesta de 40 Estados frente a la violencia sexual contra NNyA. Argentina salió en el 35º puesto, el peor de Latinoamérica. Esto significa que el camino es largo y nos falta mucho. Los pasitos que avanzamos fueron con la ayuda y la perseverancia de organizaciones sociales y fundaciones que buscan la visibilización, capacitación y acompañamiento de las víctimas en pos de la ampliación de los derechos de las mujeres y niños, como Red por la Infancia y Shalom Bait.

En el último tiempo, hubo ciertas modificaciones de cuestiones legales, de las cuales podemos destacar:

En 2011, la "ley Piazza", llevada adelante por Roberto Piazza, estableció que el delito de abuso sexual infantil comienza a prescribir a partir de que la víctima cumple 18 años. En esta misma línea, en 2018, se realizó la modificación a la Ley 27.206, "Respeto a los tiempos de las víctimas", por la imprescriptibilidad de los delitos de abuso sexual en la infancia.

En 2017, se promulgó la Ley 27.352, que modifica el artículo 119 del código penal con una tipificación de abuso sexual con el objetivo de precisar las acciones que implican el delito de abuso sexual y, de esa manera, acotar la interpretación de los jueces.

También en 2018, la Ley 27.455 determinó los delitos de abuso sexual en la infancia como delitos de instancia pública. Este fue un gran avance, ya que previamente eran de instancia "privada", lo que determinaba que el Estado, frente a una denuncia, debía pedir autorización a los progenitores, tutores o encargados. Dado que el 80% de los casos de abuso son intrafamiliares, la mayoría de las veces se frenaba en esta corta instancia. A partir de la reforma, el Estado no pide permiso y tiene la obligación de investigar toda denuncia de abuso. En los abusos en adultos, es de instancia privada, es decir, la víctima debe instar.

La denuncia judicial de abuso la puede realizar cualquier adulto que haya sido víctima y, si se trata de un menor, puede ser realizada por cualquier adulto que vea síntomas o indicadores de abuso, ya sea familiar, docente, pediatra; es el fiscal quien debe recopilar las pruebas para evaluar el hecho. Además, si hablamos de un menor, tenemos que contemplar la denuncia civil, sobre todo porque en el 80% el agresor es un familiar, por lo que, mientras se hace la denuncia en el fuero penal, hay que hacer la denuncia civil para poder tramitar la perimetral para que el agresor no se acerque, que la restricción de acercamiento se cumpla y se renueve en tiempo y forma y que se mantenga hasta que haya sentencia firme.

Abusos de larga data

Los casos de Thelma Fardin -que pudo denunciar- y de Anita Co -que no pudo- despertaron muchas dudas con respecto a qué es lo que pasa con la denuncia de abusos de larga data. Como explicamos, en 2015 se sancionó una nueva Ley de Respeto a los Tiempos de las Víctimas, que dice que si a vos te sucedió el abuso cuando fuiste menor de edad, se suspende la prescripción hasta la mayoría de edad. Pero ¿qué pasa con las mujeres que fueron abusadas hace tiempo siendo mayores de edad? Los delitos quedan, la mayor parte de las veces, prescriptos. Hoy hay un proyecto de ley en el que se trata de remover la prescripción independientemente de la edad de la víctima. Los especialistas entienden -y es una recomendación que hace la CEDAU, la Comisión de ONU de violencia contra la mujer- que la prescripción es una discriminación y privación del acceso a la justicia por parte de las mujeres. Muchas ONG y fundaciones entienden que cuando se trata de un abuso de larga data, depende de cada una la decisión de denunciar. Si la víctima necesita hacer la denuncia como parte del proceso de sanar, debe ser respetada y el Estado debe garantizar ese derecho.

En estos delitos, es importante entender que no todas las víctimas pueden poner en palabras lo ocurrido en el momento en que sucede. Además, muchas veces mujeres y niños piden ayuda y no les creen, y luego tardan muchísimos años en poder volver a confiar. No solo eso, las situaciones abusivas no siempre quedan en la memoria, se bloquean y aparecen cuando algo las despierta; o no se les dio entidad de abuso y, ahora que está visibilizado, reaparecen como tales.

Diana Rosenhek, la abogada de Shalom Bait (organización social que trabaja sobre todo con víctimas y madres protectoras que han detectado el abuso a sus hijos, con asesoramiento legal, contención y grupos de terapia), explica que los abusos de larga data se pueden denunciar, pero su probación es difícil: no queda una prueba "objetiva", sino que tiene más que ver con los informes de un estrés postraumático, el relato de las personas a quienes les haya contado en su momento, testigos e informes de profesionales que puedan dar sustento a que esos hechos ocurrieron. La condena del abusador no se puede garantizar porque el sistema de justicia es muy complicado y muchas veces las pruebas aparecen como "relativas", además de ser todo apelable. Sin embargo, Rosenhek explica que la denuncia puede significar para la víctima una reivindicación, que el hecho salga del secreto, que alguien sepa que esto ocurrió, y que sea resarcitorio aun cuando el resultado desde la Justicia no sancione al culpable.

