Arquitextos: Conviene pensar antes de dibujar

Por Luis J. Grossman
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28 de abril de 2004  

La frase utilizada como título de esta columna puede tener una buena carga de obviedad para aquellos que están lejos de las aulas y los talleres donde acaban de comenzar las clases de arquitectura y diseño.

Como puedo acreditar una larga experiencia en la materia, debo valorar un pequeño volumen editado hace apenas pocos meses y que se presenta con el rótulo genérico de Coloquio, el que se aclara después como Teoría de la arquitectura y teoría del proyecto. Son diecisiete aportes de otros tantos colegas, que fueron compilados por el arquitecto Jorge Sarquis.

No es éste el lugar ni cuento con el espacio que demandaría un comentario crítico del libro aludido. Me limito a señalar su pertinencia y la necesidad de que se lo utilice como herramienta válida para que los estudiantes ejerciten con ella su intelecto antes de formular sus propuestas gráficas.

Mediación virtual

En las páginas finales, el arquitecto Javier Tomei despliega una reflexión que, con el título de Contra el lay-out, ejemplifica, a mi modo de ver, los valores de la obra.

Dice Tomei: "El arco tenso entre la promesa de los primeros croquis y la exactitud (tal vez fatal) del detalle de un plano final se desintegra en un nuevo tipo de mediación, una mediación virtual (pero en ese sentido real), en la que ya la primera figuración, el lay-out, está cargado de una precisión antes imposible, de una carga de resolución que permanece idéntica a lo largo de todo el proceso, que ya no es un recorrido de configuraciones que adquieren mayor precisión, sino una sumatoria diferente de información ya codificada (todo está disponible en la computadora -dice Tomei, y señala más adelante al referirse a los programas- que permite visualizar evoluciones posibles de cualquier formalización sobre la base de variables que, aun pudiendo ser aleatorias, ya están determinadas por el mismo software)".

La cita es larga, pero me parece muy elocuente y digna de ser examinada, sobre todo por los que nos criamos con un 6B en la mano como instrumento ineludible para los primeros esbozos de un proyecto.

Se me dirá que empecé por el final, y debo admitir que no leí el libro en su totalidad, pero comparto (no podía ser de otra manera) el escrito de Gastón Breyer y sus afirmaciones axiomáticas: "La Universidad -la Facultad- puede llegar a prescindir de todo o de casi todo, salvo de su Teoría, es decir de su Pensar". He marcado varios párrafos en los ensayos de Roberto Doberti y Javier Solsona.

Recomiendo con calor este Coloquio, la lectura del libro de Eduardo Catalano La constante y un repaso de Vitruvio, claro.

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