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Poni abandonado: después de 10 años, sus cascos habían crecido tanto que no podía caminar

Poni abandonado: después de 10 años, sus cascos habían crecido tanto que no podía caminar

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Oculto, en un refugio improvisado y lejos de la carretera en un área de campo de Bélgica. Así había sobrevivido Polly, por lo menos, durante los últimos cinco meses mientras la negligencia de su responsable hacía estragos en su maltratado cuerpo.

Hasta que finalmente, denuncia mediante, el propietario decidió entregar al poni a las autoridades locales que acudieron al lugar junto a un grupo de voluntarios de Animaux en Péril, un santuario que se ocupa de rescatar y rehabilitar a animales en estado de abandono. Cuando los rescatistas llegaron al lugar no pudieron creer lo que estaban presenciando.

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Encontraron al poni casi postrado sobre medio metro de estiércol y en estado de caquexia, o delgadez extrema, lo que causa el desgaste muscular y un proceso por el que el cuerpo literalmente se autoconsume. Pero eso no fue lo más alarmante. Sus cascos habían crecido tanto que Polly prácticamente ya no podía moverse por sus medios.

"Cuando el animal se ve imposibilitado de moverse o trasladarse porque se encuentra confinado en un lugar reducido, sus cascos no pueden erosionarse naturalmente como ocurriría en casa de que se desplazara normalmente. Y comienzan a crecer sin control. Esto produce postración, mucho dolor, dificultad para desplazarse y, por ende, para obtener alimento", explica Agustina Rebagliati, investigadora y escritora especializada en caballos de la Argentina (@entrecaballosok). "En estado salvaje, el caballo no necesita del desvasado ya que la misma erosión del suelo mantiene sus cascos en buenas condiciones. Pero en los casos de maltrato, como el de Polly, el animal no puede moverse y los cascos crecen enrulados, con una patología que, aunque puede tratarse, lleva tiempo", agrega.

De inmediato, los voluntarios se organizaron para subir a Polly a un remolque y trasladarlo al santuario. Necesitaba que le cortaran los cascos. Eran tan desproporcionadamente largos que habían girado una vuelta y media sobre sí mismos. Aún así, luego de cortarlos y de sostener un herrado progresivo para corregir su postura, era posible que nunca volviera a caminar normalmente debido al daño permanente que se había producido en sus articulaciones.

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Luego le dieron los primeros cuidados veterinarios y procedieron a un baño profundo para poder quitar pulgas, piojos y suciedad acumulada sobre una piel irritada. "Es imposible imaginar la angustia de los últimos años, el sufrimiento, el hambre que roe y se desintegra, la tortura de la picazón, el encierro en el aire impenetrable", escribió uno de los responsables del santuario . "Bajo tortura, el tiempo es infinito".

Pero las buenas noticias no se hicieron esperar. Luego de cinco días en el santuario, Polly comenzó a mostrar claros signos de mejoría y un temperamento sociable y vivaz. Todavía tenía muchos meses de rehabilitación por delante, pero en su nueva vida ya había dado sus primeros pasos en libertad.