A la hora de almorzar, en el centro se hace de todo menos comer

Yoga, remo, cursos de maquillaje, baile o cocina, entre las actividades más buscadas
Julieta Paci
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19 de junio de 2012  

Aunque desde hace tiempo los oficinistas combinan el trabajo con algún tipo de relax en las horas que pasan en el centro, las alternativas se diversificaron. A la hora de almorzar, ya nadie atiende llamadas ni contesta mails. Lejos de la oficina, al mediodía el microcentro porteño se convierte en un oasis, un territorio personal sin lugar para los temas de trabajo.

Cada vez son más quienes realizan clases de yoga, gimnasia, cursos de maquillaje, idiomas, cocina, baile y hasta remo en la hora de receso laboral. También, quienes caen rendidos sobre una almohada o piden a gritos un masaje descontracturante para poder continuar con la rutina.

Un salón con aroma a cremas y perfumes, con espejos en los que se reflejan decenas de rubores, sombras y bases hacen de Silvana Bustos Studio un lugar soñado para cualquier mujer que busca aprender a maquillarse. Su dueña, de nombre homónimo, explica que el curso de automaquillaje más requerido durante la hora del almuerzo es el grupal: entre cuatro y seis chicas aprenden a embellecerse durante una hora y media y, al terminar la clase, se llevan productos para arreglarse en su casa.

"Las mujeres, que generalmente tienen entre 20 y 50 años y trabajan por la zona, llegan con ganas de reírse un rato frente al espejo. No buscan aprender técnicas profesionales, sino disfrutar de un momento entre amigas", detalló Silvana. Su estudio funciona hace tres años.

Pamela Rodríguez aprovecha el receso laboral para una siesta
Pamela Rodríguez aprovecha el receso laboral para una siesta Fuente: LA NACION - Crédito: Maxie Amena

Mientras algunos se calzan las zapatillas para bicicletear en un gimnasio, también hay quienes respiran hondo en busca de relajación. Con una suave música de fondo, sobre colchonetas, un pequeño grupo de mujeres de entre 20 y 40 años con ropa deportiva y holgada estira sus brazos hacia el techo en medio de su clase de yoga.

Bajar el acelere

"Esto es lo mejor para bajar el acelere que traigo del trabajo", dice María Fernanda Talavico, abogada, de 35 años, que siempre asiste con un bolsito en el que lleva ropa cómoda para realizar el ejercicio. Joaquín Tato, instructor de Yoga Estudio, abierto hace un año, explica: "Los alumnos buscan distenderse, tomarse un respiro y salir renovados".

El sueño de perderse en el mar y navegar por un rato, lejos de todas las obligaciones, ya no parece tan lejano. Cerca de las oficinas de Puerto Madero, desde donde se puede observar la inmensidad del río, Vanesa Remón, instructora de remo en el Yacht Club Puerto Madero, cuenta que el remo es otra de las actividades elegidas a la hora del almuerzo.

Al curso, que consta de cinco clases de una hora y se dicta de 7.30 a 18, asisten tanto hombres como mujeres, de diversas edades, que trabajan en el microcentro y buscan despejarse. "Llegan a la hora del almuerzo o antes de entrar a la oficina, pero todos quieren relajarse y respirar aire fresco. Lo que más les entusiasma es la idea de poder realizar una actividad física cerca de su trabajo y que además les lleva poco tiempo", describe.

Remón explica que, concluido el curso, muchos alquilan un bote o un kayak para salir solos.

Mientras algunos prefieren ejercitarse para liberar endorfinas, están los que se conforman con una buena siesta. Este es el caso de Pamela Rodríguez, de 32 años, que rodeada de una luz tenue, con música, anteojeras y en una cama cómoda, decidió tomar un descanso de 40 minutos en Selfishness, el primer siestario de Buenos Aires, inaugurado en Córdoba al 600 hace un año y medio.

"En lugar de comer, uso el tiempo de mi almuerzo para dormir. Me encanta el lugar, el clima, los olores, y poder deshacerme de las obligaciones por un rato", dice la joven, en pantuflas.

Viviana Vega, directora del siestario, explica que hay tres cabinas que pueden ser usadas en simultáneo y que la siesta –que nunca debe superar los 40 minutos para ser productiva– puede estar acompañada por un masaje inductor del sueño.

Individual y en grupos

Otras de las actividades más comunes son las clases de idioma que suelen tomar los oficinistas en sus lugares de trabajo, tanto de forma individual como en grupos reducidos. "En lugar de ir a comer utilizan su tiempo para capacitarse y aprender", explica Laura Bianchi, coordinadora de cursos externos de la Alianza Francesa.

Julieta Fama, profesora y coordinadora de los talleres de Language Roots, en el que se enseña inglés, portugués, francés, italiano y alemán, asegura que cada vez son más las empresas que solicitan las clases a domicilio durante el almuerzo y que es una moda que se impone con fuerza.

Platos dulces y salados, comidas típicas de la Argentina y otras orientales como el sushi, son los cursos que tientan a los alumnos de Cecilia D’Imperio, profesora de cocina. Son muchos los que, en mitad de la jornada laboral, se entusiasman con la propuesta y se toman dos horas para sumergirse en el mundo de los sabores. "Los turnos a domicilio, al mediodía, son muy pedidos. La mayoría tiene de 30 años en adelante, vive cerca del microcentro y también de su trabajo. Utilizan la cocina como terapia. Se toman un respiro para luego regresar renovados e inspirados", sostuvo.

Y es que, cerca de las 15, todos vuelven a ponerse la corbata o los tacos y regresan a sus escritorios.

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