RED DE SANACIÓN

Denunciar no es un proceso fácil ni gratuito, ni social ni judicialmente. Sin embargo, ya el acto de hablar es sanador. ¿Un abuso se supera? Los especialistas dicen que no, pero se aprende a vivir con eso, se trata de elaborar lo traumático mediante un tratamiento psicológico y todas las redes de contención para ir sanando a nivel corporal, mental y del alma.

Generar una red de contención, de ayuda profesional, de pares en los que uno pueda apoyarse, llorar, gritar, y también accionar desde lo legal y político, es fundamental.

La denuncia es un proceso doloroso, que remueve no solo internamente, sino estructuras de pensamiento patriarcales que todas tenemos y vínculos que hay que repensar. Apoyarse en un colectivo -sean asociaciones, grupos de amigas, colectivos por profesión o ámbito donde pueda una desahogarse, ver otros casos, escuchar otras voces y experiencias y, sobre todo, sentirse atajada- es muy recomendable.

Visibilizar y desnaturalizar los abusos promueve que cada vez más mujeres hablemos de estos temas y logremos que, aunque en el abuso la víctima haya estado sola y desprotegida, podamos decirle hoy, mirando al futuro, que no está ni estará más sola.

¿Dónde pedir ayuda?

Si necesitás información o asesoramiento, podés contactarte con el ORGANISMO PÚBLICO DOVIC, en Tte. Gral. Juan Domingo Perón 671, Ciudad de Buenos Aires. Atienden de lunes a viernes de 9 a 18. Los teléfonos son (54-11) 6089-9114/9135.

En Shalom Bait, www.shalombait.org.ar, y en Red por la Infancia redporlainfancia.org/observatorio.html, podés también descargar una guía de acceso a la Justicia para entender el paso a paso del proceso de denuncia.

"El abrazo que supimos recuperar"

Por Jazmín Stuart, integrante del Colectivo Actrices Argentinas.

El feminismo siempre fue, para mí, una intuición. Un puñado de preguntas que ponían bajo la lupa el orden imperante y, a la vez, un deseo de volver a algo que nunca había tenido pero siempre añoré: ser parte del abrazo de una marea universal, volver a nuestra tribu.

Creo que así andábamos todas, con nuestros distintos feminismos a cuestas. La llegada del debate por la legalización del aborto fue un faro que se encendió y nos guió hacia un mismo lugar. El encuentro fue intenso, enriquecedor, movilizante. Siempre digo que muchas mujeres juntas mueven una energía asombrosa, pero, cuando se trata de actrices, aparece la posibilidad de representar otras subjetividades en palabra y acción, y la potencia emocional se multiplica.

Durante aquel debate tuvimos jornadas de formación con especialistas, recorrimos las provincias relevando estadísticas y relatos que nos permitieron tener un mapa de la situación de las mujeres en todo el país.

Nuestras acciones más recientes apuntaron a la visibilización de los abusos sexuales, a través del acompañamiento a la denuncia de Thelma Fardin. Esa noche, frente a más de 100 medios internacionales, pusimos la lupa sobre la cultura de la violación, colocando el tema en primera plana y abriendo la puerta para que todas las personas, sin importar género o edad, pudieran decir: "A mí también me pasó", sin la culpa, la vergüenza ni el miedo que la sociedad y el sistema judicial patriarcal supieron instalar. Esa acción desencadenó un fenómeno a nivel nacional: en las líneas de asistencia a víctimas de abuso se dispararon las denuncias exponencialmente y, tanto en lo público como en lo privado, el tema dejó de ser tabú. En nuestro Colectivo recibimos tantos relatos y pedidos de ayuda que tuvimos que enlazarnos con organizaciones de asistencia, abogadas y psicólogas para poder contener y derivar los casos.

Actrices Argentinas es, para nosotras, un espacio de aprendizaje, de reunión, de lucha y de resistencia. Queda muchísimo por hacer, y a pesar de que con cada acción sufrimos siempre alguna contraofensiva, nos sentimos más unidas, organizadas y fuertes que nunca. Sabemos que trabajamos por nuestros derechos y también por los de las generaciones que vendrán. Sabemos que, junto con el movimiento global de mujeres, estamos protegiendo el abrazo que supimos recuperar.

Expertas consultadas: Diana Rosenhek, abogada de la asociación Shalom Bait. Paula Wachter, fundadora de Red por la Infancia. Patricia Faur, psicóloga

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