
En el barrio de Caballito, el club portugués, creado en 1918, se alza como un faro de la cultura y la identidad lusa en la ciudad
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Traspasar su puerta es adentrarse en un mundo casi desconocido. La entrada, la biblioteca y las escaleras son un vestigio de aquellos emigrantes que atravesaron el Atlántico para abrazar el Río de la Plata como su hogar. La antesala, con su vitral imponente que filtra la luz, conduce al secreto mejor guardado del club: su restaurante.
Por Sarah Mota
