“No queremos que los animales paguen el costo de la educación ambiental”

Andy Freire
Andy Freire PARA LA NACION
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23 de junio de 2016  • 17:17

A partir del día de hoy, algo importante cambió en la Ciudad de Buenos Aires: Horacio Rodríguez Larreta anunció la rescisión del contrato de concesión del Jardín Zoológico , y el Gobierno de la Ciudad, a través del Ministerio de Modernización, Innovación y Tecnología, tomó control de sus instalaciones y operaciones. De esta forma, comenzó un proceso histórico de transformación paulatina del predio en un Ecoparque Interactivo. Este proceso será llevado adelante junto a los trabajadores contratados por la empresa concesionaria que se retira, y de los que el Estado se hará cargo, lo que les asegurará su continuidad laboral.

Los motivos de esta histórica decisión son múltiples. Desde una visión de lo que entendemos que debe ser una ciudad moderna y responsable con la biodiversidad, hasta la percepción sobre una nueva sensibilidad social (que compartimos), que a pesar de que entiende que existen buenas intenciones, cuestiona la capacidad que tienen los zoológicos emplazados en el centro de las ciudades para cumplir con la función que se les demanda: cuidar, respetar y preservar a los animales, brindándoles un contexto adecuado.

Nuestra definición es clara: queremos un parque enfocado en promover la educación ambiental, pero no queremos que los animales paguen el costo de esa educación con su presencia sostenida en un predio en el medio de la Ciudad. Por eso, emprendemos este camino que, además, deseamos que sirva como un ejemplo para que otros zoológicos también puedan animarse a transitar una senda de cambio similar. Con ese fin, compartiremos con todas las instituciones que así lo requieran la experiencia que acumulemos en este recorrido.

Lo que comunicamos no es un cierre. Al contrario. Es la apertura de una nueva etapa. Y lo es porque entendemos que existe mucho valor y conocimiento en los profesionales que se han formado en los zoológicos tradicionales durante muchos años y que, además, trabajan con mucho cariño y pasión. Especialmente a ellos, les decimos que esto se trata de una reconversión profunda, un cambio de paradigma en el que se canalizarán todas las energías en desarrollar un instrumento que pueda conectar a la ciudadanía con la fauna, pero sin exponer a esta última a situaciones poco naturales e innecesarias.

Consideramos que, en este proceso, el bienestar de los animales es un principio innegociable; por eso, el primer paso del plan será promover el traslado de la mayor cantidad posible - en cada caso, analizando que sea a un destino que cumpla con la premisa básica de mejorarle la condición actual a cada habitante del antiguo zoológico. Es importante señalar que los animales que han vivido muchos años en cautiverio no pueden ser reinsertados en sus hábitats naturales, ya que esto implicaría un riesgo para sus vidas y para la de las comunidades de especies silvestres con las que tendrían relación. Por otro lado, existe otra serie de animales –en especial, los de mayor edad–, cuya derivación, directamente, no es posible, pues representaría un riesgo grave para su salud. En esos casos, se quedarán en las instalaciones del nuevo Ecoparque Interactivo y se les mejorarán las condiciones actuales para incrementarles la calidad de vida, mientras se produce la transición al modelo buscado.

La pregunta que surge, naturalmente, es: ¿Cuál es el modelo al que apunta la Ciudad a futuro? Nos imaginamos un espacio que se convierta en un paseo destinado a la educación ambiental, a través de experiencias recreativas e inmersivas basadas en la tecnología y enfocado en la familia; que se integre a los vecinos Jardín Botánico y Parque 3 de Febrero, para que se genere un auténtico Corredor de Biodiversidad en el que estén representadas la flora y la fauna; en el que no haya animales habitándolo de manera permanente; en el que se trabaje en la recuperación y liberación de animales silvestres heridos o recuperados del tráfico ilegal y se continúe con los proyectos de conservación e investigación de fauna autóctona; que sea un punto de encuentro en el que emprendedores y ONGs puedan realizar proyectos vinculados a la conservación del medioambiente; y en el que se ponga en valor el riquísimo patrimonio arquitectónico que la Ciudad posee en esas 18 hectáreas.

Nuestra expectativa es que el nuevo Ecoparque Interactivo se convierta en un ícono de la Ciudad. Con ese objetivo, durante las próximas semanas convocaremos a un concurso abierto de ideas para que arquitectos, urbanistas y paisajistas de todo el mundo presenten sus ideas. De manera paralela, generaremos instancias de participación ciudadana para que los vecinos puedan aportar sus opiniones sobre la visión que estamos presentando.

Hace varios años, la Ciudad de Buenos Aires comenzó a transitar un camino de innovación en los procesos de relación con su entorno. Y lo hizo de manera transversal: ecobicis, bicisendas, campañas de reciclado, separación de residuos, Metrobus, obras que priorizan a los peatones, encuentros con mascoteros, atención veterinaria gratuita, entre muchas otras acciones. En ese proceso global, que tiene sus etapas, es que se enmarca esta decisión. Que, además, se encuentra en sintonía con una tendencia que se da simultáneamente en todo el planeta, a partir de la cual está redefiniéndose el vínculo que las sociedades establecen con el medioambiente y, en particular, con los animales. En el fondo, este proyecto se trata de eso. No solo de reconvertir un espacio verde valioso para la Ciudad, sino de dar un mensaje inequívoco: tenemos la responsabilidad de crear nuevos lazos conscientes de amor y respeto hacia los animales porque en ese vínculo tan puro también se expresa el valor de nuestra propia humanidad. Y eso, desde el Estado, debemos cuidarlo.

*El autor es Ministro de Modernización, Innovación y Tecnología de la Ciudad de Autónoma de Buenos Aires.

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